Vigilia de la A.N.E.
PRESENTACIÓN de adoradores


Como Pedro, Santiago y Juan

(Jueves Santo, pág. 460 del Manual)
De rodillas

Señor Nuestro Jesucristo: Como Pedro, Santiago y Juan, que oyeron tu voz angustiada en el Huerto de los Olivos al decirles: "Velad conmigo", también nosotros en esta noche la escuchamos y queremos estar muy cerca de ti.

Hace poco que les has entregado tu cuerpo y tu sangre, hechos "alimento para la vida de los hombres". Por eso hoy tu presencia en medio de nosotros es una realidad.

Déjanos estar contigo.

Tenemos mucho que agradecerte por tu legado a la Iglesia en la Ultima Cena: Institución de la Eucaristía y del sacerdocio ministerial, para perpetuar tu presencia entre nosotros; oración sacerdotal al Padre, en favor de tus futuros seguidores, y promesa del Espíritu Santo Consolador.

Necesitamos pedirte mucho, porque "el espíritu está pronto, pero la carne es débil".

Y queremos, sobre todo, acompañarte en la noche en que conmemoramos tu entrega al sacrificio y a la muerte por los hombres.

Acéptanos, Señor, en tu compañía.

Haz que hagamos fecundo en nosotros tu sacrificio redentor.

Y acuérdate de nosotros tú que ya estás en tu Reino. Que vives y reinas con Dios Padre en la unidad del Espíritu Santo, y eres Dios por los siglos de los siglos. Amén.

 



La Vigilia de la Adoración Nocturna es esencialmente una Vigilia de oración y adoración centrada en la Eucaristía, en nombre de toda la Iglesia. Nunca podrán faltar en nuestras vigilias: la oración personal y la oración litúrgica comunitaria que nos vincula a la Iglesia.


La Liturgia de las Horas es la oración que la Iglesia, en unión con Jesucristo, su Cabeza, y por medio de Él, ofrece a Dios. Se llama de las horas porque se efectúa en los principales momentos de cada día, que así es santificado junto con la actividad de los hombres (Laudes al comenzar el día; Vísperas al caer la tarde, Completas al acostarse...).

El Oficio de Lectura, desde los primeros siglos de la Iglesia, era la oración nocturna de los monjes mientras los hombres descansan; la alabanza y la oración del Señor no debe interrumpirse ni durante la noche.