Artículos de interés católico y para la Adoración Nocturna Española.

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Material de la Adoración nocturna Española

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Cuatro artículos de interés:

      

María, Madre de los adoradores

Si nuestra vida no estuviese puesta bajo la protección de María, habría motivo para dudar de nuestra perseverancia y de nuestra salvación. Nuestra vocación, que de una manera especial nos liga al servicio del rey de los reyes, nos impone más perentoriamente el deber de recurrir a la intercesión de María. Jesús es rey en la Eucaristía, y quiere tener a su servicio siervos ejercitados y diestros que hayan hecho ya su aprendizaje; antes de comparecer ante el rey se ha de aprender a servirle.

Pues bien: Jesús nos ha dejado su Santísima Madre para que sea madre y modelo de los adoradores. Según la opinión más común, la dejó veinticinco años en la tierra, después de su ascensión a los cielos, para que pudiera enseñarnos a adorar con perfección. ¡Qué hermosa vida la de esos veinticinco años pasados en adoración!... Jesús no quería quedarse en el divino sacramento sin la compañía de su madre, no quería que la primera hora de adoración eucarística fuera confiada a pobres adoradores que no sabrían desempeñar este oficio de una manera digna. Los apóstoles, absorbidos por su obligación de velar por la salvación de las almas, no podían, consagrar mucho tiempo a la adoración eucarística; si bien su amor los hubiera fijado al pie del tabernáculo, su misión de apóstoles los reclamaba en otro lugar; y en cuanto a los cristianos, a modo de tiernos párvulos envueltos todavía en pañales, necesitaban de una madre que se ocupase de su educación, de un modelo que pudieran copiar, y fue con este doble fin que Jesucristo les dejó su Santísima Madre.

- Fue María la primera en adorar al verbo encarnado, cuando, ignorado de todo el mundo, se hallaba encerrado en su seno virginal. ¡oh! qué homenajes tan dignos recibió nuestro Señor en ese primer tabernáculo animado!... qué bien servido se vio mientras habitó en él!.. Jamás ha hallado desde entonces un copón de oro más precioso ni más puro!... Jesús se complacía en esta adoración de María más que en la de todos los ángeles del cielo. ¡El señor ha colocado su tabernáculo en el sol!, dice el salmista; este sol no es otra cosa que el corazón de María...

- También en Belén fue María la primera en adorar a su divino hijo, reclinado sobre el pesebre. Ella adoró con un amor perfecto de virgen madre, con un amor de dilección, según la expresión del Espíritu Santo, sólo después de ella se acercaron a adorar san José, los pastores y los magos; María abrió ese místico surco que había de bifurcarse luego y ramificarse por todo el mundo.

Qué pensamientos tan sublimes, tan divinos, debía desarrollar en su adoración, María continuó adorando a nuestro Señor en su vida oculta en Nazaret, luego en su vida apostólica y hasta sobre el Calvario, donde su adoración fue el sufrimiento. Estudiemos la naturaleza de la adoración de María. Ella adora a nuestro Señor siguiendo sus diversos estados; adapta su adoración al estado de Jesús; el estado de Jesús determina el carácter de su adoración.

María no permaneció en una adoración invariable, sino que le adoró primero anonadado en su seno; pobre luego en Belén; artesano en Nazaret, y más tarde evangelizando y convirtiendo a los pecadores; le adoró, en su agonía sobre el Calvario, sufriendo con Él; su adoración seguía todos los sentimientos de su divino Hijo, que le eran bien conocidos y manifiestos; y su amor le hacía centrar en una perfecta conformidad y armonía de pensamientos y de vida con Él.

También a vosotros, adoradores, se os recomienda esto: adorad siempre a Jesús sacramentado; pero variando vuestras adoraciones, del mismo modo que la Santísima Virgen variaba las suyas. Relacionad y haced revivir todos los misterios en la Eucaristía; sin esto incurriríais en la rutina. Si el espíritu de vuestro amor no es alimentado por medio de una forma, de un pensamiento nuevo, os hallaréis lánguidos y secos en la oración.

Es preciso, pues, celebrar todos los misterios en la Eucaristía, como hacía la Virgen en el cenáculo. Cuando ocurría el aniversario de los grandes misterios que se habían cumplido ante sus ojos, ¿creéis acaso que ella no renovase en si todas las circunstancias, las palabras y las gracias de los mismos? Cuando llegaba la Navidad, por ejemplo, ¿creéis que María no recordaba a su divino Hijo, entonces oculto bajo los velos eucarísticos, el amor de su nacimiento, su encantadora sonrisa y las adoraciones suyas, así como las de san José y de los tres magos? Con esto se proponía ella regocijar el corazón de Jesús, renovándole el recuerdo de su amor, y esto lo repetía en el aniversario de todos los demás misterios.

María ¡enseñadnos la vida de adoración!. Haced que también nosotros, como vos, sepamos encontrar todos los misterios y todas las gracias de la Eucaristía; que sepamos hacer vivir el evangelio y leerlo en la vida eucarística de Jesús.

Acordaos, oh nuestra Señora del Santísimo Sacramento, que sois la madre de los adoradores de la Eucaristía.

Del devocionario del venerable Pedro Julián Eymard, editado en 1913, fundador de la Congregación del Santísimo Sacramento. Volver


      

La misa explicada por san Pío de Pietrelcina

Él me había explicado poco después de mi ordenación sacerdotal que celebrando la Eucaristía había que poner en paralelo la cronología de la Misa y la de la Pasión. Se trataba de comprender y de darse cuenta, en primer lugar, de que el sacerdote en el Altar es Jesucristo. Desde ese momento Jesús en su sacerdote, revive indefinidamente la Pasión.

Desde la señal de la cruz inicial hasta el ofertorio es necesario reunirse con Jesús en Getsemaní, hay que seguir a Jesús en su agonía, sufriendo ante esta "marea negra" de pecado. Hay que unirse a Él en el dolor de ver que la Palabra del Padre, que Él había venido a traernos, no sería recibida o sería recibida muy mal por los hombres. Y desde esta óptica había que escuchar las lecturas de la misa como estando dirigidas personalmente a nosotros.

El Ofertorio, es el arresto. La Hora ha llegado...

El Prefacio, es el canto de alabanza y de agradecimiento que Jesús dirige al Padre que le ha permitido llegar por fin a esta "Hora".

Desde el comienzo de la plegaria Eucarística hasta la consagración nos encontramos ¡rápidamente! con Jesús en la prisión, en su atroz flagelación, su coronación de espinas y su camino de la cruz por las callejuelas de Jerusalén teniendo presente en el "memento" a todos los que están allí y a todos aquellos por los que pedimos especialmente.

La Consagración nos da el Cuerpo entregado ahora, La Sangre derramada ahora. Es místicamente, la crucifixión del Señor. Y por eso san Pío de Pietrelcina sufría atrozmente en este momento de la Misa.

Nos reunimos enseguida con Jesús en la Cruz y ofrecemos desde este instante, al Padre, el sacrificio Redentor. Es el sentido de la oración litúrgica que sigue inmediatamente a la Consagración.

El "Por Él, con Él y en Él" corresponde al grito del Jesús: "Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu". Desde ese momento el Sacrificio es consumado y aceptado por el Padre. Los hombres en adelante ya no están separados de Dios y se vuelven a encontrar unidos. Es la razón por la que, en este momento, se recita la oración de todos los hijos: "Padrenuestro...".

La fracción del Pan marca la muerte de Jesús...

La intinción, el instante en el que el Padre, habiendo quebrado la Hostia (símbolo de la muerte...) daja caer una partícula del Cuerpo de Cristo en el Cáliz de la preciosa sangre, marca el momento de la resurrección, pues el Cuerpo y la Sangre se reúnen de nuevo y es a Cristo vivo a quien vamos a recibir en la comunión.

La bendición del sacerdote marca a los fieles con la cruz, como signo distintivo y a la vez como escudo protector contra las astucias del Maligno...

Se comprenderá que después de haber oído de la boca del P. Pío una tal explicación, sabiendo bien que él vivía dolorosamente esto, me haya pedido seguirle por este camino... lo que hago cada día... ¡y con cuánta alegría!

Testimonio del P. Derobert, hijo espiritual de san Pío de Pietrelcina, tomado de María Mensajera. Volver


     

El rosario

Hasta ahora se ha considerado como la mejor definición del Rosario, la que dio el Sumo Pontífice San Pío V en su "Bula" de 1569: "El Rosario o salterio de la Sma. Virgen, es un modo piadosísimo de oración, al alcance de todos, que consiste en ir repitiendo el saludo que el ángel le dio a María; interponiendo un Padrenuestro entre cada diez Avemarías y tratando de ir meditando mientras tanto en la Vida de Nuestro Señor".

El Santo Rosario se relaciona estrechamente con Santo Domingo de Guzmán (1170-1221), el español que fundó la Orden de Predicadores o sea los dominicos. Desde el siglo XV en adelante los dominicos fueron los promovedores principales del Rosario. Sin embargo, estudios recientes sugieren que los primero grupos que combinaron la repetición de la Ave María con la contemplación de Misterios fueron otras &oaccute;rdenes religiosas, en Prusia, cerca del año 1300.

A travás de los 250 años siguientes la devoción se difundió por toda Europa. Habáa numerosas versiones algunas que sugerían sólo cinco Misterios y otras que recomendaban hasta 200. El asunto no se resolvió hasta 1569. En ese año el Papa San Pío V, que era dominico, publicó una carta apostólica que estableció el formato de quince Misterios como la versión oficial del Santo Rosario, autorizado por la Iglesia. Este fue el formato en uso por los próximos cuatro siglos.

En el año 2002, el Papa Juan Pablo II publicó una carta apostólica que agregó cinco Misterios adicionales, los Misterios de La Luz: momentos en que Cristo se manifiesta como luz en el mundo, tal que ahora hay veinte Misterios autorizados en total. No es mal momento para recordar estos cinco misterios nuevos: 1.- El bautismo de Jesús en el Jordán. 2.- Jesús en las bodas de Caná. 3.- El anuncio del Reino en la predicación de Jesús. 4.- La Transfiguración de Jesús. 5.- La institución de la Eucaristía.

La Iglesia celebra la fiesta de Nuestra Señora del Rosario el día 7 de octubre. Esta conmemoración recuerda la ocasión en 1571 cuando fuerzas cristianas derrotaron la fuerza naval turca (musulmana) en la batalla marítima de Lepanto, cerca de la costa poniente de Grecia. El Papa San Pío V había rogado que todos los cristianos rezaran el Rosario para lograr la victoria.

El año 2003 fue por instancias del papa Juan Pablo II el Año del Rosario. Deseamos que haya servido para profundizar en los misterios y en la devoción al rosario del que los Papas han sido y son tan devotos para, por medio de esta oración, sencilla, aunque difícil, simple, pero profunda, llegar al corazón de Dios a través de María. Volver


      

Decálogo de la Eucaristía desde la celebración de la Misa

1.- La Eucaristía es Asamblea, Comunidad, Congregación, Pueblo, Iglesia. La Eucaristía hace la Iglesia y la Iglesia hace la Eucaristía.

2.- La Eucaristía es perdón, impetrado, ofrecido y recibido. Es reconciliación y es paz. La Misa comienza con el acto penitencial, en el que nos manifestamos necesitados del perdón, y la misa incluye también el rito de la paz, donde experimentamos el gozo de la reconciliación y el anhelo de la paz.

3.- La Eucaristía es Palabra de Dios. La mesa eucarística es pan de la palabra. Dios nos habla con su Palabra en cada misa. Son palabras de vida eterna. Es la gran catequesis de nuestra permanente necesidad de formación cristiana.

4.- La Eucaristía es profesión de fe, expresada en la recitación de Credo. La Eucaristía actualiza nuestra fe en Dios Padre, Dios Hijo y en Dios Espíritu Santo y en su prolongación a través de la Iglesia. La Eucarist&ía es profesión y testimonio de la fe.

5.- La Eucaristía es ofrenda. En el ofertorio de la misa ofrecemos limosnas en favor de los necesitados y de la comunidad eclesial y nos ofrecemos nosotros mismos como ofrenda permanente al Señor y a su Iglesia. La Eucaristía es ofrenda de amor y de servicio. Es consagración a Dios y a los hermanos, a imagen y en memoria de Jesucristo.

6.- La Eucaristía es la cruz y la pascua. Es su memorial. Es su actualización. Es cenáculo. La misa sigue siendo el Calvario: el monte de la cruz y el jardín de la resurrección. "Este es el sacramento de nuestra fe: Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección, ven, Señor Jesús".

7.- La Eucaristía es oración y compromiso de fraternidad. Lo expresamos en el Padre Nuestro de cada misa. Reconocemos que Dios es nuestro Padre y que nosotros somos hermanos. Pedimos el pan nuestro de cada día para nosotros y para toda la humanidad. Pedimos el perdón. Nos comprometemos así, desde la plegaria, a la fraternidad y a la caridad.

8.- La Eucaristía es comunión. Es comunión con Dios y con los hermanos. Es comunión con la Iglesia. Es comunión que nos transforma en cuerpo y en sangre de Dios. Es comunión en prenda de la verdadera y definitiva Comunión del Reino de los cielos.

9.- La Eucaristía es acción de gracias. Esta acción de gracias se expresa en el mismo nombre y significación etimológica de la palabra "Eucaristía". En la misa es acción de gracias en el prefacio de la misa y en la oración de postcomunión. Vivir la acción de gracias de la Eucaristía es encarnar el proyecto eucarístico en la vida diaria, allí donde se trabaje y se vive -en la familia, en la escuela, en la fábrica, en las más diversas condiciones de la vida-. Encarnar el proyecto eucarístico en la vida de cada día significa también que la realidad humana no se entiende y no se justifica sin la referencia al Creador.

10.- La Eucaristía es misión. El "podéis ir en paz" del final de la misa es llamada a la misión y al testimonio. La Eucaristía es origen y camino de la Evangelización. La Eucaristía es Jesucristo, el objeto y sentido de la misión y de la evangelización. La Eucaristía nos proporciona no sólo la fuerza interior sino también -en cierto sentido- el mismo "proyecto" misionero y evangelizador.

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