EL CUENTO DE NUNCA ACABAR
Eso es lo que parece el conflicto entre Israel y Palestina. Sin embargo, para desgracia de todos, no es un cuento sino realidad pura y dura. Una realidad que, además, está subyacente en muchos de los conflictos que afectan al mundo, el de Afganistán por ejemplo. Lo que sí está claro es que el enfrentamiento entre palestinos e israelíes nunca acaba. Son ya muchas décadas las que dura y la apariencia es que puede seguir muchas más.
Esta pesimista apariencia se ve reforzada últimamente por la postura adoptada por los Estados Unidos. Su tradicional apoyo a Israel determinado en gran medida por la presión de los judíos estadounidenses- está llegando a unos niveles que van a cerrar toda posibilidad a unas negociaciones de paz. Las acusaciones realizadas directamente contra Arafat por el vicepresidente Cheney son la culminación de una serie de desaciertos que, desde mi punto de vista, ha cometido la Administración Bush y la muestra más clara del total seguidismo que hace de la política del primer ministro israelí Ariel Sharon.
Éste, desde su llegada al poder, no ha cejado de encaminarse a posiciones cada vez más duras. Imponiendo más y más condiciones para seguir con las negociaciones e incumpliendo lo ya acordado, puso fin al proceso de paz que estaba en marcha. Contestando las protestas con dura represión, "calentó" más al pueblo palestino. Respondiendo a acciones terroristas con ataques desproporcionados, ocupando nuevamente territorios que estaban bajo administración palestina y destruyendo casas, aeropuertos y todo lo que se le pone por delante..., Israel no ha contribuido en absoluto a la paz. Cuando Arafat consigue que la Yihad Islámica, Hezbolá y otros movimientos terroristas declaren una tregua, acciones israelíes se encargan de provocar la ruptura de la misma. Y Sharon acusa a Arafat de ser el jefe de los terroristas, deslegitimándole como negociador.
¿Y los Estados Unidos? La gran potencia mundial, la que se ha autoproclamado defensora del orden mundial, deja hacer a Sharon e, incluso, le respalda como queda dicho. La lucha contra el terrorismo internacional no incluye al terrorismo de Estado cuando éste es "amigo".
Los avances que en años precedentes se habían dado, con el establecimiento de la Autoridad Palestina y la entrega a la misma de amplios territorios de Cisjordania y Gaza, habían servido para demostrar a los violentos palestinos que, pacíficamente, mediante la negociación, se podía conseguir mucho más que sembrando destrucción y muerte. El retroceso experimentado desde la llegada al poder de Sharon, por el contrario, ha debilitado a Arafat y los moderados palestinos dando nuevo impulso a los violentos. Con una gran estrechez de miras, lejos de apoyar a un Arafat que es el único negociador posible de la parte palestina, Israel y los Estados Unidos le atacan. Parecen no darse cuenta de que por la fuerza de las armas no se va a solucionar el problema; se causarán muchos muertos más de los que ya ha habido, pero no se eliminará el problema. Y, al final, si se quiere resolver, tendrán que sentarse nuevamente a negociar. Pero ¿con quien? Si se cargan a Arafat, ¿quién va a ser su interlocutor con ascendencia sobre el pueblo palestino?
Los palestinos, por su parte, tampoco han contribuido todo lo necesario al proceso de paz. Arafat debería combatir con más fuerza a los grupos terroristas. Es cierto que es muy difícil evitar, en una zona donde gran parte de la población dispone de armas, que un individuo pueda perpetrar un atentado. Pero también es cierto que, muy probablemente, en muchas ocasiones no se les persigue con la intensidad necesaria. En todo caso, hay que tener en cuenta la delicada situación de Arafat, con grupos radicales a los que ya no puede acallar con nuevos logros para Palestina por un lado, y con la presión israelí por el otro.
La O.N.U. y la Unión Europea debieran intervenir más decididamente, presionando a los Estados Unidos para que éstos a su vez presionen a los israelíes de modo que sea posible reiniciar las conversaciones de paz. La Unión Europea, con su mayor cercanía a Arafat, debiera igualmente tratar de conseguir de éste el logro de nuevas treguas de los grupos radicales para, así, sentar las condiciones que permitan negociar la solución de fondo del problema palestino-israelí.