Vigilia de Jueves Santo
del Manual de la Adoración Nocturna Española


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INTRODUCCIÓN

(Pág. 457):

Se conmemora la institución de la Eucaristía, anticipo profético de la Pasión salvadora de Cristo.

A partir de la Misa de la Cena del Señor, inicio del Triduo Pascual, el Santísimo queda expuesto a la veneración de los fieles hasta la media noche del viernes.

Sería de desear que los adoradores pasaran toda la noche en oración.

La estructura de esta noche de oración debe adaptarse a las características de la comunidad reunida para orar.

A continuación se ofrecen elementos que pueden usarse y adaptarse según se crea conveniente.

En el último Turno de Vela, antes de Laudes, se hará el ejercicio del Vía Crucis (pág. 625) en el que participarán todos los adoradores.

Se acabará la Vigilia con el rezo comunitario de Laudes.

HORA SANTA

(Págs. 459 a 480)

(Primer Turno antes de media noche)

Después de permanecer un rato de rodilla, adorando en silencio, se canta el siguiente himno:

HIMNO: (De pie. Todos)

Pange, lingua, gloriosi
corporis mysterium,
sanguinisque pretiosi,
quem in mundi pretium
fructus ventris generosi
Rex effudit gentium.

In supremae nocte cenae
recumbens cum fratribus,
observata lege plene
cibis in legalibus,
cibum turbae duodenae
se dat suis manibus.

Monitor:

Hermanos: Esta noche en que la Iglesia conmemora la Ultima Cena del Señor y su oración en el huerto, en las que quiso estar acompañado de sus íntimos, nos reunimos en torno al Sacramento de su presencia real para recordar sus últimas lecciones y recoger con ánimo agradecido los preciosos dones de la Eucaristía y del sacerdocio cuya institución conmemoramos.

(De rodillas)
(Todos)

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ORACIÓN DE PRESENTACIÓN DE ADORADORES

Señor Nuestro Jesucristo: Como Pedro, Santiago y Juan, que oyeron tu voz angustiada en el Huerto de los Olivos al decirles: "Velad conmigo", también nosotros en esta noche la escuchamos y queremos estar muy cerca de ti.

Hace poco que les has entregado tu cuerpo y tu sangre, hechos «alimento para la vida de los hombres». Por eso hoy tu presencia en medio de nosotros es una realidad.

Déjanos estar contigo.

Tenemos mucho que agradecerte por tu legado a la Iglesia en la Ultima Cena: Institución de la Eucaristía y del sacerdocio ministerial, para perpetuar tu presencia entre nosotros; oración sacerdotal al Padre, en favor de tus futuros seguidores, y promesa del Espíritu Santo Consolador.

Necesitamos pedirte mucho, porque "el espíritu está pronto, pero la carne es débil".

Y queremos, sobre todo, acompañarte en la noche en que conmemoramos tu entrega al sacrificio y a la muerte por los hombres.

Acéptanos, Señor, en tu compañía.

Haz que hagamos fecundo en nosotros tu sacrificio redentor.

Y acuérdate de nosotros tú que ya estás en tu Reino. Que vives y reinas con Dios Padre en la unidad del Espíritu Santo, y eres Dios por los siglos de los siglos. Amén.

(Sentados)

Monitor:

El Señor esta noche del Jueves santo nos prometió que no nos dejaría huérfanos. Y no nos dejó. Se quedó perpetuamente con nosotros en la Eucaristía hasta la consumación de los siglos.

Lector:

Lectura de la primera carta de S. Pablo a los Corintios 11, 23-26

Porque yo he recibido del Señor lo que os he trasmitido: que el Señor Jesús, en la noche en que fue entregado, tomó el pan, y, después de dar gracias, lo partió y dijo: "Éste es mi cuerpo, que se da por vosotros; haced esto en memoria mía". Y asimismo, después de cenar, tomó el cáliz diciendo: "Éste cáliz es el Nuevo Testamento en mi sangre; cuantas veces comáis este pan y bebáis este cáliz, anunciáis la muerte del Señor hasta que Él venga".

(Breve pausa)

Monitor:

Por eso nosotros hoy no tenemos por qué envidiar a la hemorroísa que tocó la fimbria de su vestido, ni a Zaqueo que le hospedó en su casa, ni a los hermanos de Betania que tantas veces se sentaron a la mesa con él.

(De pie)

(Cantan todos)

Cantemos al Amor de los Amores,
cantemos al Señor.
¡Dios está aquí! venid adoradores
adoremos a Cristo Redentor.
Gloria a Cristo Jesús;
cielos y tierra, bendecid al Señor;
honor y gloria a ti, Rey de la gloria,
amor por siempre a ti, Dios del Amor.

Director:

Por eso, porque está aquí, nosotros podemos hablarle esta noche como le hablaban las gentes de su tiempo en Palestina. Y lo vamos a hacer con las mismas palabras que sus oídos de carne escucharon entonces.

Las siguientes preces litánicas se recitarán pausadamente, dejando un breve silencio al final de cada una, y un silencio más largo al fin de cada bloque.

Director:

Avivemos nuestra fe en la presencia de Jesús Sacramentado, repitiendo las palabras del Apóstol Santo Tomás:

Todos:

¡Señor mío y Dios mío!

Director:

Confesemos la divinidad de Jesucristo con las palabras de San Pedro en Cesaréa de Filipo:

Todos:

¡Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo!

Director:

Digámosle con Natanael:

Todos:

Tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel.

Director:

Respondamos como Marta, la hermana de Lázaro, cuando Jesús le dijo "Yo soy la Resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque hubiera muerto, vivirá, y todo el que vive y cree en mí no morirá eternamente. ¿Crees esto?":

Todos:

Sí, Señor, yo creo, que tú eres Cristo, el Hijo de Dios vivo que has venido a este mundo.

Director:

Pero digamos también humildemente con los Apóstoles:

Todos:

Señor, aumenta nuestra fe.

Director:

O con el padre de aquel lunático:

Todos:

Creo, Señor, pero ayuda tú mi incredulidad.

Director:

Aclamemos a Jesús Sacramentado como los ángeles a Dios hecho hombre en la noche de Navidad:

Todos:

Gloria a Dios en el cielo y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor.

Director:

Como la buena mujer de la turba:

Todos:

Dichoso el vientre que te llevó y los pechos que te alimentaron.

Director:

O como las gentes sencillas por las calles de Jerusalén el domingo de Ramos:

Todos:

Hosana al Hijo de David. Bendito el que viene en nombre del Señor. Hosana en las alturas.

Director:

Proclamemos nuestra dicha al saber que lo tenemos con nosotros.

Todos:

Dichosos los ojos que ven lo que nosotros vemos y los oídos que oyen lo que nosotros oímos; porque muchos patriarcas y profetas quisieron verlo y no lo vieron, oírlo y no lo oyeron.

Director:

Reconozcamos que no lo merecemos, diciéndole humildemente con el centurión:

Todos:

Señor, no soy digno de que entres en mi casa; pero una palabra tuya bastará para sanarme.

Director:

Y al sentimos privilegiados con la fe y la participación de la Eucaristía, digámosle con San Pedro en el Tabor:

Todos:

Señor, ¡qué bien estamos aquí!

Director:

Y forcémosle a que no se vaya, rogándole con los discípulos de Emaús:

Todos:

Quédate con nosotros, Señor, que anochece.

(Se hace una breve pausa)

Director:

Acuérdate, Señor, que nos dijiste: «Pedid y recibiréis, buscad y encontraréis, llamad y se os abrirá». Hoy te pedimos, Señor, con la fe y con las palabras de todos los necesitados del Evangelio, por todas nuestras necesidades espirituales y materiales.

Todos:

Jesús, Hijo de David, ten compasión de nosotros.

Director:

Todos estamos manchados. Por eso te decimos con el leproso:

Todos:

Señor, si tú quieres, puedes limpiarme.

Director:

Todos andamos a tientas para ver tu verdad. Por ello, como los ciegos del Evangelio, te rogamos:

Todos:

Señor, que se abran nuestros ojos y veamos.

Director:

A menudo nos cuesta trabajo entender tu doctrina de renuncia y sacrificio. Te pedimos, entonces, con los Apóstoles:

Todos:

Explícanos, Señor, esta parábola.

Director:

Conocemos a muchos enfermos de cuerpo y alma, y pensando en ellos, como Marta y María refiriéndose a Lázaro, te recordamos:

Todos:

Señor, el que amas, está enfermo.

Director:

Necesitamos el alimento espiritual que eres tú mismo. instruidos por tu palabra, te pedimos, como las turbas de Cafarnaúm, pero con mayor conocimiento de causa:

Todos:

Señor, danos siempre ese pan.

Director:

O con la samaritana junto al pozo de Jacob:

Todos:

Señor, danos siempre de ese agua, para que no volvamos a tener sed.

Director:

Y porque no sabemos lo demás que deberíamos pedir, te decimos:

Todos:

Enséñanos a orar.

(Se hace una breve pausa)

Todos:

Padre nuestro.

(Se hace una breve pausa)

Director:

Respondamos, hermanos, ahora y siempre a la llamada de Cristo con la prontitud de los Magos:

Todos:

Hemos visto tu estrella en Oriente y venimos a adorarte.

Director:

O con la generosidad del discípulo que se ofrecía a seguirle:

Todos:

Señor, yo te seguiré a donde quiera que vayas.

Director:

Aceptemos siempre su voluntad, aun cuando no nos guste, con las palabras de Nuestra Señora:

Todos:

Hágase en mí según tu palabra.

Director:

El mundo, Señor, tira de nosotros por caminos más fáciles que el tuyo. Pero no logrará destruir nuestra fe.

Todos:

Tu yugo es suave y tu carga ligera.

Director:

El mundo nos promete felicidad engañosa a costa de serte infieles. Pero nosotros hoy, y siempre, ante la realidad de tu presencia eucarística, repetiremos las palabras de Pedro cuando en Cafarnaúm nos prometiste la institución de este sacramento:

Todos:

Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna. Y nosotros hemos creído y conocido que tú eres el santo de Dios.

Director:

Y como el mismo Pedro, en el momento de recibir el primado sobre toda la Iglesia, respondemos a tu generosa entrega:

Todos:

Señor, tú sabes todo. Tú sabes que te amo.

(Se hace una breve pausa)

Director:

Formulemos concretamente nuestro compromiso. Sabedores, Señor, de que tú eres nuestro Dios y Creador, y nosotros tu pueblo y ovejas de tu redil.

Todos:

Te prometemos andar por el camino de tus mandamientos.

Director:

Agradecidos a tu bondad, que se ha dignado hacernos participantes de tu naturaleza divina, miembros de tu Cuerpo místico que es la Iglesia, hermanos tuyos y coherederos contigo.

Todos:

Te prometemos permanecer en tu amor.

Director:

Conscientes de que lo que hiciéramos por uno de tus pequeñuelos, por ti lo hacemos.

Todos:

Te prometemos pagarte en la persona de nuestros prójimos lo mucho que te debemos.

Director:

Advertidos por ti de que "no todo el que dice ¡Señor, Señor! entrará en el reino de los cielos, sino el que cumple la voluntad de tu Padre celestial".

Todos:

Te prometemos querernos los unos a los otros, no de palabra o con la lengua, sino con obras y de verdad.

Director:

Invitados por ti a ofrecer a todos los hombres el espectáculo de nuestra unidad "para que el mundo crea".

Todos:

Te prometemos aspirar, como los primeros cristianos, a no tener más que "un sólo corazón y una sola alma".

Director:

Atentos a las advertencias de tu Apóstol: que "el tiempo es breve", que "pasa como sombra la imagen de este mundo", que "no tenemos aquí ciudad permanente, sino que vamos en busca de la futura".

Todos:

Te prometemos vivir como el que va de paso, fijo nuestro corazón en ti, donde está nuestro tesoro.

Director:

Acordándonos de que instituiste la Eucaristía en la noche en que ibas a ser entregado y nos mandaste que la repitiéramos en memoria tuya.

Todos:

Te prometemos no olvidarnos de que fuiste a la muerte para darnos vida.

Director:

Tú dijiste "que diéramos gratis lo que gratis habíamos recibido".

Todos:

Nosotros prometemos hablar de ti a los que nos rodean, y dar testimonio con nuestras vidas de que tú has venido al mundo y estás en medio de nosotros.

Director:

Tú nos dijiste que debíamos ser luz del mundo y sal de la tierra.

Todos:

No nos olvidamos, Señor.

Director:

Frente a la indiferencia y disculpas que solemos alegar a la hora de ser llamados a la mesa del Padre para participar de la Sagrada Comunión.

Todos:

Te prometemos, Señor, comulgar con frecuencia y fervorosamente.

Director:

Para que aumente el número de tus amigos, que te hagan compañía ante tu Presencia eucarística.

Todos:

Te prometemos trabajar sin descanso por aumentar el número de tus adoradores.

(Se hace una breve pausa)

(Sentados)

Monitor:

Tras el largo discurso de despedida, Jesús, de pie ya, pronunció en el Cenáculo su oración sacerdotal. Fue como el ofertorio del Sacrificio de su Pasión y muerte, que la Iglesia había de perpetuar a través de los siglos, por el ministerio de los sacerdotes instituidos por el mismo Cristo aquella bendita noche.
En aquella oración sacerdotal, Jesús pidió por sí mismo, por los Apóstoles allí presentes, y por toda la Iglesia futura. Escuchemos.

Lector:

Lectura del Evangelio según San Juan 17,1-26

En aquel tiempo, levantando los ojos al cielo, Jesús dijo: "Padre, ha llegado la hora, glorifica a tu Hijo, para que tu Hijo te glorifique y, por el poder que tú le has dado sobre toda carne, da la vida eterna a los que le confiaste. Esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, único Dios verdadero y a tu enviado, Jesucristo. Yo te he glorificado sobre la tierra, he coronado la obra que me encomendaste. Y ahora, Padre, glorifícame cerca de ti, con la gloria que yo tenía cerca de ti antes que el mundo existiese. He manifestado, tú nombre a los hombres que me diste de en medio del mundo. Tuyos eran, y tú me los diste, y ellos han guardado tu palabra. Ahora han conocido que todo lo que me diste procede de ti; porque yo les he comunicado las palabras que tú me diste, y ellos las han recibido, y han conocido verdaderamente que yo salí de ti, y han creído que tú me has enviado. Te ruego por ellos; no ruego por el mundo, sino por éstos que tú me diste y son tuyos. Sí, todo lo mío es tuyo y lo tuyo mío; y en ellos he sido glorificado".

"Ya no voy a estar en el mundo; pero ellos están en el mundo, mientras yo voy a ti. Padre santo, cuida en tu nombre a los que me has dado, para que sean uno como nosotros. Cuando estaba yo con ellos, cuidaba en tu nombre a los que me habías dado. He velado por ellos y ninguno se ha perdido, salvo el hijo de perdición, para que se cumpliera la Escritura. Pero ahora voy a ti, y digo estas cosas en el mundo para que tengan en sí mismos alegría colmada".

"Yo les he dado tu palabra, y el mundo los ha odiado, porque no son del mundo, como yo no soy del mundo. No te pido que los retires del mundo, sino que los guardes del maligno. No son del mundo, como yo no soy del mundo. Conságralos en la verdad: tu Palabra es verdad. Como tú me has enviado al mundo, yo también los he enviado al mundo. Y por ellos me consagré a mí mismo, para que ellos también sean consagrados en la caridad. No ruego solo por éstos, sino también por aquellos que, por medio de su palabra, creerán en mí.

"Que todos sean uno. Como tú, Padre, en mí y yo en ti. Que ellos también sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado. Yo les he dado la gloria que tú me diste, para que sean como nosotros somos uno: Yo en ellos y tú en mí, para que sean perfectamente uno, y el mundo conozca que tú me has enviado y que yo les he amado a ellos como tú me has amado a mí. Padre, quiero que donde yo esté, estén también conmigo los que tú me has dado, porque me has amado antes de la creación del mundo. Padre justo, el mundo no te ha conocido, pero yo te he conocido y éstos han conocido que tú me has enviado. Yo les he dado a conocer tu nombre y se lo seguiré dando a conocer, para que el amor con que tú me has amado esté en ellos y yo en ellos".

(Unos minutos de silencio)

Monitor:

Penetrados de la solicitud por la unidad de los cristianos que Jesús manifestó en su oración sacerdotal, cantemos y proclamemos:

(De pie)

(Cantan todos)

Un solo Señor, una sola fe,
un solo bautismo, un solo Dios y Padre.

Llamados a guardar la unidad del Espíritu
por el vínculo de la paz,
cantamos y proclamamos:

Un solo Señor, una sola fe,
un solo bautismo, un solo Dios y Padre.

Llamados a formar un solo cuerpo
con un mismo espíritu,
cantamos y proclamamos:

Un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo,
un solo Dios y Padre.

Monitor:

Señor, Jesús, sacerdote eterno y salvador nuestro, escucha benigno las súplicas que te dirigimos, respondiendo a tus deseos y conscientes de las necesidades de tu santa Iglesia.

Director:

Que sepamos ver en la Santa Misa el memorial de tu Muerte y Resurrección.

Todos:

Escúchanos, Señor.

Director:

Que todos conozcamos el valor del sacerdocio, como perenne y visible presencia tuya entre nosotros.

Todos:

Escúchanos, Señor.

Director:

Que los cristianos sepamos conservar la estima debida a los dispensadores de tus misterios.

Todos:

Escúchanos, Señor.

Director:

Que sacerdotes y seglares, cada uno en su lugar, nos sintamos solidarios en un mismo quehacer apostólico.

Todos:

Escúchanos, Señor.

Director:

Que las insidias y calumnias del enemigo no ofusquen el esplendor del sacerdocio en la Iglesia.

Todos:

Escúchanos, Señor.

Director:

Que sus propias debilidades humanas no nos impidan ver en ellos a tus representantes en la tierra.

Todos:

Escúchanos, Señor.

Director:

Que la ejemplaridad de los sacerdotes, viviendo en el mundo sin ser del mundo, impulse a muchos a imitados.

Todos:

Escúchanos, Señor.

Director:

Que todo el pueblo cristiano sienta la responsabilidad de orar, como tú lo hiciste, por el sacerdocio de la Iglesia.

Todos:

Escúchanos, Señor.

Director:

Que no falte a tus fieles el pan de la palabra por no haber quien lo parta en abundancia.

Todos:

Escúchanos, Señor.

Director:

Que el Señor de la mies envíe obreros a su mies.

Todos:

Escúchanos, Señor.

Director:

Que la instrucción religiosa, la piedad sincera y la pureza de vida en las familias cristianas constituyan el clima propicio para las vocaciones sacerdotales.

Todos:

Escúchanos, Señor.

Director:

Que los padres cristianos sean conscientes del honor que para ellos supone el hecho de que Dios elija a alguno de sus hijos para el sacerdocio.

Todos:

Escúchanos, Señor.

Director:

Que los llamados no se hagan sordos a tu llamamiento.

Todos:

Escúchanos, Señor.

Director:

Que los que se preparan para el sacerdocio sean perseverantes en tu santo servicio y fieles a tus gracias.

Todos:

Escúchanos, Señor.

Director:

Que no les domine el espíritu indiferente y materialista del mundo.

Todos:

Escúchanos, Señor.

Director:

Que no falten a tu Iglesia los medios necesarios para acoger y desarrollar las sinceras vocaciones.

Todos:

Escúchanos, Señor.

Director:

Concédenos, Señor, muchas y buenas vocaciones, a fin de que la grey cristiana, socorrida y guiada por vigilantes pastores, pueda llegar segura a los pastos ubérrimos de la eterna felicidad. Tú que vives y reinas con Dios Padre en la unidad del Espíritu Santo y eres Dios por los siglos de los siglos.

Todos:

Amén.

(Se hace una breve pausa)

(Sentados)

Monitor:

Seguidamente el Señor se dirigió con sus discípulos al Huerto de los Olivos, donde continuó acompañado de sus tres apóstoles predilectos, y donde comenzó, con el prendimiento, su Pasión. A veinte siglos de distancia, las palabras del Señor siguen resonando de manera especial para nosotros. Oigámoslas.

Lector:

Lectura del Evangelio según S. Mateo 26,30-56

Y cantados los himnos, salieron hacia el monte de los Olivos.

Entonces les dice Jesús: "Todos vosotros os vais a escandalizar de mí esta noche, porque está escrito: Heriré al pastor y se dispersarán las ovejas del rebaño. Mas después de mi resurrección, iré delante de vosotros a Galilea". Entonces Pedro interviene y le dijo: "Aunque todos se escandalicen de ti, yo no me escandalizaré". Díjole Jesús: "Yo te aseguro que esta misma noche, antes que el gallo cante, me habrás negado tres veces". Dícele Pedro: "Aunque tenga que morir contigo, yo no te negaré". Y lo mismo dijeron todos los discípulos. Jesús va con sus discípulos a un huerto, llamado Getsemaní y les dice: "Sentaos aquí mientras voy allá a orar".

Y llevándose a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo, empezó a entristecerse y a angustiarse. Entonces dice: "Me muero de tristeza: quedaos aquí y velad conmigo". Y adelantándose un poco cayó cara a tierra y oraba diciendo: "Padre mío, si es posible, que pase y se aleje de mí este cáliz. Pero no se haga mi voluntad, sino la tuya". Y se acercó a los discípulos y los encuentra dormidos. Dice a Pedro: "¿Con que no habéis podido velar una hora conmigo? Velad y orad, para no caer en la tentación; pues el espíritu es decidido, pero la carne es débil". De nuevo se apartó por segunda vez y oraba diciendo: "Padre mío, si éste cáliz no puede pasar sin que yo lo beba, hágase tu voluntad". Y viniendo otra vez, los encontró dormidos, porque tenían los ojos cargados. Dejándolos de nuevo, por tercera vez oraba repitiendo las mismas palabras.

Luego se acercó a sus discípulos y les dice: "Ya podéis dormir y descansar. Mirad, está cerca la hora, y el Hijo del Hombre va a ser entregado en manos de los pecadores. ¡Levantaos, vamos! Ya está cerca el que me entrega". Todavía estaba hablando, cuando en esto apareció Judas, uno de los doce, y con él un tropel de gente, con espadas y palos, mandado por los sumos sacerdotes y los notables del pueblo. El traidor les había dado esta señal: "El que yo bese, es él: detenedlo". Después se acercó a Jesús y le dijo: "Salve, Maestro". Y le besó. Pero Jesús le contestó: "Amigo, ¿a qué vienes?"

Entonces se acercaron y echaron mano a Jesús, deteniéndolo. Y uno de los que estaban con Jesús agarró la espada, la desenvainó e hirió al criado del sumo sacerdote, cortándole la oreja. Jesús le dijo: "Vuelve la espada a su sitio, quien usa espada a espada morirá. ¿O no crees que puedo acudir a mi Padre y me mandaría en seguida más de doce legiones de ángeles? Si no ¿cómo se va a cumplir la Escritura según la cual esto tiene que pasar?" En aquella hora dijo Jesús a la gente: "Habéis salido a prenderme con espadas y palos, como a la caza de un bandido? A diario me sentaba y enseñaba en el templo y no me detuvisteis". Todo esto ocurrió para que se cumpliera lo que escribieron los profetas. Entonces todos los discípulos lo abandonaron y huyeron.

(Unos minutos de silencio)

Monitor:

Fieles a la recomendación del Salvador, que en Getsemaní nos mandó orar para no caer en tentación, y siguiendo su divina enseñanza sobre cómo debemos hacerlo, cantamos la oración que él mismo compuso para nosotros:

(De pie)

Todos (cantado):

Padre nuestro.

Director:

Adoremos a nuestro Redentor que por nosotros y por todos los hombres aceptó voluntariamente la muerte que nos había de salvar.

Todos:

Santifica, Señor, al pueblo que redimiste con tu sangre.

Director:

Tú que te humillaste haciéndote obediente hasta la muerte, enséñanos a someternos siempre a la voluntad del Padre.

Todos:

Santifica, Señor, al pueblo que redimiste con tu sangre.

Director:

Haz que tus fieles participen en tu Pasión mediante los sufrimientos de la vida, para que manifiesten a los hombres los frutos de la salvación.

Todos:

Santifica, Señor, al pueblo que redimiste con tu sangre.

Director:

Tú, que siendo nuestra vida quisiste morir en la Cruz para destruir la muerte y todo su poder, haz que contigo sepamos morir también al pecado y resucitar así contigo a una nueva vida.

Todos:

Santifica, Señor, al pueblo que redimiste con tu sangre.

Director:

Rey nuestro, que como un gusano aceptaste ser el desprecio del pueblo y la vergüenza de la gente, haz que tu Iglesia no se acobarde ante la humillación, sino que como tú proclame en toda circunstancia el honor del Padre.

Todos:

Santifica, Señor, al pueblo que redimiste con tu sangre.

Director:

Salvador de todos los hombres, que diste tu vida por los hermanos, enséñanos a amarnos mutuamente con un amor semejante al tuyo.

Todos:

Santifica, Señor, al pueblo que redimiste con tu sangre.

Director:

Oh Señor, que aceptaste en Getsemaní el consuelo de un ángel, concédenos la protección de tu Madre, consuelo de los afligidos, para poder nosotros consolar a los que están atribulados, mediante el consuelo con que tú consuelas.

Todos:

Santifica, Señor, con tu sangre.

Director:

Otorga, Señor, a tus fieles difuntos el consuelo eterno.

Todos:

Santifica, Señor, al pueblo que redimiste con tu sangre.

(De rodillas)

Cantan todos more hispano las dos últimas estrofas del Pange lingua, y la oración conclusiva, a las que está concedida precisamente esta noche del Jueves Santo indulgencia plenaria (Enchiridion Indulgentiarum, nº 59)

Tantum ergo sacramentum
veneremur cernui,
et antiquum documentum
novo cedat ritui;
praestet fides supplementum
sensuum defectui.

Genitori Genitoque
laus et iubilatio,
salus, honor, virtus quoque
sit et benedictio;
procedenti ab utroque
compar sit laudatio. Amén.

Director:

Les diste Pan del cielo.

Todos:

Que contiene en sí todo deleite.

Director:

Oremos: Oh Dios, que en este sacramento admirable nos dejaste el memorial de tu pasión, te pedimos nos concedas venerar de tal modo los sagrados misterios de tu Cuerpo y de tu Sangre, que experimentemos constantemente en nosotros el fruto de tu redención. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.

Todos:

Amén.

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OFICIO DE LECTURAS

(Turnos a partir de las 12 de la noche)

INVITATORIO
(Pág. 481)

(Toda la asamblea junta)

(De pie. † Se hace la señal de la cruz mientras se dice:)

Presidente:

Señor, ábreme los labios.

Todos:

Y mi boca proclamará tu alabanza.

Salmista:

Venid, adoremos a Cristo, Hijo de Dios, que nos redimió con su sangre.

Todos:

Venid, adoremos a Cristo, Hijo de Dios, que nos redimió con su sangre.

SALMO 94: INVITACIÓN A LA ALABANZA DIVINA

Salmista:

Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos.

Repiten todos la Antífona.

Salmista:

Porque el Señor es un Dios grande,
soberano de todos los dioses:
tiene en su mano las simas de la tierra,
son suyas las cumbres de los montes;
suyo es el mar, porque él lo hizo,
la tierra firme que modelaron sus manos.

Repiten todos la Antífona.

Salmista:

Entrad, postrémonos por tierra, bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía.

Repiten todos la Antífona.

Salmista:

Ojalá escuchéis hoy su voz:
«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y me tentaron, aunque habían visto mis obras.

Repiten todos la Antífona.

Salmista:

Durante cuarenta años
aquella generación me asqueó, y dije:
"Es un pueblo de corazón extraviado,
que no reconoce mi camino;
por eso he jurado en mi cólera
que no entrarán en mi descanso"".

Repiten todos la Antífona.

Salmista:

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo
como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Repiten todos la Antífona.

En este momento, se retira el ministro celebrante.
Los adoradores que no han de hacer el primer Turno de Vela se retiran, quedando agrupados en los primeros bancos aquellos que tienen a su cargo la primera hora de vela. Los Turnos de Vela se sucederán hasta la hora indicada. Cada uno de ellos será de una hora de duración.

TURNO DE VELA

(Pág. 483 a 494)

HIMNO
(De pie. Todos)

Victoria, tú reinarás,
¡Oh cruz, tú nos salvarás!

El Verbo en ti clavado,
muriendo nos rescató;
de ti, madero santo,
nos viene la redención.

Extiende por el mundo,
tu reino de salvación.
¡Oh cruz, fecunda fuente,
de vida y bendición!

Impere sobre el odio,
tu Reino de caridad;
alcancen las naciones,
el gozo de la unidad.

Aumenta en nuestras almas,
tu Reino de santidad;
el río de la gracia,
apague la iniquidad.

La gloria por los siglos,
a Cristo libertador,
su cruz nos lleve al cielo,
la tierra de promisión.

SALMODIA:
(Sentado. A dos coros)

Antífona 1

Salmista:

Se alían los reyes de la tierra, los príncipes conspiran contra el Señor y contra su Mesías.

SALMO 2: EL MESÍAS, REY VENCEDOR

¿Por qué se amotinan las naciones, y los pueblos planean un fracaso?

Se alían los reyes de la tierra,
los príncipes conspiran
contra el Señor y contra su Mesías:
"rompamos sus coyundas,
sacudamos su yugo".

El que habita en el cielo sonríe,
el Señor se burla de ellos.
Luego les habla con ira,
los espanta con su cólera:
"Yo mismo he establecido a mi rey
en Sión, mi monte santo".

Voy a proclamar el decreto del Señor;
él me ha dicho:
"Tú eres mi hijo:
yo te he engendrado hoy.
Pídemelo: te daré en herencia las naciones,
en posesión, los confines de la tierra:
los gobernarás con cetro de hierro,
los quebrarás como jarro de loza".

Y ahora, reyes, sed sensatos;
escarmentad, los que regís la tierra:
servid al Señor con temor,
rendidle homenaje temblando;
no sea que se irrite, y vayáis a la ruina,
porque se inflama de pronto su ira.
¡Dichosos los que se refugian en Él!

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Todos:

Se alían los reyes de la tierra, los príncipes conspiran contra el Señor y contra su Mesías.

(Breve pausa para reflexionar)

Antífona 2

Salmista:

Se reparten mi ropa, echan a suerte mi túnica.

SALMO 21,2-23:

Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado? a pesar de mis gritos, mi oración no te alcanza.

Dios mío, de día te grito, y no respondes; de noche, y no me haces caso; aunque tú habitas en el santuario, esperanza de Israel.

En ti confiaban nuestros padres; confiaban, y los ponías a salvo; a ti gritaban, y quedaban libres; en ti confiaban, y no los defraudaste.

Pero yo soy un gusano, no un hombre, vergüenza de la gente, desprecio del pueblo; al verme, se burlan de mí, hacen visajes, menean la cabeza: "Acudió al Señor, que lo ponga a salvo; que lo libre, si tanto lo quiere".

Tú eres quien me sacó del vientre, me tenías confiado en los pechos de mi madre; desde el seno pasé a tus manos, desde el vientre materno tú eres mi Dios. No te quedes lejos, que el peligro está cerca y nadie me socorre.

Me acorrala un tropel de novillos, me cercan toros de Basán; abren contra mí las fauces leones que descuartizan y rugen.

Estoy como agua derramada, tengo los huesos descoyuntados; mi corazón, como cera, se derrite en mis entrañas;

mi garganta está seca como una teja, la lengua se me pega al paladar; me aprietas contra el polvo de la muerte.

Me acorrala una jauría de mastines, me cerca una banda de malhechores; me taladran las manos y los pies, puedo contar mis huesos.

Ellos me miran triunfantes, se reparten mi ropa, echan a suerte mi túnica.

Pero tú, Señor, no te quedes lejos; fuerza mía, ven corriendo a ayudarme. líbrame a mí de la espada, y a mi única vida, de la garra del mastín; sálvame de las fauces del león; a este pobre, de los cuernos del búfalo.

Contaré tu fama a mis hermanos, en medio de la asamblea te alabaré.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Todos:

Se reparten mi ropa, echan a suerte mi túnica.

(Breve pausa para reflexionar)

Antífona 3

Salmista:

Me tienden lazos los que atentan contra mí.

SALMO 37: ORACIÓN DE UN PECADOR EN PELIGRO DE MUERTE

Señor, no me corrijas con ira,
no me castigues con cólera;
tus flechas se me han clavado,
tu mano pesa sobre mí;

no hay parte ilesa en mi carne
a causa de tu furor,
no tienen descanso mis huesos
a causa de mis pecados;

mis culpas sobrepasan mi cabeza,
son un peso superior a mis fuerzas;
mis llagas están podridas y supuran
por causa de mi insensatez;
voy encorvado y encogido,
todo el día camino sombrío.

Tengo las espaldas ardiendo,
no hay parte ilesa en mi carne;
estoy agotado, deshecho del todo;
rujo con más fuerza que un león.

Señor mío, todas mis ansias están en tu presencia,
no se te ocultan mis gemidos;
siento palpitar mi corazón,
me abandonan las fuerzas,
y me falta hasta la luz de los ojos.

Mis amigos y compañeros se alejan de mí,
mis parientes se quedan a distancia;
me tienden lazos los que atentan contra mí,
los que desean mi daño me amenazan de muerte,
todo el día murmuran traiciones.

Pero yo, como un sordo, no oigo;
como un mudo, no abro la boca;
soy como uno que no oye
y no puede replicar.

En ti, Señor, espero,
y tú me escucharás, Señor, Dios mío;
esto pido: que no se alegren por mi causa,
que, cuando resbale mi pie, no canten triunfo.

Porque yo estoy a punto de caer,
y mi pena no se aparta de mí:
yo confieso mi culpa,
me aflige mi pecado.

Mis enemigos mortales son poderosos,
son muchos los que me aborrecen sin razón,
los que me pagan males por bienes,
los que me atacan cuando procuro el bien.

No me abandones, Señor;
Dios mío, no te quedes lejos;
ven aprisa a socorrerme,
Señor mío, mi salvación.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Todos:

Me tienden lazos los que atentan contra mí.

(Breve pausa para reflexionar)

LECTURAS

Salmista:

Se levantan contra mí testigos falsos.

Todos:

Que respiran violencia.

Primera lectura
(Desde el Ambón)

Cristo, sumo sacerdote, con su propia sangre, ha entrado en el santuario una vez para siempre.

Lector:

De la carta a los Hebreos (9, 11-28)

Hermanos: Cristo ha venido como sumo sacerdote de los bienes definitivos. Su tabernáculo es más grande y más perfecto: no hecho por manos de hombre, es decir, no de este mundo creado. No usa sangre de machos cabríos ni de becerros, sino la suya propia; y así ha entrado en el santuario una vez para siempre, consiguiendo la liberación eterna.

Si la sangre de machos cabríos y de toros y el rociar con las cenizas de una becerra tienen el poder de consagrar a los profanos, devolviéndoles la pureza externa, cuánto más la sangre de Cristo, que, en virtud del Espíritu eterno, se ha ofrecido a Dios como sacrificio sin mancha, podrá purificar nuestra conciencia de las obras muertas, llevándonos al culto del Dios vivo.

Por esa razón, es mediador de una alianza nueva: en ella ha habido una muerte que ha redimido de los pecados cometidos durante la primera alianza; y así los llamados pueden recibir la promesa de la herencia eterna.

Mirad, para disponer de una herencia, es preciso que conste de la muerte del testador; pues un testamento adquiere validez en caso de defunción; mientras vive el testador, todavía no tiene vigencia. De ahí que tampoco faltase sangre en la inauguración de la primera alianza.

Cuando Moisés acabó de leer al pueblo todas las prescripciones contenidas en la ley, cogió la sangre de los becerros y las cabras, además de agua, lana escarlata e hisopo, y roció primero el libro mismo y después al pueblo entero, diciendo: «Ésta es la sangre de la alianza que hace Dios con vosotros.» Con la sangre roció, además, el tabernáculo y todos los utensilios litúrgicos. Según la ley, prácticamente todo se purifica con sangre, y sin derramamiento de sangre no hay perdón. Bueno, estos esbozos de las realidades celestes tenían que purificarse por fuerza con tales ritos, pero las realidades mismas celestes necesitan sacrificios de más valor que éstos.

Pues Cristo ha entrado no en un santuario construido por hombres -imagen del auténtico-, sino en el mismo cielo, para ponerse ante Dios, intercediendo por nosotros. Tampoco se ofrece a sí mismo muchas veces -como el sumo sacerdote, que entraba en el santuario todos los años y ofrecía sangre ajena; si hubiese sido así, tendría que haber padecido muchas veces, desde el principio del mundo-. De hecho, él se ha manifestado una sola vez, al final de la historia, para destruir el pecado con el sacrificio de sí mismo. Por cuanto el destino de los hombres es morir una sola vez. Y después de la muerte, el juicio. De la misma manera, Cristo se ha ofrecido una sola vez para quitar los pecados de todos. La segunda vez aparecerá, sin ninguna relación al pecado, a los que lo esperan, para salvarlos.

(Se hace una pausa para reflexionar)

RESPONSORIO

Todos:

Como cordero llevado al matadero y maltratado, no abría la boca; lo arrancaron de la tierra de los vivos, para dar vida a su pueblo.

Salmista:

Expuso su vida a la muerte y fue contado entre los pecadores.

Todos:

Para dar vida a su pueblo.

Segunda lectura
(Desde un lugar apropiado, a poder ser diferente al del Ambón)

El valor de la sangre de Cristo

Lector:

De la catequesis de san Juan Crisóstomo, obispo (Cat.3,13-19)

¿Quieres saber el valor de la sangre de Cristo? Remontémonos a las figuras que la profetizaron y recorramos las antiguas Escrituras.

Inmolad, dice Moisés, un cordero de un año; tomad su sangre y rociad las dos jambas y el dintel de la casa. ¿Qué dices, Moisés? La sangre de un cordero irracional ¿puede salvar a los hombres dotados de razón? "Sin duda, responde Moisés: no porque se trate de sangre, sino porque en esta sangre se contiene una profecía de la sangre del Señor".

Si hoy, pues, el enemigo, en lugar de ver las puertas rociadas con sangre simbólica, ve brillar en los labios de los fieles, puertas de los templos de Cristo, la sangre del verdadero Cordero, huirá todavía más lejos. ¿Deseas descubrir aún por otro medio el valor de esta sangre? Mira de dónde brotó y cuál sea su fuente. Empezó a brotar de la misma cruz y su fuente fue el costado del Señor. Pues muerto ya el Señor, dice el Evangelio, uno de los soldados se acercó con la lanza, y le traspasó el costado, y al punto salió agua y sangre: agua, como símbolo del bautismo; sangre, como figura de la eucaristía. El soldado le traspasó el costado, abrió una brecha en el muro del templo santo, y yo encuentro el tesoro escondido y me alegro con la riqueza hallada. Esto fue lo que ocurrió con el cordero: los judíos sacrificaron el cordero y yo recibo el fruto del sacrificio.

Del costado salió sangre y agua. No quiero, amado oyente, que pases con indiferencia ante tan gran misterio, pues me falta explicarte aún otra interpretación mística. He dicho que esta agua y esta sangre eran símbolos del bautismo y de la eucaristía. Pues bien, con estos dos sacramentos se edifica la Iglesia: con el agua de la regeneración y con la renovación del Espíritu Santo, es decir, con el bautismo y la eucaristía, que han brotado ambos del costado. Del costado de Jesús se formó, pues, la Iglesia, como del costado de Adán fue formada Eva.

Por esta misma razón afirma San Pablo: Somos miembros de su cuerpo, formados de sus huesos, aludiendo con ello al costado de Cristo. Pues de la misma forma que Dios hizo a la mujer del costado de Adán, de igual manera Jesucristo nos dio el agua y la sangre salida de su costado, para edificar la Iglesia. Y de la misma manera que entonces Dios tomó la costilla de Adán, mientras éste dormía, así también nos dio el agua y la sangre después que Cristo hubo muerto.

Mirad de qué manera Cristo se ha unido a su esposa, considerad con qué alimento la nutre. Con un mismo alimento hemos nacido y nos alimentamos. De la misma manera que la mujer se siente impulsada por su misma naturaleza a alimentar con su propia sangre y con su leche a aquél a quien ha dado a luz, así también Cristo alimenta siempre con sangre a aquellos a quienes él mismo ha hecho renacer.

(Se hace una pausa para reflexionar)

RESPONSORIO

Todos:

Os rescataron no con bienes efímeros, con oro o plata, sino a precio de la sangre de Cristo, el Cordero sin mancha. Así, unos y otros, podemos acercarnos al Padre con el mismo Espíritu.

Salmista:

La sangre del Hijo de Dios, Jesús, nos limpió los pecados.

Todos:

Así, unos y otros, podemos acercarnos al Padre con el mismo Espíritu.

ORACIÓN

Presidente:

Mira, Señor de bondad, a tu familia santa, por la cual Jesucristo, nuestro Señor, aceptó el tormento de la cruz, entregándose a sus propios enemigos. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Todos:

Amén.

Presidente:

Bendigamos al Señor.

Todos:

Demos gracias a Dios.

ORACION EN SILENCIO

(Se finaliza el Turno de Vela con el rezo de las preces expiatorias, la oración por el Fomento de la Adoración Nocturna y un Padre nuestro por la Iglesia y las intenciones del Santo Padre (unos diez minutos antes de la finalización del Turno).

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ORACION POR EL FOMENTO DE LA ADORACIÓN NOCTURNA

(Todos. De rodillas)

Señor Jesús, que decidiste permanecer con nosotros en el sacramento de la Eucaristía, aumenta nuestra fe en tu presencia y haz crecer en nuestro interior el deseo ferviente de estar contigo, adorándote alabándote y amándote.

Concede, Señor, a tu Iglesia nuevos adoradores, Jóvenes adoradores que, en silencio fecundo de la noche, se dejen hacer y deshacer por Ti, templen su espíritu al fuego de tu amor, contemplen tu rostro crucificado y gocen del esplendor de tu resurrección.

Que tu Espíritu, Señor, nos ayude a comprender que la vitalidad espiritual y apostólica de la Iglesia depende de nuestra unión contigo en la Eucaristía. Sólo este encuentro de amor con "quien sabemos nos ama" pueda proporcionarnos energías suficientes para salir al encuentro de nuestros hermanos y hacerles sentir tu misericordioso consuelo.

Tú que eres el "Dios con nosotros" y "tienes palabras de vida eterna", abre los oídos y el corazón de tus hermanos, los hombres, para que sientan tu llamada de Maestro y Pastor y respondan a tu invitación evangélica: "Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados que yo os aliviaré".

Que tu Madre, modelo e intercesora, nos enseñe a ser adoradores según tu corazón, adoradores en espíritu y verdad.

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CÁNTICOS Y EVANGELIOS PARA LA VIGILIA

CÁNTICOS:

En los Turnos de Vela, a partir de la media noche, se aconseja emplear, para centrar la oración, algunos de los Cantos y Lecturas evangélicas que van a continuación.

Antífona

Todos:

Uno de los soldados, con la lanza, traspasó el costado del Señor crucificado, y al punto salió sangre y agua para nuestra salvación.

CÁNTICO I

JEREMIAS 14, 17-21; LAMENTACION DEL PUEBLO EN TIEMPO DE HAMBRE Y GUERRA

Mis ojos se deshacen en lágrimas,
día y noche no cesan:
por la terrible desgracia de la doncella de mi pueblo,
una herida de fuertes dolores.

Salgo al campo: muertos a espada;
entro en la ciudad: desfallecidos de hambre;
tanto el profeta como el sacerdote
vagan sin sentido por el país.

¿Por qué has rechazado del todo a Judá?
¿Tiene asco tu garganta de Sión?
¿Por qué nos has herido sin remedio?
Se espera la paz, y no hay bienestar,
al tiempo de la cura sucede la turbación.

Señor, reconocemos nuestra impiedad,
la culpa de nuestros padres,
porque pecamos contra ti.

No nos rechaces, por tu nombre,
no desprestigies tu trono glorioso;
recuerda y no rompas tu alianza con nosotros.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

(Breve pausa para reflexionar)

CÁNTICO II

EZEQUIEL 36, 24-28; DIOS RENOVARA A SU PUEBLO

Os recogeré de entre las naciones,
os reuniré de todos los países,
y os llevaré a vuestra tierra.

Derramaré sobre vosotros un agua pura
que os purificará:
de todas vuestras inmundicias e idolatrías
os he de purificar;
y os daré un corazón nuevo,
y os infundiré un espíritu nuevo;
arrancaré de vuestra carne el corazón de piedra,
y os daré un corazón de carne.

Os infundiré mi espíritu,
y haré que caminéis según mis preceptos,
y que guardéis y cumpláis mis mandatos.

Y habitaréis en la tierra que di a vuestros padres.
Vosotros seréis mi pueblo,
y yo seré vuestro Dios.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

(Breve pausa para reflexionar)

CÁNTICO III

LAMENTACIONES 5, 1-7.15-17.19-21; PLEGARIA EN LA TRIBULACIÓN

Recuerda, Señor, lo que nos ha pasado;
mira y fíjate en nuestras afrentas.

Nuestra heredad ha pasado a los bárbaros;
nuestras casas, a extranjeros.

Hemos quedado huérfanos de padre,
y nuestras madres han quedado viudas.

Tenemos que comprar el agua que bebemos
y pagar la leña que nos llevamos.

Nos empujan con un yugo al cuello,
nos fatigan sin darnos descanso.

Hemos pactado con Egipto y Asiria
para saciarnos de pan.

Nuestros padres pecaron, y ya no viven,
y nosotros cargamos con sus culpas.

Ha cesado el gozo del corazón,
las danzas se han vuelto duelo.

Se nos ha caído la corona de la cabeza:
¡Ay de nosotros, que hemos pecado!

Por eso, está enfermo nuestro corazón
y se nos nublan los ojos.

Pero tú, Señor, eres rey por siempre;
tu trono dura de edad en edad.

¿Por qué te olvidas siempre de nosotros
y nos tienes abandonados por tanto tiempo?

Señor, tráenos hacia ti para que volvamos,
renueva los tiempos pasados.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

(Breve pausa para reflexionar)

Antífona

Todos:

Uno de los soldados, con la lanza, traspasó el costado del Señor crucificado, y al punto salió sangre y agua para nuestra salvación.

LECTURAS EVANGELICAS:

Pueden escogerse entre los relatos de la Pasión de nuestro Señor Jesucristo por los distintos evangelistas:

Mt 26-27; Mc 14-15; Lc 22-23; Jn 13-17 y 18-19.
La Liturgia de las Horas propone:
Mt. 27, 1-2. 11-56; o bien, Mc 15, 1-41; o bien, Lc 23, 1-49

ORACIÓN

Presidente:

Mira, Señor de bondad, a tu familia santa, por la cual Jesucristo, nuestro Señor, aceptó el tormento de la cruz, entregándose a sus propios enemigos. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Todos:

Amén.

Ultimo Turno de Vela:

EJERCICIO DEL VIA CRUCIS (Véase formula pág. 625)

Participaran en el todos los adoradores/as que hayan tomado parte en la Vigilia.
Para ganar la Indulgencia Plenaria, es condición indispensable recorrer la Estaciones. Aunque tuvieran que abandonar todos la capilla donde está el «Monumento», pueden hacerlo teniendo en cuenta que desde las doce de la noche no se considera el «Monumento» como reserva eucarística solemne, sino como reserva habitual. Si el conjunto de adoradores/as no puede moverse ordenadamente, basta que lo haga el que dirija el Ejercicio.

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LAUDES

(Pág. 499 a 509)

(De pie. † Se hace la señal de la cruz mientras se dice:)

Presidente:

Dios mío, ven en mi auxilio.

Todos:

Señor date prisa en socorrerme. Gloria al Padre...

HIMNO (De pie. Todos)

¡Oh cruz fiel, árbol único en nobleza!
Jamás el bosque dio mejor tributo
en hoja, en flor y en fruto.
¡Dulces clavos! ¡Dulce árbol donde la Vida empieza
con un peso tan dulce en su corteza!

Cantemos la nobleza de esta guerra,
el triunfo de la sangre y del madero;
y un Redentor, que en trance de Cordero,
sacrificado en cruz, salvó la tierra.

Dolido mi Señor por el fracaso
de Adán, que mordió muerte en la manzana,
otro árbol señaló, de flor humana,
que reparase el daño paso a paso.

Y así dijo el Señor: "¡Vuelva la Vida,
y que el Amor redima la condena!"
La gracia está en el fondo de la pena,
y la salud naciendo de la herida.

¡Oh plenitud del tiempo consumado!
Del seno de Dios Padre en que vivía,
ved la Palabra entrando por María
en el misterio mismo del pecado.

¿Quién vio en más estrechez gloria más plena,
y a Dios como el menor de los humanos?
Llorando en el pesebre, pies y manos
le faja una doncella nazarena.

En plenitud de vida y de sendero,
dio el paso hacia la muerte porque él quiso.
Mirad de par en par el paraíso
abierto por la fuerza de un Cordero.

Vinagre y sed la boca, apenas gime;
y, al golpe de los clavos y la lanza,
un mar de sangre fluye, inunda, avanza
por tierra, mar y cielo, y los redime.

Ablándate, madero, tronco abrupto
de duro corazón y fibra inerte;
doblégate a este peso y esta muerte
que cuelga de tus ramas como un fruto.

Tú, solo entre los árboles, crecido
para tender a Cristo en tu regazo;
tú, el arca que nos salva; tú, el abrazo
de Dios con los verdugos del Ungido.

Al Dios de los designios de la historia,
que es Padre, Hijo y Espíritu, alabanza;
al que en la cruz devuelve la esperanza
de toda salvación, honor y gloria. Amén.

SALMODIA: (Sentado. A dos coros)

Antífona 1

Salmista:

Dios no perdonó a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros.

SALMO 50: MISERICORDIA, DIOS MÍO

Misericordia, Dios mío, por tu bondad,
por tu inmensa compasión borra mi culpa;
lava del todo mi delito,
limpia mi pecado.

Pues yo reconozco mi culpa,
tengo siempre presente mi pecado:
contra ti, contra ti sólo pequé,
cometí la maldad que aborreces.

En la sentencia tendrás razón,
en el juicio resultarás inocente.
Mira, en la culpa nací,
pecador me concibió mi madre.

Te gusta un corazón sincero,
y en mi interior me inculcas sabiduría.
Rocíame con el hisopo: quedaré limpio;
lávame: quedaré más blanco que la nieve.

Hazme oír el gozo y la alegría,
que se alegren los huesos quebrantados.
Aparta de mi pecado tu vista,
borra en mí toda culpa.

Oh Dios, crea en mí un corazón puro,
renuévame por dentro con espíritu firme;
no me arrojes lejos de tu rostro,
no me quites tu santo espíritu.

Devuélveme la alegría de tu salvación,
afiánzame con espíritu generoso:
enseñaré a los malvados tus caminos,
los pecadores volverán a ti.

¡Líbrame de la sangre, oh Dios,
Dios, Salvador mío!,
y cantará mi lengua tu justicia.
Señor, me abrirás los labios,
y mi boca proclamará tu alabanza.

Los sacrificios no te satisfacen:
si te ofreciera un holocausto, no lo querrías.
Mi sacrificio es un espíritu quebrantado;
un corazón quebrantado y humillado,
tú no lo desprecias.

Señor, por tu bondad, favorece a Sión,
reconstruye las murallas de Jerusalén:
entonces aceptarás los sacrificios rituales,
ofrendas y holocaustos,
sobre tu altar se inmolarán novillos.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Todos:

Dios no perdonó a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros.

(Breve pausa para reflexionar)

Antífona
Salmista:

Jesucristo nos amó y nos ha librado de nuestros pecados por su sangre.

CÁNTICO: HABACUC 3, 2-4.13A.15-19: JUICIO DE DIOS

Señor, he oído tu fama,
me ha impresionado tu obra.
En medio de los años, realízala;
en medio de los años, manifiéstala;
en el terremoto, acuérdate de la misericordia.

El Señor viene de Temán;
el Santo, del monte Farán:
su resplandor eclipsa el cielo,
la tierra se llena de su alabanza;
su brillo es como el día,
su mano destella velando su poder.

Sales a salvar a tu pueblo,
a salvar a tu ungido;
pisas el mar con tus caballos,
revolviendo las aguas del océano.

Lo escuché y temblaron mis entrañas,
al oírlo se estremecieron mis labios;
me entró un escalofrío por los huesos,
vacilaban mis piernas al andar;
gimo ante el día de angustia
que sobreviene al pueblo que nos oprime.

Aunque la higuera no echa yemas
y las viñas no tienen fruto,
aunque el olivo olvida su aceituna
y los campos no dan cosechas,
aunque se acaban las ovejas del redil
y no quedan vacas en el establo,
yo exultaré con el Señor,
me gloriaré en Dios, mi salvador.

El Señor soberano es mi fuerza,
él me da piernas de gacela
y me hace caminar por las alturas.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Todos:

Jesucristo nos amó y nos ha librado de nuestros pecados por su sangre.

(Breve pausa para reflexionar)

Antífona 3

Salmista:

Tu Cruz adoramos, Señor, y tu santa resurrección alabamos y glorificamos; por el madero ha venido la alegría al mundo entero.

SALMO 147: ACCIÓN DE GRACIAS POR LA RESTAURACIÓN DE JERUSALÉN

Glorifica al Señor, Jerusalén;
alaba a tu Dios, Sión:
que ha reforzado los cerrojos de tus puertas,
y ha bendecido a tus hijos dentro de ti;
ha puesto paz en tus fronteras,
te sacia con flor de harina.

Él envía su mensaje a la tierra,
y su palabra corre veloz;
manda la nieve como lana,
esparce la escarcha como ceniza;

hace caer el hielo como migajas
y con el frío congela las aguas;
envía una orden, y se derriten;
sopla su aliento, y corren.

Anuncia su palabra a Jacob,
sus decretos y mandatos a Israel;
con ninguna nación obró así,
ni les dio a conocer sus mandatos.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Todos:

Tu Cruz adoramos, Señor, y tu santa resurrección alabamos y glorificamos; por el madero ha venido la alegría al mundo entero.

(Breve pausa para reflexionar)

LECTURA BREVE: (Is 52,13-15)
Lector:

Mirad, mi siervo tendrá éxito, subirá y crecerá mucho. Como muchos se espantaron de él, porque desfigurado no parecía hombre, ni tenía aspecto humano, así asombrará a muchos pueblos, ante él los reyes cerrarán la boca, al ver algo inenarrable y contemplar algo inaudito.

(Se hace una pausa para reflexionar)

En lugar del responsorio se dice:

Todos:

Cristo, por nosotros, se sometió incluso a la muerte, y una muerte de cruz.

CÁNTICO EVANGELICO (CÁNTICO DE ZACARÍAS)

Presidente:

Encima de su cabeza colocaron un letrero con la acusación: "Jesús el Nazareno, el rey de los judíos".

Benedictus (Lc 1, 68-79): EL MESÍAS Y SU PRECUSOR

(De pie. Todos. † Se hace la señal de la cruz mientras se comienza a recitar)

Bendito sea el Señor, Dios de Israel, porque ha visitado y redimido a su pueblo, suscitándonos una fuerza de salvación en la casa de David, su siervo, según lo había predicho desde antiguo por boca de sus santos profetas.

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos y de la mano de todos los que nos odian; realizado la misericordia que tuvo con nuestros padres, recordando su santa alianza y el juramento que juró a nuestro padre Abraham.

Para concedernos que libres de temor, arrancados de la mano de nuestros enemigos, le sirvamos con santidad y justicia, en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo, porque irás delante del Señor a preparar sus caminos, anunciando a su pueblo la salvación, el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios, nos visitará el sol que nace de lo alto, para iluminar a los que viven en tinieblas, y en sombra de muerte, para guiar nuestros pasos por el camino de la paz.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Todos:

Encima de su cabeza colocaron un letrero con la acusación: "Jesús el Nazareno, el rey de los judíos".

PRECES

Presidente:

Adoremos a nuestro Redentor, que por nosotros y por todos los hombres quiso morir y ser sepultado para resucitar de entre los muertos, y supliquémosle diciendo: Señor, ten piedad de nosotros.

Todos:

Señor, ten piedad de nosotros.

Salmista:

Señor y Maestro nuestro, que por nosotros te sometiste incluso a la muerte,
- enséñanos a someternos siempre a la voluntad del Padre.

Salmista:

Tú que, siendo nuestra vida, quisiste morir en la cruz para destruir la muerte y todo su poder,
- haz que contigo sepamos morir también al pecado y resucitar contigo a una vida nueva.

Salmista:

Rey nuestro, que como un gusano fuiste el desprecio del pueblo y la vergüenza de la gente,
- haz que tu Iglesia no se acobarde ante la humillación, sino que, como tú, proclame en toda circunstancia el honor del Padre.

Salmista:

Salvador de todos los hombres, que diste tu vida por los hermanos,
- enséñanos a amarnos mutuamente con un amor semejante al tuyo.

Salmista:

Tú que al ser elevado en la cruz atrajiste hacia ti a todos los hombres,
- reúne en tu reino a todos los hijos de Dios dispersos por el mundo.

Presidente:

Y ahora digamos todos juntos la oración que Cristo, el Señor, nos ha enseñado:

TODOS:

Padre Nuestro…

ORACIÓN

Presidente:

Mira, Señor de bondad, a tu familia santa, por la cual Jesucristo, nuestro Señor, aceptó el tormento de la cruz, entregándose a sus propios enemigos. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Todos:

Amén.

Conclusión:

Si preside un Presbítero: Da la bendición, con la formula acostumbrada.
Si la dirige un Seglar: El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna. Todos: Amén.
Seglar: Bendigamos al Señor.
Todos: Demos gracias a Dios.

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» Manual de la ANE » Vigilia extraordinaria de Jueves Santo


La Vigilia de la Adoración Nocturna es esencialmente una Vigilia de oración y adoración centrada en la Eucaristía, en nombre de toda la Íglesia. Nunca podrán faltar en nuestras vigilias: la oración personal y la oración litúrgica comunitaria que nos vincula a la Íglesia.


La Liturgia de las Horas es la oración que la Íglesia, en unión con Jesucristo, su Cabeza, y por medio de Él, ofrece a Dios. Se llama de las horas porque se efectúa en los principales momentos de cada día, que así es santificado junto con la actividad de los hombres (Laudes al comenzar el día; Vísperas al caer la tarde, Completas al acostarse...).
El Oficio de Lectura, desde los primeros siglos de la Íglesia, era la oración nocturna de los monjes mientras los hombres descansan; la alabanza y la oración del Señor no debe interrumpirse ni durante la noche.