DOMINGO IV
del Manual de la Adoración Nocturna Española

Ir a » Vísperas » Presentación de adoradores » Vigilia nocturna » Laudes » Preces expiatorias

I Vísperas

INVOCACIÓN INICIAL

De pie

Presidente:
Dios mío, ven en mi auxilio.
Todos:
Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre por los siglos de los siglos. Amén. (Aleluya).

HIMNO

Hoy rompe la clausura
del surco empedernido
el grano en él hundido
por nuestra mano dura;
y hoy da su flor primera
la rama sin pecado
del árbol mutilado
por nuestra mano fiera.

Hoy triunfa el buen Cordero
que, en esta tierra impía,
se dio con alegría
por el rebaño entero;
y hoy junta su extraviada
majada y la conduce
al sitio en que reluce
la luz resucitada.

Hoy surge, viva y fuerte,
segura y vencedora,
la Vida que hasta ahora
yacía en honda muerte;
y hoy alza del olvido
sin fondo y de la nada
al alma rescatada
y al mundo redimido. Amén.

SALMODIA

Sentados

Antífona 1

Todos:

Desead la paz a Jerusalén.

      Domingo IV de Adviento: Mirad: vendrá el deseado de todos los pueblos, y se llenará de gloria la casa del Señor. Aleluya.
      Domingo IV de Cuaresma: Vamos alegres a la casa del Señor.
      Domingo IV de Pascua: Que la paz de Cristo actúe de árbitro en vuestro corazón. Aleluya.

Salmo 121
LA CIUDAD SANTA DE JERUSALÉN
Os habéis acercado al monte Sion, ciudad del Dios vivo, Jerusalén del cielo (Hb 12,22).

Recitado a dos coros

¡Qué alegría cuando me dijeron:
"Vamos a la casa del Señor!"
Ya están pisando nuestros pies
tus umbrales, Jerusalén.

Jerusalén está fundada
como ciudad bien compacta.
Allá suben las tribus,
las tribus del Señor.

Según la costumbre de Israel,
a celebrar el nombre del Señor;
en ella están los tribunales de justicia,
en el palacio de David.

Desead la paz a Jerusalén:
"Vivan seguros los que te aman,
haya paz dentro de tus muros,
seguridad en tus palacios".

Por mis hermanos y compañeros,
voy a decir: "La paz contigo".
Por la casa del Señor, nuestro Dios,
te deseo todo bien.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Se puede repetir, o no, la Antífona 1
Breve pausa

Antífona 2

Todos:

Desde la aurora hasta la noche, mi alma aguarda al Señor.

      Domingo IV de Adviento: Ven, Señor, y no tardes: perdona los pecados de tu pueblo, Israel.
      Domingo IV de Cuaresma: Despierta, tú que duermes, levántate de entre los muertos, y Cristo será tu luz.
      Domingo IV de Pascua: Con tu sangre nos compraste para Dios. Aleluya.

SALMO 129
DESDE LO HONDO A TI GRITO, SEÑOR
Él salvará a su pueblo de los pecados (Mt 1, 21).

Recitado a dos coros

Desde lo hondo a ti grito, Señor;
Señor, escucha mi voz;
estén tus oídos atentos
a la voz de mi súplica.

Si llevas cuenta de los delitos, Señor,
¿quién podrá resistir?
Pero de ti procede el perdón,
y así infundes respeto.

Mi alma espera en el Señor,
espera en su palabra;
mi alma aguarda al Señor,
más que el centinela a la aurora.

Aguarde Israel al Señor,
como el centinela a la aurora;
porque del Señor viene la misericordia,
la redención copiosa;
y él redimirá a Israel
de todos sus delitos.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Se puede repetir, o no, la Antífona 2
Breve pausa

Antífona 3

Todos:

Al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo y en la tierra. Aleluya.

      Domingo IV de Adviento: Mirad: se cumple ya el tiempo en el que Dios envía a su Hijo al mundo.
       Domingo IV de Cuaresma: Dios, por el gran amor con que nos amó, estando nosotros muertos por los pecados, nos ha hecho vivir con Cristo.
      Domingo IV de Pascua: ¿No era necesario que el Mesías padecerá esto para entrar en su gloria? Aleluya.

Cántico     Flp 2, 6-11

CRISTO, SIERVO DE DIOS, EN SU MISTERIO PASCUAL

Recitado a dos coros

Cristo, a pesar de su condición divina,
no hizo alarde de su categoría de Dios;
al contrario, se despojó de su rango
y tomó la condición de esclavo,
pasando por uno de tantos.

Y así, actuando como un hombre cualquiera,
se rebajó hasta someterse incluso a la muerte,
y una muerte de cruz.

Por eso Dios lo levantó sobre todo
y le concedió el “Nombre-sobre-todo-nombre”;
de modo que al nombre de Jesús
toda rodilla se doble
en el cielo, en la tierra, en el abismo,
y toda lengua proclame:
Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Se puede repetir, o no, la Antífona 3
Breve pausa

Si el rezo de Vísperas se une a la celebración de la Eucaristía, después del Cántico, se comienza la Liturgia de la Palabra de la Misa con el Gloria (o si no hay Gloria, con la oración Colecta) suprimiendo todo lo demás de las Vísperas excepto el Magníficat que se canta después de la Comunión. Si las Vísperas no están incorporadas a la Misa, se continúa de la manera siguiente:

LECTURA BREVE    2P 1, 19-20

El lector proclama la lectura desde el lugar donde habitualmente se proclama la Palabra en la Misa.

Lector:

Esto nos confirma la palabra de los profetas, y hacéis muy bien en prestadles atención, como a una lámpara que brilla en un lugar oscuro, hasta que despunte el día, y el lucero nazca en vuestros corazones. Ante todo, tened presente que ninguna predicción de la Escritura, está a merced de interpretaciones personales; porque ninguna predicción antigua aconteció por designio humano; hombres como eran, hablaron de parte de Dios, movidos por el Espíritu Santo.

Se hace una breve pausa para reflexionar.

RESPONSORIO BREVE

Salmista:

De la salida del sol hasta su ocaso. Alabado sea el nombre del Señor.

Todos:

De la salida del sol hasta su ocaso, alabado sea el nombre del Señor.

Salmista:

Su gloria sobre los cielos.

Todos:

Alabado sea el nombre del Señor.

Salmista:

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Todos:

De la salida del sol hasta su ocaso. Alabado sea el nombre del Señor.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Antífona

Es conveniente recitar la Antífona propia del día, que pude buscarse en la Liturgia de las Horas; si esto no fuera posible se dice:

Todos:
¡Qué bueno es, Señor, tu espíritu! Para demostrar a tus hijos tu ternura, les has dado un pan delicioso bajado del cielo, que colma de bienes a los hambrientos, y deja vacíos a los ricos hastiados.

Magníficat    Lc 1, 46-55

ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR

Recitado a dos coros o conjuntamente por todos

De pie. Todos. + Se hace la señal de la cruz mientras se comienza a recitar

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi Salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí,
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de la misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abrahán y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Todos:

¡Qué bueno es, Señor, tu espíritu! Para demostrar a tus hijos tu ternura, les has dado un pan delicioso bajado del cielo, que colma de bienes a los hambrientos, y deja vacíos a los ricos hastiados.

Breve pausa

PRECES

Presidente:

Invoquemos a Cristo, alegría de cuantos se refugian en él, y digámosle: Míranos y escúchanos, Señor.

Todos:

Míranos y escúchanos, Señor.

Esta respuesta puede repetirse después de cada una de las peticiones, o bien usar como respuesta la segunda parte de la petición.

Testigo fiel y primogénito de entre los muertos, que nos has librado de nuestros pecados por tu sangre,
- no permitas que olvidemos nunca tus beneficios.

Haz que aquellos a quienes elegiste como mensajeros de tu Evangelio,
- sean siempre fieles y celosos administradores de los misterios del reino.

Rey de la paz, concede abundantemente tu Espíritu a los que gobiernan las naciones,
- para que atiendan con interés a los pobres postergados.

Sé ayuda para cuantos son víctimas de cualquier segregación por causa de su raza, color, condición social, lengua o religión,
- y haz que todos reconozcan su dignidad y respeten sus derechos.

A los que han muerto en tu amor, dales también parte en tu felicidad,
- con María y con todos sus santos.

Presidente:

Porque Jesús ha resucitado, todos somos hijos de Dios; por eso nos atrevemos a decir:

Todos:

Padre nuestro.

El Presidente dice a continuación la Oración propia del día o, si no es posible, la siguiente:

Oración

Oh Dios, que en este sacramento admirable nos dejaste el memorial de tu Pasión; te pedimos nos concedas venerar de tal modo los sagrados misterios de tu Cuerpo y de tu Sangre, que experimentemos constantemente en nosotros el fruto de tu redención. Tú, que vives y reinas con el Padre, en la unidad del Espíritu Santo, y eres Dios por los siglos de los siglos. Amén.

CONCLUSIÓN

Cuando preside la celebración el Obispo, un presbítero o diácono

Presidente:

El Señor esté con vosotros.

Todos:

Y con tu espíritu.

Presidente:

La bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre vosotros.

Todos:
Amén.

Si dirige la oración un laico

Presidente:

El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.

Todos:

Amén.

Terminadas las Vísperas, se celebra la Eucaristía; después de la Comunión, el sacerdote expone el Santísimo; terminada la oración de después de la Comunión, se inciensa el sacramento en la forma acostumbrada. Si las Vísperas se han unido a la Misa, después de la Comunión, el sacerdote expone el Santísimo; luego se dice el Magníficat con su Antífona. Durante el Magníficat, el sacerdote inciensa el Sacramento, el altar y la asamblea. A continuación, dice la oración de después de la Comunión.
Ante el Santísimo expuesto, los adoradores oran un rato en silencio. Luego se recita la presentación de adoradores y, después, de un espacio de adoración en común, se inicia la vigilia nocturna de la Liturgia de las Horas.
Concluido el Invitatorio y antes de comenzar el Himno se retiran todos los adoradores, excepto los que han de hacer el primer turno. A lo largo de la noche, cada nuevo turno hará la vigilia nocturna de la Liturgia de las Horas seguida de media hora de silencio para la oración personal.

Ir a inicio

ORACIÓN DE PRESENTACIÓN DE ADORADORES

De rodillas

Lector:

¡Señor Jesús!

Como Pedro, Santiago y Juan, que oyeron tu voz angustiada en el Huerto de los Olivos al decirles: "Velad conmigo" (Mt 26,36). También nosotros en esta noche la escuchamos y queremos estar muy cerca de ti.

La maravillosa realidad de tu presencia eucarística nos recuerda la salvación que nos trajiste y alimenta nuestra esperanza en la salvación definitiva que aguardamos.

Por eso, esta noche, nuestra Vigilia quiere ser acción de gracias anticipada por el encuentro final que esperamos, expresión del propósito de vivir vigilantes todos los días de nuestra vida, en espera de ese encuentro definitivo.

Como Pedro, Santiago y Juan, queremos estar muy cerca de ti.

Pobres y débiles como ellos, aquí estamos con nuestros pecados, nuestra pequeñez, nuestra esencial limitación.

Por intercesión de María, tu Madre, cuyo sí hizo posible tu venida entre nosotros, te presentamos humildemente nuestra oración para que, unida a la tuya, se convierta en alabanza perfecta al Padre y en la salvación para todos los hombres. Amén.

Ir a inicio

VIGILIA NOCTURNA

Invitatorio

De pie

Presidente:

Señor, ábreme los labios.

Todos:

Y mi boca proclamará tu alabanza.

Antífona

Salmista:

Pueblo del Señor, rebaño que él guía, venid adorémosle. Aleluya.

Todos:

Pueblo del Señor, rebaño que él guía, venid adorémosle. Aleluya.

      Tiempo de Adviento (hasta el 16 de diciembre): Al Rey que viene, al Señor que se acerca, venid, adorémosle.
      Tiempo de Adviento (desde el día 17 al 23 de diciembre): El Señor está cerca, venid, adorémosle.
      Tiempo de Navidad: A Cristo, que por nosotros ha nacido, venid, adorémosle.
      Tiempo de Cuaresma: Venid, adoremos a Cristo, el Señor, que por nosotros fue tentado y por nosotros murió.
      Tiempo de Pascua: Verdaderamente ha resucitado el Señor. Aleluya.

Salmo 99

ALEGRÍA DE LOS QUE ENTRAN EN EL TEMPLO
El Señor manda que los redimidos entonen un himno de victoria (S. Atanasio).

Salmista:

Aclama al Señor, tierra entera,
servid al Señor con alegría,
entrad en su presencia con vítores.

Repiten todos la Antífona.
Salmista

Sabed que el Señor es Dios:
que Él nos hizo y somos suyos,
su pueblo y ovejas de su rebaño.

Repiten todos la Antífona.
Salmista

Entrad por sus puertas con acción de gracias,
por sus atrios con himnos,
dándole gracias y bendiciendo su nombre.

Repiten todos la Antífona.
Salmista

"El Señor es bueno,
su misericordia es eterna,
su fidelidad por todas las edades".

Repiten todos la Antífona.
Salmista

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Repiten todos la Antífona.

TURNO DE VELA

HIMNO

¿Qué ves en la noche,
dinos, centinela?
Dios como un almendro
con la flor despierta,
Dios, que nunca duerme,
busca quien no duerma,
y entre diez vírgenes
sólo hay cinco en vela.

Gallos vigilantes
que la noche alertan.
Quien negó tres veces
otras tres confiesa,
y pregona el llanto
lo que el miedo niega.

Muerto lo bajaban
a la tumba nueva.
Nunca tan adentro
tuvo al sol la tierra.
Daba el monte gritos,
piedra contra piedra.

Vi los cielos nuevos
y la tierra nueva.
Cristo entre los vivos,
y la muerte muerta.
Dios en las criaturas,
¡y eran todas buenas! Amén.

SALMODIA

Sentados

Antífona 1

Todos:

¿Quién puede subir al monte del Señor? ¿Quién puede estar en el recinto sacro?

      Domingo IV de Adviento: Mirad, viene ya el Rey excelso, con gran poder, para salvar a todos los pueblos. Aleluya.
      Domingo IV de Cuaresma: ¿Quién puede subir al monte del Señor? ¿quién puede estar en el recinto sacro?
      Domingo IV de Pascua: Aleluya. La piedra ha sido removida de la entrada del sepulcro. Aleluya.

Salmo 23

ENTRADA SOLEMNE DE DIOS EN SU TEMPLO
Las puertas del cielo se abren ante Cristo que, como hombre, sube al cielo (S. Ireneo).

Recitado a dos coros
I

Del Señor es la tierra y cuanto la llena,
el orbe y todos sus habitantes:
él la fundó sobre los mares,
él la afianzó sobre los ríos.

¿Quién puede subir al monte del Señor?
¿Quién puede estar en el recinto sacro?

El hombre de manos inocentes
y puro corazón,
que no confía en los ídolos
ni jura contra el prójimo en falso.
Ese recibirá la bendición del Señor,
le hará justicia el Dios de salvación.

Este es el grupo que busca al Señor,
que viene en tu presencia, Dios de Jacob.

¡Portones! Alzad los dinteles,
que se alcen las antiguas compuertas:
va a entrar el Rey de la gloria.

¿Quién ese Rey de la gloria?
El Señor, héroe valeroso;
el Señor, héroe de la guerra.

¡Portones! Alzad los dinteles,
que se alcen las antiguas compuertas:
va a entrar el Rey de la gloria.

¿Quién es ese Rey de la gloria?
El Señor, Dios de los ejércitos.
Él es el Rey de la gloria.

Gloria al Padre, al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Se puede repetir la Antífona 1. Breve pausa.

Antífona 2

Todos:

Bendecid, pueblos, a nuestro Dios, porque él nos ha devuelto la vida. Aleluya.

      Domingo IV de Adviento: Alégrate y goza, hija de Jerusalén: mira a tu Rey que viene; no temas, Sión, tu salvación está cerca.
       Domingo IV de Cuaresma: Bendecid, pueblos, a nuestro Dios, porque él nos ha devuelto la vida.
       Domingo IV de Pascua: Aleluya. ¿A quién buscas, mujer?, ¿al que vive entre los muertos? Aleluya.

SALMO 65

HIMNO PARA UN SACRIFICIO DE ACCIÓN DE GRACIAS
Sobre la resurrección del Señor y la conversión de los pueblos (Hesiquio).

Recitado a dos coros

I

Aclamad al Señor, tierra entera;
tocad en honor de su nombre,
cantad himnos a su gloria.

Decid a Dios: "¡Qué temibles son tus obras,
por tu inmenso poder tus enemigos te adulan!".

Que se postre ante ti la tierra entera,
que toquen en tu honor,
que toquen para tu nombre.

Venid a ver las obras de Dios,
sus temibles proezas a favor de los hombres:
transformó el mar en tierra firme,
a pie atravesaron el río.

Alegrémonos con Dios,
que con su poder gobierna eternamente;
sus ojos vigilan a las naciones,
para que no se subleven los rebeldes.

Bendecid, pueblos, a nuestro Dios,
haced resonar sus alabanzas,
porque él nos ha devuelto la vida
y no dejó que tropezaran nuestros pies.

Oh Dios, nos pusiste a prueba,
nos refinaste como refinan la plata;
nos empujaste a la trampa,
nos echaste a cuestas un fardo:

Sobre nuestro cuello cabalgaban,
pasamos por fuego y por agua,
pero nos has dado un respiro.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Se puede repetir o no la Antífona 2
Breve pausa

Antífona 3

Todos:

Fieles de Dios, venid a escuchar lo que el Señor ha hecho conmigo. Aleluya.

      Domingo IV de Adviento: Salgamos con corazón limpio a recibir al Rey supremo, porque está para venir y no tardará.
      Domingo IV de Cuaresma: Fieles de Dios, venid a escuchar lo que el Señor ha hecho conmigo.
      Domingo IV de Pascua: Aleluya. No llores, María; ha resucitado el Señor. Aleluya.

II

Recitado a dos coros

Entraré en tu casa con víctimas,
para cumplirte mis votos:
los que pronunciaron mis labios
y prometió mi boca en el peligro.

Te ofreceré víctimas cebadas,
te quemaré carneros,
inmolaré bueyes y cabras.

Fieles de Dios, venid a escuchar,
os contaré lo que ha hecho conmigo:
a él gritó mi boca
y lo ensalzó mi lengua.

Si hubiera tenido yo mala intención,
el Señor no me habría escuchado;
pero Dios me escuchó,
y atendió a mi voz suplicante.

Bendito sea Dios, que no rechazó mi súplica
ni me retiró su favor.

Gloria al Padre, al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio. Ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Puede repetirse o no la Antífona 3
Breve pausa

LECTURAS

Salmista:

La palabra de Dios es viva y eficaz.

Todos:

Más tajante que espada de doble filo.

Lector

De la primera Carta del apóstol S. Pablo a los Corintios 11, 20-32

Y cuando os reunís, no es para comer la cena del Señor, porque cada uno se adelanta a comer su propia cena, y mientras uno pasa hambre, otro está ebrio. Pero ¿es que no tenéis casas para comer y beber?¿O en tan poco tenéis la Iglesia de Dios, y así avergonzáis a los que no tienen? ¿Qué voy a deciros? ¿Os alabaré? En esto no puedo alabaros.

Porque yo he recibido del Señor lo que os he transmitido: que el Señor Jesús, en la noche en que fue entregado, tomó el pan y, después de dar gracias, lo partió, y dijo: Esto es mi cuerpo, que se da por vosotros; haced esto en memoria mía. Y así mismo, después de cenar, tomó el cáliz, diciendo: Este es el cáliz de la Nueva Alianza en mi sangre; cuantas veces lo bebáis, haced esto en memoria mía. Pues cuantas veces comáis este pan y bebáis este cáliz, anunciáis la muerte del Señor hasta que Él venga. Así, pues, quien come el pan y bebe el cáliz del Señor indignamente, será reo del cuerpo y de la sangre del Señor. Examínese, pues, el hombre a sí mismo, y entonces coma del pan y beba del cáliz; pues el que come y bebe sin discernir el Cuerpo, come y bebe su propia condenación.

Por eso hay entre vosotros muchos flacos y débiles y muchos dormidos. Si nos juzgásemos a nosotros mismos, no seríamos condenados. Mas juzgados por el Señor, somos corregidos para no ser condenados con el mundo.

Se hace una breve pausa para reflexionar

RESPONSORIO

Todos:

El Señor Jesús, en la noche en que iba a ser entregado, tomó un pan y, pronunciando la acción de gracias, lo partió y dijo: esto es mi cuerpo que se entrega por vosotros. Haced esto en memoria mía.

Salmista:

Lo mismo hizo con el cáliz, después de cenar, diciendo: Este cáliz es la nueva alianza sellada con mi sangre.

Todos:

Haced esto es memoria mía.

SEGUNDA LECTURA

Desde un lugar apropiado (a poder ser, diferente del que se usa para proclamar las lecturas bíblicas), el lector proclama la lectura escogida especialmente para la vigilia, o la lectura y responsorio siguientes:

Lector:

De la encíclica “Redemptor Hominis”, del papa Juan Pablo II.

Es verdad esencial, no sólo doctrinal, sino también existencial, que la Eucaristía construye la Iglesia, y la construye como auténtica comunidad del Pueblo de Dios, como asamblea de los fieles, marcada por el mismo carácter de unidad del cual participan los Apóstoles y los primeros discípulos del Señor. La Eucaristía la construye y la regenera a base del sacrificio de Cristo mismo, porque conmemora su muerte en la cruz con cuyo precio hemos sido redimidos por Él. Por esto en la Eucaristía tocamos en cierta manera el misterio mismo del Cuerpo y de la Sangre del Señor, como atestiguan las mismas palabras en el momento de la institución, las cuales, en virtud de ésta, han llegado a ser las palabras de la celebración perenne de la Eucaristía por parte de los llamados a este ministerio en la Iglesia.

La Iglesia vive de la Eucaristía, vive de la plenitud de este Sacramento, cuyo maravilloso contenido y significado han encontrado a menudo su expresión en el Magisterio de la Iglesia desde los tiempos más remotos hasta nuestros días.

Sin embargo, podemos decir con certeza que esta enseñanza –sostenida por la agudeza de los teólogos, por los hombres de fe profunda y de oración, por los ascetas y místicos, en toda su fidelidad al misterio eucarístico- queda casi sobre el umbral, siendo incapaz de alcanzar y de traducir en palabras lo que es la Eucaristía en toda su plenitud, lo que expresa y lo que en ella se realiza. En efecto, ella es el Sacramento inefable. El empeño esencial y, sobre todo, la gracia visible y fuente de la fuerza sobrenatural de la Iglesia como Pueblo de Dios, es el perseverar y avanzar constantemente en la vida eucarística, en la plenitud eucarística, el desarrollo espiritual en el clima de la Eucaristía. Con mayor razón, pues, no es lícito ni en el pensamiento, ni en la vida, ni en la acción, quitar a este sacramento, verdaderamente santísimo, su dimensión plena, y su significado esencial. Es al mismo tiempo Sacramento-Sacrificio, Sacramento-Comunión, Sacramento-Presencia. Y aunque es verdad que la Eucaristía fue siempre y debe ser ahora la más profunda revelación y celebración de la fraternidad humana de los discípulos y confesores de Cristo, no puede ser tratada sólo como una "ocasión" para manifestar esta fraternidad.

Al celebrar el Sacramento del Cuerpo y de la Sangre del Señor, es necesario respetar la plena dimensión del misterio divino, el sentido pleno de este signo sacramental en el cual Cristo, realmente presente, es recibido, el alma se llena de gracias y es dada la prenda de la futura gloria. De aquí deriva el deber de una rigurosa observancia de las normas litúrgicas y de todo lo que atestigua el culto comunitario tributado a Dios mismo, tanto más porque, en este signo sacramental, Él se entrega a nosotros con confianza ilimitada, como si no tomase en consideración nuestra debilidad humana, nuestra indignidad, los hábitos, las rutinas o, incluso, la posibilidad de ultraje.

Toda la Iglesia, pero sobre todo los obispos y los sacerdotes deben vigilar para que este Sacramento de amor sea el centro de la vida del Pueblo de Dios, para que, a través de todas las manifestaciones del culto debido, se procure devolver a Cristo "amor por amor", para que Él llegue a ser verdaderamente "vida de nuestras almas". Ni, por otra parte, podremos olvidar jamás las siguientes palabras de san Pablo: "Examínese, pues, el hombre a sí mismo, y entonces como el pan y beba el cáliz" (1Cor 11,28).

Se hace una breve pausa para reflexionar

RESPONSORIO

Todos:

El que come mi carne y bebe mi sangre, en mi permanece y yo en él.

Salmista:

No hay nación, por grande que sea, que tenga tan cercanos a sí los dioses como nuestro Dios está cerca de nosotros.

Todos:

En mí permanece y yo en él.

A continuación, todos los domingos del año, excepto en tiempo de Cuaresma, se dice el siguiente:

HIMNO FINAL. Te Deum

De pie

A ti, oh Dios, te alabamos,
a ti, Señor, te reconocemos.

A ti, eterno Padre,
te venera toda la creación.

Los ángeles todos, los cielos
y todas las potestades te honran.

Los querubines y serafines
te cantan sin cesar:

Santo, Santo, Santo es el Señor,
Dios del universo.

Los cielos y la tierra
están llenos de la majestad de tu gloria.

A ti te ensalza
el glorioso coro de los apóstoles,
la multitud admirable de los profetas,
el blanco ejército de los mártires.

A ti la Iglesia santa,
extendida por toda la tierra,
te proclama:

Padre de inmensa majestad,
Hijo único y verdadero, digno de adoración,
Espíritu Santo, Paráclito.

Tú eres el Rey de la gloria, Cristo.

Tú eres el Hijo único del Padre.

Tú, para liberar al hombre,
aceptaste la condición humana
sin desdeñar el seno de la Virgen.

Tú, rotas las cadenas de la muerte,
abriste a los creyentes el reino del cielo.

Tú te sientas a la derecha de Dios
en la gloria del Padre.

Creemos que un día
has de venir como juez.

Te rogamos, pues,
que vengas en ayuda de tus siervos,
a quienes redimiste con tu preciosa sangre.

Haz que en la gloria eterna
nos asociemos a tus santos.

Salva a tu pueblo, Señor,
y bendice tu heredad.

Sé su pastor
y ensálzalo eternamente.

Día tras día te bendecimos
y alabamos tu nombre para siempre,
por eternidad de eternidades.

Dígnate, Señor, en este día
guardarnos del pecado.

Ten piedad de nosotros, Señor,
ten piedad de nosotros.

Que tu misericordia, Señor,
venga sobre nosotros,
como lo esperamos de ti.

En ti, Señor, confié,
no me veré defraudado por siempre.

Oración
Presidente:

Oh Dios, que en este sacramento admirable nos dejaste el memorial de tu Pasión; te pedimos nos concedas venerar de tal modo los sagrados misterios de tu cuerpo y de tu sangre, que experimentemos constantemente en nosotros el fruto de tu redención. Tú, que vives y reinas con el Padre en la unidad del Espíritu Santo, y eres Dios por los siglos de los siglos. Amén.

Terminada la Vigilia nocturna, es conveniente que los adoradores permanezcan en silencio para la oración personal.
Antes de acabar la hora de la vela, se rezan en común las preces expiatorias.
Al acabar la vigilia, por la mañana, se reúnen los adoradores para el rezo de Laudes.

Ir a inicio

LAUDES

INVOCACIÓN INICIAL

De pie

Presidente:

Dios mío, ven en mi auxilio.

Todos:

Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. (Aleluya).

HIMNO

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo,
salimos de la noche y estrenamos la aurora;
saludamos el gozo de la luz que nos llega
resucitada y resucitadora.

Tu mano acerca el fuego a la tierra sombría,
y el rostro de las cosas se alegra en tu presencia;
silabeas el alba igual que una palabra,
tu pronuncias el mar como sentencia.

Regresa, desde el sueño, el hombre a su memoria,
acude a su trabajo, madruga a sus dolores;
le confías la tierra, y a la tarde la encuentras
rica de pan y amarga de sudores.

Y tú te regocijas, oh Dios, y tú prolongas
en sus pequeñas manos tus manos poderosas,
y estáis de cuerpo entero los dos así creando,
los dos así velando por las cosas.

¡Bendita la mañana que trae la noticia
de tu presencia joven, en gloria y poderío,
la serena certeza con que el día proclama
que el sepulcro de Cristo está vacío! Amén.

SALMODIA

Sentados

Antífona 1

Todos:

Dad gracias al Señor, porque es eterna su misericordia. Aleluya.

      Domingo IV de Adviento: Tocad las trompetas en Sion, porque está cerca el día del Señor. Mirad: viene a salvarnos. Aleluya.
      Domingo IV de Cuaresma: Tú eres mi Dios, te doy gracias; Dios mío, yo te ensalzo.
      Domingo IV de Pascua: No he de morir, viviré para contar las hazañas del Señor. Aleluya.

Salmo 117

HIMNO DE ACCIÓN DE GRACIAS DESPUÉS DE LA VICTORIA
Jesús es la piedra que desechasteis vosotros, los arquitectos, y que se ha convertido en piedra angular (Hch 4, 11).

Recitado a dos coros

Dad gracias al Señor porque es bueno,
porque es eterna su misericordia.

Diga la casa de Israel:
eterna es su misericordia.

Diga la casa de Aarón:
eterna es su misericordia.

Digan los fieles del Señor:
eterna es su misericordia.

En el peligro grité al Señor.
y me escuchó, poniéndome a salvo.

El Señor está conmigo: no temo
¿qué podrá hacerme el hombre?
El Señor está conmigo y me auxilia,
veré la derrota de mis adversarios.

Mejor es refugiarse en el Señor
que fiarse de los hombres,
mejor es refugiarse en el Señor
que fiarse de los jefes.

Todos los pueblos me rodeaban,
en el nombre del Señor los rechacé;
me rodeaban cerrando el cerco,
en el nombre del Señor los rechacé;
me rodeaban como avispas,
ardiendo como fuego en las zarzas,
en el nombre del Señor los rechacé.

Empujaban y empujaban para derribarme,
pero el Señor me ayudó;
el Señor es mi fuerza y mi energía,
él es mi salvación.

Escuchad: hay cantos de victoria
en las tiendas de los justos;
"La diestra del Señor es poderosa,
la diestra del Señor es excelsa,
la diestra del Señor es poderosa".

No he de morir, viviré
para contar las hazañas del Señor.
Me castigó, me castigó el Señor,
pero no me entregó a la muerte.

Abridme las puertas del triunfo,
y entraré para dar gracias al Señor.

Esta es la puerta del Señor:
los vencedores entrarán por ella.

Te doy gracias porque me escuchaste
y fuiste mi salvación.

La piedra que desecharon los arquitectos
es ahora la piedra angular.
Es el Señor quien lo ha hecho,
ha sido un milagro patente.

Este es el día en que actuó el Señor:
sea nuestra alegría y nuestro gozo.
Señor, danos la salvación;
Señor, danos prosperidad.

Bendito el que viene en nombre del Señor,
os bendecimos desde la casa del Señor;
el Señor es Dios, él nos ilumina.

Ordenad una procesión con ramos
hasta los ángulos del altar.

Tú eres mi Dios, te doy gracias;
Dios mío, yo te ensalzo.

Dad gracias al Señor porque es bueno,
porque es eterna su misericordia.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Se puede repetir o no la Antífona Breve pausa

Antífona 2

Todos:

Aleluya. Criaturas todas del Señor, bendecid al Señor. Aleluya.

      Domingo IV de Adviento: Vendrá el Señor, salid a su encuentro, diciendo: “Grande es tu origen, y tu reino no tendrá fin: Dios fuerte, dominador, príncipe de la paz”. Aleluya.
      Domingo IV de Cuaresma: Capaz eres, Señor, de líbranos de la mano del poderoso; líbranos, Señor, Dios nuestro.
      Domingo IV de Pascua: Bendito tu nombre, santo y glorioso. Aleluya.

Cántico    Dn3, 52- 57.

QUE LA CREACIÓN ENTERA ALABE AL SEÑOR
¡Bendito el Creador por siempre! (Rm 1, 25).

Salmista:

Bendito eres, Señor, Dios de nuestros padres:

Todos:

A ti gloria y alabanza por los siglos.

Salmista:

Bendito tu nombre, santo y glorioso.

Todos:

A ti gloria y alabanza por los siglos.

Salmista:

Bendito eres en el templo de tu santa gloria:

Todos:

A ti gloria y alabanza por los siglos.

Salmista:

Bendito eres en el trono de tu reino:

Todos:

A ti gloria y alabanza por los siglos.

Salmista:

Bendito eres tú, que sentado sobre querubines
sondeas los abismos:

Todos:

A ti gloria y alabanza por los siglos.

Salmista:

Bendito eres en la bóveda del cielo:

Todos:

A ti gloria y alabanza por los siglos.

Salmista:

Criaturas todas del Señor, bendecid al Señor:

Todos:

A ti gloria y alabanza por los siglos

Salmista:

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Se puede repetir o no la Antífona
Breve pausa

Antífona 3

Todos:

Todo ser que alienta alabe al Señor. Aleluya.

      Domingo IV de Adviento: Tu palabra omnipotente, Señor, vendrá desde su trono real. Aleluya.
      Domingo IV de Cuaresma: Alabad al Señor por sus obras magníficas.
      Domingo IV de Pascua: Dad gloria a nuestro Dios; sus obras son perfectas, sus caminos son justos. Aleluya.

Salmo 150

ALABAD AL SEÑOR
Salmodiad con el espíritu, salmodiad con toda vuestra mente, es decir, glorificad a Dios con el cuerpo y con el alma (Hesiquio).

Recitado a dos coros

Alabad al Señor en su templo,
Alabadlo en su fuerte firmamento.

Alabadlo por sus obras magníficas,
alabadlo por su inmensa grandeza.

Alabadlo tocando trompetas,
alabadlo con arpas y cítaras,

Alabadlo con tambores y danzas,
alabadlo con trompas y flautas.

Alabadlo con platillos sonoros,
alabadlo con platillos vibrantes.

Todo ser que alienta alabe al Señor.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Se puede repetir o no la Antífona 3
Breve pausa

LECTURA BREVE

El lector proclama la lectura desde el lugar donde habitualmente se proclama la Palabra en la Misa

Lector

Haz memoria de Jesucristo, resucitado de entre los muertos, nacido del linaje de David. Es doctrina segura: si morimos con él, viviremos con él. Si perseveramos, reinaremos con él. Si lo negamos, también él nos negará. Si somos infieles, él permanece fiel, porque no puede negarse a sí mismo.

Se hace una breve pausa para reflexionar

RESPONSORIO BREVE

Salmista:

Te damos gracias, oh Dios, invocando tu nombre.

Todos:

Te damos gracias, oh Dios, invocando tu nombre.

Salmista:

Contando tus maravillas.

Todos:

Invocando tu nombre.

Salmista:

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Todos:

Te damos gracias, oh Dios, invocando tu nombre.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Antífona

Es conveniente recitar la Antífona propia del día que puede buscarse en la Liturgia de las Horas; si eso no es posible, se dice lo siguiente:
Todos:

Yo soy el Pan vivo bajado del cielo: el que coma de este Pan vivirá para siempre.

BENEDICTUS    Lc I, 68-79

EL MESÍAS Y SU PRECURSOR

De pie
Recitado a dos coros o conjuntamente por todos.
Durante el Benedictus, si preside un presbítero o diácono, este inciensa el Sacramento, el altar y la asamblea.

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo,
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por boca de sus santos profetas.

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
realizando la misericordia
que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abrahán.

Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tinieblas
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. (todos):

Yo soy el pan bajado del cielo, el que como de este pan vivirá para siempre.

Breve pausa

PRECES

Presidente:

Dios nos ama y sabe lo que nos hace falta; aclamemos, pues, su poder y su bondad, abriendo, gozosos, nuestros corazones a la alabanza y diciendo: Te alabamos, Señor, y confiamos en ti.

Todos:

Te alabamos, Señor, y confiamos en ti

Esta respuesta puede repetirse después de cada una de las peticiones, o bien usar como respuesta la segunda parte de la petición.

Te bendecimos, Dios todopoderoso, Rey del universo, porque a nosotros, injustos y pecadores, nos has llamado al conocimiento de la verdad;
- haz que te sirvamos con santidad y justicia.

Vuélvete hacia nosotros, oh Dios, tú que has querido abrirnos la puerta de tu misericordia,
- y haz que nunca nos apartemos del camino que lleva a la vida.

Ya que hoy celebramos la resurrección del Hijo de tu amor,
- haz que este día transcurra lleno de gozo espiritual.

Da, Señor, a tus fieles el espíritu de oración y de alabanza,
- para que en toda ocasión te demos gracias.

Presidente:

Movidos ahora todos por el mismo Espíritu que nos da Cristo resucitado, acudamos a Dios, de quien somos verdaderos hijos, diciendo:

Todos:

Padre nuestro.

El Presidente dice a continuación la Oración propia del día o, si no es posible, la siguiente:

Oración

Ilumina, Señor, con la luz de la fe nuestros corazones y abrásalos con el fuego de la caridad, para que adoremos resueltamente en espíritu y en verdad, a quien reconocemos en este Sacramento como nuestro Dios y Señor. Que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.

CONCLUSIÓN

Si ha presidido la celebración el Obispo, un presbítero o diácono, da la bendición y reserva en la forma acostumbrada. Si dirige un laico, hombre o mujer, terminada la oración dice:

El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna. Amén.

Hecha genuflexión simple, retira e viril y lo encierra en el sagrario. Entre tanto se canta alguna aclamación eucarística como

Adoremus in aeternum
Sanctissimum Sacramentum.

Se termina con un canto o antífona

Ir a inicio

» Manual de la ANE » Domingo IV


La Vigilia de la Adoración Nocturna es esencialmente una Vigilia de oración y adoración centrada en la Eucaristía, en nombre de toda la Iglesia. Nunca podrán faltar en nuestras vigilias: la oración personal y la oración litúrgica comunitaria que nos vincula a la Iglesia.


La Liturgia de las Horas es la oración que la Iglesia, en unión con Jesucristo, su Cabeza, y por medio de Él, ofrece a Dios. Se llama de las horas porque se efectúa en los principales momentos de cada día, que así es santificado junto con la actividad de los hombres (Laudes al comenzar el día; Vísperas al caer la tarde, Completas al acostarse...).
El Oficio de Lectura, desde los primeros siglos de la Iglesia, era la oración nocturna de los monjes mientras los hombres descansan; la alabanza y la oración del Señor no debe interrumpirse ni durante la noche.