Temas de reflexión 2022 de la ANE

 

Septiembre 2022

Octubre 2022

Noviembre 2022

Diciembre 2022

 

 

 

 

SEPTIEMBRE

La Eucaristía y la Cruz

MANUAL, pág. XXXI – V. Adorado sea el Santísimo Sacramento…

Memorial de la pasión y de la resurrección del Señor. Así denomina el Catecismo en el n.1330 a la Eucaristía, “Santo Sacrificio, porque actualiza el único sacrifico de Cristo Salvador e incluye la ofrenda de la Iglesia”.

El Magisterio y los santos enseñan a vivir la íntima unión entre la Cruz y la Eucaristía, gracias a esta inseparabilidad, podemos recibir a través del sacramento los frutos de la Redención, y crecer en amor al Corazón de Jesús.

El abajamiento de Cristo haciéndose esclavo hasta la muerte de cruz, Flp 2,6ss, va unido al ocultamiento que vive en el Sacramento, con la diferencia que ahora es en todos los sagrarios del mundo; camino de abajamiento y humildad para entregarnos los frutos de la redención y ser portadores de la misma, a todas las personas.

Humildad oculta, que adoramos, celebramos y recibimos y va transformando nuestra vida, “me has formado un cuerpo para hacer tu voluntad (Heb). En nuestra “senda” no podemos separar la cruz de la eucaristía, en ellas se nos da luz y la gracia para conocer el plan de Dios en nuestra vida, que pasan por caminos de humildad. Andar en verdad es andar en humildad, decía santa Teresa de Jesús.

La contemplación de ambos misterios, que hemos conocido por la revelación, están unidos en la adquisición de los premios de la redención, Te adoramos Cristo y te bendecimos, que por tu santa cruz redimiste al mundo, rezamos en el Vía Crucis; de igual modo, al acercarnos al sacramentado debemos expresar los mismos sentimientos de Jesús en su entrega por todos, ya que es por el Sacrificio Eucarístico que se actualiza la redención del mundo.

Ante el misterio del pecado del hombre, la respuesta de Jesús a Nicodemo, “Tanto amó Dios al mundo, que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna”; en la oración colecta del lunes de la cuarta semana de cuaresma, decimos: “Oh Dios, que renuevas el mundo por medio de sacramentos divinos…”; la difusión de la cruz redentora en la celebración eucarística ha hecho que “nuestra manera de pensar armonice con la Eucaristía, y a su vez la Eucaristía confirme nuestra manera de pensar”(San Ireneo), anticipando la vida eterna del cielo, en la que Dios será todo en todos.

El Venerable Luis de Trelles nos ilumina esta acción: “La Providencia Eucarística desde la custodia aboga y defiende a sus hermanos en la carne, los pecadores, de la fatal sentencia que merecimos tantas veces. ¡Ay de nosotros sin esta poderosa intercesión! Jesús es un Monarca que desde la Eucaristía ejerce sobre las almas redimidas su dulce imperio con una sola excepción: la del castigo. Su cetro suave no representa en la Hostia al Dios justiciero, sino al Dios misericordioso. (La Lámpara del Santuario, T 8, 1877 - pg. 173).

A la fiesta de la exaltación de la Santa cruz, unimos la de Nuestra Señora, la Virgen de los Dolores; la liturgia de la misma fiesta nos enseña la íntima unión con su Hijo en la redención, compartiendo los mismos dolores, la invocamos como Corredentora; ella que ha dado la carne y la sangre al Hijo de Dios y que recibimos en la Eucaristía. Acompañándola y dejándonos acompañar por Ella, aprenderemos su función oblativa con su Hijo tanto en la crucifixión como en el sacrificio eucarístico.

Al engendrarnos como hijos al píe de la cruz, recibiendo la herencia y mandato de su Hijo, no deja de buscar e interceder para que a todos nos llegue por el sacramento los frutos de la redención, creciendo en piedad, haciendo la unidad, estrechando lazos de amor y garantizándonos la prenda de la vida eterna.

Acerquémonos de la mano de la Virgen a la santa Misa y a nuestras horas de adoración y con Ella, partícipe privilegiada, nos dará a conocer y contemplar el amor del Corazón eucarístico de su Hijo, traspasado en la cruz.

PREGUNTAS

¿Medito la relación de la cruz con el sacramento?

¿Vivo con agradecimiento el fruto de la redención?

¿Soy consciente de que la venida del Reino pasa por la Eucaristía?

¿Le pido a la Virgen que me acompañe en mis cruces y en la santa Misa?

 

 

OCTUBRE

Aniversarios teresianos

MANUAL, pág. XXXI – V. Adorado sea el Santísimo Sacramento…

Celebramos este año el 25 aniversario de la muerte de Santa Teresa de Calcuta y de la proclamación de Doctora de la Iglesia a Santa Teresa del Niño Jesús y de la Santa Faz; además, el cuarto centenario de la canonización de Santa Teresa de Jesús, Doctora de la Iglesia.

Damos gracias a Dios por la actualidad de las dos doctoras de la Iglesia: a la Madre Teresa de Calcuta, podemos denominarla cariñosamente “doctora de la caridad”.

En las tres teresas brilla el amor incondicional y entrañable a Jesús, tanto en la vida contemplativa como en la activa. Vidas entregadas a Él y a la extensión del Reino, llevando el amor de Jesús a todos los hombres, sus hermanos.

Profesan un gran amor a Jesús Sacramentado, desde una entrega silenciosa y una obediencia amorosa, fundada en la humildad y la pequeñez, reconociendo que todo es don de Dios.

Nos recuerda la de Ávila en el Camino de Perfección, cómo nos mostró el Señor el amor que nos tiene, quedándose con nosotros en el Santísimo Sacramento, aun sabiendo lo mal que lo iban a tratar “manos enemigas”, y nos recomienda “pues no lo hagamos nosotros, porque juntando nuestra oración con la suya tendrá mérito delante de Dios para alcanzar lo que pidiéremos”.

Adoradores, contentemos al Señor, como nos recuerda la santa e insiste en la frecuencia y preparación, para acercarnos al Sacramento y aprovechar la audiencia la hora posterior a la comunión y practicar la comunión espiritual: “comulgar espiritualmente que es de grandísimo provecho, y hacer lo mismo de recogeros después en vos, que es mucho lo que se imprime el amor así de este Señor”.

La Pequeña Teresa nos ha mostrado su entrega total al amor misericordioso de Jesús; en su celda escribió en la pared “Jesús es mi único amor”; en sus poesías expresa su intimidad trinitaria: “¡Ah! Tú lo sabes Divino Jesús, te amo, / El Espíritu de Amor me incendia con su Fuego, / Amándote atraigo al Padre” (P 17/2). Amor que pondrá en el centro de su vocación, al manifestar que en el corazón de la Iglesia ella será el amor.

Aprendamos de Ella en las horas de adoración silenciosa, mirando y dejándonos mirar por el Amor de los amores. Teresita quiere vivir su entrega desde el ocultamiento, como lo expresa en la poesía de la Rosa deshojada: “La rosa deshojada, / ¡oh, mi Niño divino! / es la más fiel imagen / del corazón que quiere a cada instante / por tu amor inmolarse enteramente”.

Amor y abandono, vivido en el “caminito de la infancia espiritual”, que tanto han aconsejado San Juan Pablo II, recordando que “el camino de Teresa de Lisieux es el camino de toda la Iglesia”; y san Pio X, nos recordaba al inicio de su proceso: “que es la santa más grande de los tiempos modernos”.

Vive su celo por la salvación de las almas, al querer recoger la sangre que ve brotar de la cruz de Jesús, en una estampa que le han regalado, y apadrinará a su primer “hijo”, al asesino Pranzini.

La Madre Teresa de Calcuta, cuyo nombre está tomado de la santa de Lisieux, seguirá la llamada de Jesús, dentro de la llamada “Tengo sed”; dentro de su noche oscura buscará por todos los medios saciar la sed de Jesús, especialmente en los pobres más pobres que le desconocen, haciéndose uno con ellos para llevarlos a Jesús.

Vida eminentemente eucarística, como nos narra la siguiente anécdota: “Santa Teresa de Calcuta cuenta que al principio eran muy pocas monjas y no llegaban a atender a toda la necesidad. Entonces se pusieron a orar para ver qué hacer para poder atender a tanta necesidad.

La respuesta del Señor fue sorprendente. Quería que rezaran todas juntas una hora extra delante del Santísimo sacramento expuesto.

Santa Teresa de Calcuta declaraba que esta hora santa diaria fue la causa y la razón por la que la comunidad floreció. La comunidad ha crecido hasta más de tres mil Hermanas mediante el poder y la gracia recibidas en la hora santa diaria”.

Las tres Teresas han hecho de su intimidad con Jesús, en el Sacramento, la “senda “de su vida de entrega a Jesús y de llevar las almas a Jesús y Jesús a las almas, sobre todo a las más pobres espiritual y materialmente; decía Teresita “atráeme” para manifestarle a Jesús todas las intenciones de su corazón.

Nuestro Venerable fundador, en momentos turbulentos, nos dice: “Las obras de Dios son siempre de Dios, así en su origen, pues nacen de su inspiración, como en su principio, y en su desarrollo, y a Él solo deben su prosperidad. Cuanto más excelente es la obra, más requiere la humildad. La humildad es grandeza, la mayor grandeza a la que el hombre puede llegar en la tierra”.

Nunca nos cansaremos de dar gracias a Dios por la vocación de adorador; que aprendamos de estas santas, tan actuales, para que cada día nuestras familias sean más eucarísticas, para poder decir con ellas “Solo Dios basta”.

PREGUNTAS

¿Conozco las enseñanzas de la pequeña doctora de la Iglesia sobre su caminito?

¿Pido la intercesión de las mismas en mis horas de adoración?

¿Cultivo en mi vida la “senda” eucarística y de abandono?

¿Hablo a Jesús de los hombres, para después hablar a los hombres de Jesús?

 

 

NOVIEMBRE

San Pascual Bailón

MANUAL, pág. XXXI – V. Adorado sea el Santísimo Sacramento…

Hace 125 años el Papa León XIII, el 28 de noviembre de 1897, con el Breve apostólico Providentíssimus declaraba a san Pascual Bailón Patrono de los Congresos y Asociaciones, todas Eucarísticas.

Nos debe animar a dar gracias a Dios y conocer más la vida y escritos de nuestro Patrón, para que, imitando su ejemplo y bajo su intercesión, como dicen los gozos del santo, “Pues tu imán, vida y sustento/ fue el pan vivo celestial/ Logremos por ti, Pascual/ los frutos del Sacramento”.

Es maravilloso ver la acción de Dios, recuerda el Papa, “que dispone todas las cosas con fortaleza y suavidad a la vez”, y en los momentos que parecen más críticos para la Iglesia, “saca consuelos inesperados”.

Coincide con el momento actual lo expresado por el Papa, “Cuando los enemigos del orden común, mostrándose cada día más audaces, se esfuerzan con vigorosísimos ataques, en matar la fe cristiana y en transformar la sociedad entera”; hoy esos ataques son cada día más atroces, especialmente contra la familia, viendo en ellos la acción del Diablo.

Da gracias a Dios por el incremento de la devoción al Sagrado Corazón de Jesús, que dos años más tarde le consagrará todo el mundo, y la devoción al santo Rosario, que había escrito quince encíclicas animando al rezo del mismo en familia.

Se goza en los progresos de la devoción al Santísimo Sacramento, algo similar al momento presente, que se está incrementando la adoración a Jesús en el Sacramento; “para animar a los católicos a profesar valientemente su fe y practicar las virtudes cristianas, ningún medio más eficaz que alimentar y aumentar la piedad hacia aquella admirable prenda de amor, lazo de paz y de unidad”; al asignar un Patrono celestial, escogido entre los Santos, que estuvieron encendidos de un amor más ardiente hacia el Santísimo Sacramento de la Eucaristía.

La divina Providencia dio a Pascual un fervor especial hacia la Eucaristía; de pequeñito, se escapa y se iba al lado del sagrario, ya que su casa estaba al lado de la iglesia; cuando se construyó la nueva iglesia en su pueblo natal, quedó la casa integrada en la misma, y se puede leer en la pila de agua bendita “Aquí nació san Pascual Bailón”.

En sus veinticuatro años que trabajó de pastor, se distinguió por su amor a la Virgen y a Jesús Sacramentado que le adoraba de rodillas, guardando el ganado, al oír sonar las campanas de las iglesias, siendo agraciado con dones sobrenaturales y visiones del Santísimo.

De religioso, pasaba noches enteras en adoración ante el sagrario, viviendo la íntima unión con Dios, concediéndole la ciencia relativa al Sacramento, como el responder a cuestiones más difíciles en materia de fe, hasta sufrir persecución entre los herejes por profesar la verdad eucarística; y el don de hacer milagros. Su piedad eucarística se prolongó más allá de su vida mortal; durante sus funerales, Pascual Bailón, tendido en su parihuela, abrió los ojos en cada una de las elevaciones.

De sus escritos conservados en su “Cartapacio” dice: “Es tanta la necesidad que de la oración tenemos, que sin ella no podemos vivir para Dios. Y esta virtud es como una prenda que Dios quiso tener de nosotros para tenernos cerca de sí; porque sabía muy bien cuánto bien nos podía venir de su presencia”.

“Para seguir este ejercicio y camino, estima en mucho las vigilias de las noches y conversación, y cuanto mal nos podía venir de estar apartado de Él. Quitando y negando a tu cuerpo las demasías, dándole lo necesario así en el dormir como en el comer, para que te pueda llevar por el camino del amor”; es el amor ardiente a Jesús, al que sacrificará todo con tal de poder estar acompañándolo de noche y de día, cuando se lo permitía la obligación. Cuando iba a pedir limosna lo primero era visitar al Párroco y al sagrario de la Parroquia, dando ejemplo de piedad y humildad.

Así lo aprendió de san Francisco: “tributéis toda reverencia y todo honor, al santísimo Cuerpo y Sangre de nuestro Señor Jesucristo, en quien todas las cosas que hay en el cielo y en la tierra han sido pacificadas y reconciliadas con Dios”, nos recuerda la oración litúrgica “… que experimentemos los frutos de la redención”.

Es admirable contemplar el encendido amor a Jesús en la Eucaristía que vivió el santo, que era hermano lego y por tanto nunca tuvo en sus manos el Pan del cielo; su profunda humildad era presencia viva de Aquel que se ha escondido en el pan y el vino para ser nuestro alimento y prenda de vida eterna en nuestro caminar.

Acudamos con frecuencia a nuestro santo patrono que pasó tantas horas ante Jesús, conozcamos su vida humilde y sencilla y escritos llenos de caridad, para que con su intercesión e imitando sus virtudes, como pide León XIII, aumente en el pueblo cristiano, su celo, intenciones y amor a Cristo Salvador, principio el más alto y el más augusto de toda salvación.

San Pascual eucaristizó a las personas y los lugares por donde pasó. Imitémosle.

PREGUNTAS

¿Conozco la vida y escritos del patrono de todas las asociaciones eucarísticas?

¿Acudimos a él al iniciar la vigilia, implorando su intercesión?

¿Le encomiendo la Adoración Eucarística para que crezca en piedad y en número?

 

 

DICIEMBRE

La Eucaristía, vida y salvación del mundo

MANUAL, pág. XXXI – V. Adorado sea el Santísimo Sacramento…

“Yo soy el pan vivo, […], es mi carne la vida del mundo” (Jn. 6,51).

Con estas palabras Jesús, en Cafarnaúm, da el remedio para un mundo, que sufre los desequilibrios relacionados con otro desequilibrio más fundamental, que tiene las raíces en el corazón del hombre. En cada adoración contemplamos sin cesar el amor de Dios, manifestado de forma sublime y particular en el Calvario, sacrificio que se hace sacramentalmente presente en cada Eucaristía, en la que “ofrecemos su Cuerpo y su Sangre, sacrificio agradable a ti y salvación del mundo” (Plegaria IV). “Del amorosísimo Jesús proceden todos los sacramentos, y especialmente el mayor de ellos, el sacramento del amor, por el cual Jesús ha querido ser el compañero de nuestra vida, el alimento de nuestra alma, sacrificio de un valor infinito” (San Alfonso M.ª Ligorio).

La adoración al Corazón eucarístico de Jesús cura nuestra conciencia, nos purifica, nos ilumina y nos une. En Él encontramos la fuerza para la vida espiritual y para la salvación del mundo; esforcémonos para que el hombre de hoy, con la mentalidad y sensibilidad que le son propios, descubra en Él la verdadera respuesta a sus preguntas» (Juan Pablo II).

Su presencia eucarística entre nosotros, garantizada hasta su segunda venida, nos debe animar a buscar continuamente los “frutos de la redención”, para que “no se pierda nada de lo que el Padre le ha dado” (Jn.6,39). Frutos que nos asimila en la unidad de corazones con Él y en la Trinidad y realiza la unidad entre todos los hombres, fundada en Aquel que hace nuevas todas las cosas, el Único que tiene palabras de vida eterna.

Unidad, que se incrementa cada día con vínculos de caridad, Jesús se nos da en el banquete pascual de tal forma, que es Jesús el que nos comulga y, si no ponemos impedimentos, nos irá haciendo un corazón como el suyo, siendo artífices de la unidad entre todos los hombres, no fundados en lazos de amor carnal, de amor humano, sino de Dios, que nos ha amado primero.

Cristo prenda de vida eterna, nos convertirá en testigos de la primacía de los bienes eternos sobre los temporales y materiales, dando a todas las cosas el justo valor que el mismo Señor les ha dado, al ponerlas al servicio del hombre. Testigos de la bienaventuranza eterna. Como dice san Benito: “No antepongamos nada al amor de Cristo”.

La Eucaristía es fuente y culmen de toda la vida cristiana, ya que contiene todo el bien espiritual de la Iglesia: el mismo Cristo; la Iglesia por la Eucaristía da la vida al mundo. El buscar por nuestra parte otros cauces al margen del Corazón Eucarístico de Jesús, sería olvidar las palabras del primer Papa, “Señor, ¿A quién vamos a ir? Tú tienes palabras de vida eterna, y nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo de Dios”.

En cada Eucaristía, proclamamos la muerte del Señor hasta que vuelva, anticipamos la vida eterna y se fortalecen las virtudes y los dones del Espíritu Santo, para ver todo a través del Corazón de Jesús, como lo manifestaba santa Teresa del Niño Jesús: “Todo pecado tiene su perdón, y poderoso es Dios para dar conciencia aun a las personas que no la tienen” (Carta 13 de agosto de 1893 a Celina).

No es casual que la pequeña Doctora, sea patrona de las misiones y de la Red mundial de oración del Papa; su afán de salvar todas las almas, la encontró siempre en Jesús en el sagrario; por ello sus enseñanzas nos son tan saludables a los adoradores para que con Ella tengamos ansias redentoras de la salvación del mundo.

Pocos años antes de la santa de Lisieux, lo expresaba nuestro fundador, el Venerable Luis de Trelles: “Es la Eucaristía, señores, la obra maestra de Dios, centro augusto de los Sacramentos, por los cuales se nos comunica la virtud de la Redención; renovación incesante del Sacrificio del Calvario; abismo insondable del amor de Dios, donde reside la fuente misma de todas las gracias; continuación y multiplicación de la presencia de Dios hecho hombre en este valle de destierro; glorificación terrestre de la naturaleza y de la humanidad; perfeccionamiento supremo de la vida sobrenatural; corazón de la Iglesia; foco de su fecundidad, de su vida y de su unidad, la más espléndida de las manifestaciones del amor divino, el más estupendo de los milagros de su omnipotencia, resumen y compendio de todas las maravillas del Señor: Todo esto es por y para los hombres, exclusivamente para ellos: no hizo igual por otro linaje, ni por alguna jerarquía angélica (La Lámpara del Santuario, Tomo 21, 1889 - pág. 24).

Jesucristo es el mismo ayer, hoy y siempre, el Alfa y la Omega; cuando no lo ponemos en el centro de TODO, fácilmente olvidamos la misión que hemos recibido como adoradores y olvidamos su palabra: “Sin Mí no podéis hacer nada”. La Virgen Madre y su esposo san José, que nos lo dan en Belén, nos concedan darlo para la salvación del mundo.

PREGUNTAS:

¿Vio en cada Eucaristía, las ansias redentoras del Corazón de Cristo?

¿Reafirmo mi esperanza en las Palabras y promesas de Jesús?

¿Cultivo el espíritu misionero y reparador, como Santa Teresa del Niño Jesús?

¿Conozco y rezo por las intenciones mensuales que nos pide el Papa?

Enlaces relacionados