Poesías y Oraciones Eucarísticas

- Delante del Sagrario, Hno. Rafael

- A Jesús en el Sagrario,Sta. teresita del Niño Jesús

- El Cristo de Velazquez, Unamuno

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Delante del Sagrario

Señor, no sé qué hago aquí...
Nada, pues nada sé hacer...
Quisiera rezar..., no sé, pero no importa.
No rezo porque no sé.
Señor, no sé qué hago aquí, Pero estoy contigo; me basta,
Y yo sé que estás aquí, delante de mí.
Señor, quisiera veros,
Pero ¿hasta cuándo, Señor?
¿Y mientras tanto?... ¿Cómo podré resistir?
Soy débil, soy flojo, soy pecado, soy nada.
Pero Señor, quisiera veros,
Aunque sé que no lo merezco.
Cuantas veces me pongo delante de Ti,
Mis primeros movimientos son de vergüenza.
Señor, tú sabes por qué.
Pero después, ¡oh Dios, qué bueno sois!,
Después de verme a mí, os veo a Vos
Y entonces al contemplar vuestra misericordia
Que no me rechaza, mi alma se consuela y es feliz.
El pensar que os ofendí y, a pesar de esto,
me amáis y me permitís estar en vuestra presencia,
sin que vuestra justa ira me aniquile...
Señor, dame las lágrimas de David para llorar mis culpas,
pero al mismo tiempo, dame un corazón grande, muy grande,
para con él poder corresponder un poquito, aunque sea muy poquito,
al inmenso amor que me tenéis.

Hno. Rafael    Volver a Poesías

 

 

 

 

 

A JESÚS EN EL SAGRARIO

¡Oh Dios escondido en la prisión del sagrario!, con alegría vengo a vuestro lado todas las noches, para agradeceros las gracias que me habéis concedido durante el día e implorar el perdón por las faltas que he cometido en esta jornada, que acaba de pasar como un sueño...

¡Qué feliz me sentiría, oh Jesús, si hubiese sido enteramente fiel! Pero, ¡ay!, muchas veces por la noche me siento triste, porque veo que hubiera podido responder a vuestras gracias ... si me hiese mantenido más unida a Vos, y me hubiese mostrado caritativa con mis hermanas, y hubiese sido más humilde y mortificada, me costaría mucho menos conversar con Vos en la oración.

Sin embargo, ¡oh Dios mío!, lejos de desalentarme a la vista de mis miserias, vengo a Vos confiadamente, acordándome de que no tienen necesidad de médico los que gozan de buena salud, sino los enfermos. Os suplico, pues, que me curéis, que me perdonéis, y me acordaré, Señor, de que el alma a quien más habéis perdonado debe amaros más que las otras. Os ofrezco todos los latidos de mi corazón como otros tantos actos de amor y de reparación, y los uno a vuestros méritos infinitos.

¡Señor!, no quiero tener más voluntad que la vuestra, y mañana, con la ayuda de vuestra gracia, volveré a empezar una vida nueva, cada uno de cuyos instantes será un acto de amor y de renuncia.

Después de haber estado viviendo así, cada noche, al pie de vuestro altar, llegaré, por fin, a la última noche de mi vida: ¡entonces comenzará para mí el día sin ocaso de la eternidad, en el que descansaré, sobre vuestro divino corazón, de las luchas del destierro! Amén

Sta Teresita del Niño Jesús

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El Cristo de Velazquez (fragmento)

Amor de ti nos quema, blanco cuerpo;
amor que es hambre, amor de las entrañas;
hambre de la palabra creadora
que se hizo carne; fiero amor de vida
que no se sacia con abrazos, besos
ni con enlace conyugal alguno.

Sólo con comerte nos apaga el ansia,
pan de inmortalidad, carne divina.
Nuestro amor entrañado, amor hecho hambre,
¡ oh Cordero de Dios!, manjar Te quiere;
quiere saber sabor de tus redaños,
comer tu corazón, y que tu pulpa
como maná celeste se derrita
sobre el ardor de nuestra seca lengua,
que no es gozar en Ti; es hacerte nuestro,
carne de nuestra carne, y tus dolores
pasar para vivir muerte de vida.

Y tus abrazos abriendo como en muestra
de entregarte amoroso, nos repites:
" ¡Venid, comed, tomad; éste es mi cuerpo!"
¡Carne de Dios, verbo encarnado, encarna
nuestra divina hambre carnal de Ti!

Unamuno

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