DOMINGO II
del manual de la Adoración Nocturna Española

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I Vísperas

INVOCACIÓN INICIAL

De pie

Presidente:
Dios mío, ven en mi auxilio.
Todos:
Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre por los siglos de los siglos. Amén. (Aleluya).

HIMNO

Nos dijeron de noche que estabas muerto,
y la fe estuvo en vela junto a tu cuerpo;
la noche entera
la pasamos queriendo mover la piedra.

Con la vuelta del sol,
volverá a ver la tierra
la gloria del Señor.

No supieron contarlo los centinelas,
nadie supo la hora ni la manera;
antes del día,
se cubrieron de gloria tus cinco heridas.

Con la vuelta del sol,
volverá a ver la tierra
la gloria del Señor.

Si los cinco sentidos buscan el sueño,
que la fe tenga el suyo vivo y despierto;
la fe velando,
para verte de noche resucitando.

Con la vuelta del sol,
volverá a ver la tierra
la gloria del Señor. Amén.

SALMODIA

Sentados

Antífona 1

Todos:

Lámpara es tu palabra para mis pasos, Señor. Aleluya.

      Domingo II de Adviento: Alégrate y goza, nuevo Sión, porque tu Rey llega con mansedumbre a salvar nuestras almas.
      Domingo II después de Navidad: La Virgen concibió por la palabra de Dios, permaneció virgen, dio a luz al Rey de reyes.
      Domingo II de Cuaresma: Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan y se lo llevó aparte a una montaña alta y se transfiguró delante de ellos.
       Domingo de Ramos: A diario me sentaba en el templo a enseñar y, sin embargo, no me detuvisteis; ahora, flagelado, me lleváis para ser crucificado
      Domingo IV de Pascua: El que realiza la verdad se acerca a la luz. Aleluya.

Salmo 118, 105-112
HIMNO A LA LEY DIVINA
Este es mi mandamiento: que os améis unos a otros (Jn 15,12).

Recitado a dos coros

Lámpara es tu palabra para mis pasos,
luz en mi sendero;
lo juro y lo cumpliré:
guardaré tus justos mandamientos;
¡estoy tan afligido!
Señor, dame vida según tu promesa.

Acepta, Señor, los votos que pronuncio,
enséname tus mandatos;
mi vida está siempre en peligro,
pero no olvido tu voluntad;
los malvados me tendieron un lazo,
pero no me desvié de tus decretos.

Tus preceptos son mi herencia perpetua,
la alegría de mi corazón;
inclino mi corazón a cumplir tus leyes,
siempre y cabalmente.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Se puede repetir, o no, la Antífona 1
Breve pausa

Antífona 2

Todos:

Me saciarás de gozo en tu presencia, Señor. Aleluya.

      Domingo II de Adviento: Fortaleced las manos débiles, robusteced las rodillas vacilantes, decid a los cobardes: "Mirad, nuestro Rey viene en persona y nos salvará". Aleluya.
      Domingo II después de Navidad: Festejad a Jerusalén; el Señor ha derivado hacia ella, como un río, la paz.
      Domingo II de Cuaresma: Su rostro resplandecía como el sol y sus vestidos se volvieron blancos como la luz.
      Domingo de Ramos: El Señor me ayuda, por eso no sentía los ultrajes.
      Domingo VI de Pascua: El Señor, rotas las ataduras de la muerte, ha resucitado. Aleluya.

SALMO 15
EL SEÑOR ES EL LOTE DE MI HEREDAD
Dios resucitó a Jesús rompiendo las ataduras de la muerte (Hch 2,24).

Recitado a dos coros

Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti;
yo digo al Señor: "Tú eres mi bien".
los dioses y señores de la tierra
no me satisfacen.

Multiplican las estatuas
de dioses extraños;
no derramaré sus libaciones con mis manos,
ni tomaré sus nombres en mis labios.

El Señor es el lote de mi heredad y mi copa;
mi suerte está en tu mano:
me ha tocado un lote hermoso,
me encanta mi heredad.

Bendeciré al Señor que me aconseja,
hasta de noche me instruye internamente.
tengo siempre presente al Señor,
con él a mi derecha no vacilaré.

Por eso se me alegra el corazón,
se gozan mis entrañas,
y mi carne descansa serena.
Porque no me entregarás a la muerte,
ni dejarás a tu fiel conocer la corrupción.

Me enseñarás el sendero de la vida,
me saciarás de gozo en tu presencia,
de alegría perpetua a tu derecha.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Se puede repetir, o no, la Antífona 2
Breve pausa

Antífona 3

Todos:

Al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo y en la tierra. Aleluya.

      Domingo II de Adviento: La ley se dio por medio de Moisés, la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo.
      Domingo II después de Navidad: Nos ha nacido Cristo, Dios de Dios, Luz de Luz, el que era en el principio.
      Domingo II de Cuaresma: Moisés y Elías hablaban de su muerte, que iba a consumar en Jerusalén.
      Domingo de Ramos: El Señor Jesús se rebajó hasta someterse incluso a la muerte, y una muerte en cruz.
      Domingo VI de Pascua: ¿No era necesario que el Mesías padeciera esto para entrar en tu gloria? Aleluya.

Cántico Flp 2, 6-11
CRISTO SIERVO DE DIOS, EN SU MISTERIO PASCUAL

Recitado a dos coros

Cristo, a pesar de su condición divina,
no hizo alarde de su categoría de Dios;
al contrario, se despojó de su rango
y tomó la condición de esclavo,
pasando por uno de tantos.

Y así, actuando como un hombre cualquiera,
se rebajó hasta someterse incluso a la muerte,
y una muerte de cruz.

Por eso Dios lo levantó sobre todo
y le concedió el “Nombre-sobre-todo-nombre”;
de modo que al nombre de Jesús
toda rodilla se doble
en el cielo, en la tierra, en el abismo,
y toda lengua proclame:
Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Se puede repetir, o no, la Antífona 3

Breve pausa

Si el rezo de Vísperas se une a la celebración de la Eucaristía, después del Cántico, se comienza la Liturgia de la Palabra de la Misa con el Gloria (o si no hay Gloria, con la oración Colecta) suprimiendo todo lo demás de las Vísperas excepto el Magníficat que se canta después de la Comunión. Si las Vísperas no están incorporadas a la Misa, se continúa de la manera siguiente:

LECTURA BREVE Col 1, 2b-6a

El lector proclama la lectura desde el lugar donde habitualmente se proclama la Palabra en la Misa.

Lector:

Os deseamos la gracia y la paz de Dios, nuestro Padre. En nuestras oraciones damos siempre gracias por vosotros a Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, desde que nos enteramos de vuestra fe en Cristo Jesús y del amor que tenéis a todos los santos. Os anima a esto la esperanza de lo que Dios os tiene reservado en los cielos, que ya conocisteis cuando llegó hasta vosotros por primera vez el Evangelio, la palabra, el mensaje de la verdad. Este se sigue propagando y va dando frutos en el mundo entero, como ha ocurrido entre vosotros.

Se hace una breve pausa para reflexionar.

RESPONSORIO BREVE

Salmista:
De la salida del sol hasta su ocaso, alabado sea el nombre del Señor.
Todos:
De la salida de sol hasta su ocaso, alabado sea el nombre del Señor.
Salmista:
Su gloria sobre los cielos.
Todos:
Alabado sea el nombre del Señor.
Salmista:
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Todos:
De la salida del sol hasta su ocaso, alabado sea el nombre del Señor.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Antífona
Es conveniente recitar la Antífona propia del día, que pude buscarse en la Liturgia de las Horas; si esto no fuera posible se dice:

Todos:
¡Qué bueno es, Señor, tu espíritu! Para demostrar a tus hijos tu ternura, les has dado un pan delicioso bajado del cielo, que colma de bienes a los hambrientos, y deja vacíos a los ricos hastiados.

Magníficat Lc 1, 46-55

ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR
Recitado a dos coros o conjuntamente por todos

De pie. Todos. + Se hace la señal de la cruz mientras se comienza a recitar

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi Salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí,
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de la misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abrahán y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Todos:

¡Qué bueno es, Señor, tu espíritu! Para demostrar a tus hijos tu ternura, les has dado un pan delicioso bajado del cielo, que colma de bienes a los hambrientos, y deja vacíos a los ricos hastiados.

Breve pausa

PRECES

Presidente:

Demos gracias al Señor, que ayuda y protege al pueblo que se ha escogido como heredad, y recordando su amor para con nosotros, supliquémosle, diciendo: Escúchanos, Señor, que confiamos en Ti.

Todos:

Escúchanos, Señor, que confiamos en Ti.

Esta respuesta puede repetirse después de cada una de las peticiones, o bien usar como respuesta la segunda parte de la petición.

Padre lleno de amor, te pedimos por el papa N. y por nuestro obispo N.;
- protégelos con tu fuerza y santifícalos con tu gracia.

Que los enfermos vean en sus dolores una participación de la pasión de tu Hijo,
- para que así tengan también parte en su consuelo.

Mira con piedad a los que no tienen techo donde cobijarse,
- y haz que encuentren pronto el hogar que desean.

Dígnate dar y conservar los frutos de la tierra,
- para que a nadie le falte el pan de cada día.

(o bien)

Guarda, Señor, de todo mal a nuestro país,
- para que goce siempre de paz y prosperidad.

Ten, Señor, piedad de los difuntos
- y ábreles la puerta de tu mansión eterna.

Presidente:

Movidos por el Espíritu Santo, dirijamos al Padre la oración que nos enseñó el Señor.

Todos:

Padre nuestro.

El Presidente dice a continuación la Oración propia del día o, si no es posible, la siguiente:

Oración

Oh Dios, que en este sacramento admirable nos dejaste el memorial de tu Pasión; te pedimos nos concedas venerar de tal modo los sagrados misterios de tu Cuerpo y de tu Sangre, que experimentemos constantemente en nosotros el fruto de tu redención. Tú, que vives y reinas con el Padre, en la unidad del Espíritu Santo, y eres Dios por los siglos de los siglos. Amén.

CONCLUSIÓN

Cuando preside la celebración el Obispo, un presbítero o diácono

Presidente:

El Señor esté con vosotros.

Todos:

Y con tu espíritu.

Presidente:

La bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre vosotros.

Todos:
Amén.

Si dirige la oración un laico

Presidente:

El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.

Todos:

Amén.

Terminadas las Vísperas, se celebra la Eucaristía; después de la Comunión, el sacerdote expone el Santísimo; terminada la oración de después de la Comunión, se inciensa el sacramento en la forma acostumbrada. Si las Vísperas se han unido a la Misa, después de la Comunión, el sacerdote expone el Santísimo; luego se dice el Magníficat con su Antífona. Durante el Magníficat, el sacerdote inciensa el Sacramento, el altar y la asamblea. A continuación, dice la oración de después de la Comunión.
Ante el Santísimo expuesto, los adoradores oran un rato en silencio. Luego se recita la presentación de adoradores y, después, de un espacio de adoración en común, se inicia la vigilia nocturna de la Liturgia de las Horas.
Concluido el Invitatorio y antes de comenzar el Himno se retiran todos los adoradores, excepto los que han de hacer el primer turno. A lo largo de la noche, cada nuevo turno hará la vigilia nocturna de la Liturgia de las Horas seguida de media hora de silencio para la oración personal.

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ORACIÓN DE PRESENTACIÓN DE ADORADORES

De rodillas

Lector:

Creemos, Señor, que estás realmente presente en la Eucaristía, y te adoramos, Jesucristo, Dios y Hombre.

Y porque deseamos expresarte nuestra fe, nuestra esperanza, nuestro amor y nuestro deseo de permanecer siempre contigo,

Todos:

Venimos, Señor, a tu presencia.

Sintiendo la responsabilidad de prolongar en estas horas de la noche la alabanza que te canta toda la creación,

Todos:

Venimos, Señor, a tu presencia.

Para velar contigo esta noche, uniéndonos a tu oración y a tu adoración al Padre, uniéndonos a tu inmolación por toda la humanidad,

Todos:

Venimos, Señor, a tu presencia.

Responsables y representantes de la Iglesia que ora, trabaja, ama, sufre,

Todos:

Venimos, Señor, a tu presencia.

Para llenarnos de ti, para ser luego signo de tu presencia y de tu Amor,

Todos:

Venimos, Señor, a tu presencia.

Deseamos, Señor, fortalecernos con el Pan de Vida para estar siempre disponibles, en actitud de servicio, en entrega constante a ti, a la Iglesia, a los hermanos… Y por eso,

Todos:

Venimos, Señor, a tu presencia.

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VIGILIA NOCTURNA

Invitatorio

De pie

Presidente:

Señor, ábreme los labios.

Todos:

Y mi boca proclamará tu alabanza.

Antífona

Salmista:

Pueblo de Dios, rebaño que él guía, venid, adorémosle. Aleluya.

Todos:

Pueblo de Dios, rebaño que él guía, venid, adorémosle. Aleluya.

      Tiempo de Adviento (hasta el 16 de diciembre): Al Rey que viene, al Señor que se acerca, venid, adorémosle.
      Tiempo de Adviento (desde el día 17 al 23 de diciembre): El Señor está cerca, venid, adorémosle.
      Tiempo de Navidad: A Cristo, que por nosotros ha nacido, venid, adorémosle.
      Tiempo de Cuaresma: Venid, adoremos a Cristo, el Señor, que por nosotros fue tentado y por nosotros murió.
      Tiempo de Pascua: Verdaderamente ha resucitado el Señor. Aleluya.

Salmo 23
ENTRADA SOLEMNE DE DIOS EN SU TEMPLO
Las puertas del cielo se abren ante Cristo que, como hombre, sube al cielo. (San Ireneo).

Salmista:

Del Señor es la tierra y cuanto la llena,
el orbe y todos sus habitantes:
él la fundó sobre los mares,
él la afianzó sobre los ríos.

Todos:

Pueblo de Dios, rebaño que él guía, venid, adorémosle. Aleluya.

Salmista

¿Quién puede subir al monte del Señor?
¿Quién puede estar en el recinto sacro?

Todos:

Pueblo de Dios, rebaño que él guía, venid, adorémosle. Aleluya.

Salmista

El hombre de manos inocentes
y puro corazón.
que no confía en los ídolos
ni jura contra el prójimo en falso.
Ese recibirá la bendición del Señor,
le hará justicia el Dios de salvación.

Todos:

Pueblo de Dios, rebaño que él guía, venid, adorémosle. Aleluya.

Salmista

Este es el grupo que busca al Señor,
que viene a tu presencia, Dios de Jacob.

Todos:

Pueblo de Dios, rebaño que él guía, venid, adorémosle. Aleluya.

Salmista
¡Portones!, alzad los dinteles,
que se alcen las antiguas compuertas;
va a entrar el Rey de la gloria.

Todos:

Pueblo de Dios, rebaño que él guía, venid, adorémosle. Aleluya.

Salmista

¿Quién ese Rey de la gloria?
El Señor, héroe valeroso,
el Señor, héroe de la guerra.

Todos:

Pueblo de Dios, rebaño que él guía, venid, adorémosle. Aleluya.

Salmista

¡Portones!, alzad los dinteles,
que se alcen las antiguas compuertas:
va a entrar el Rey de la gloria.

Todos:

Pueblo de Dios, rebaño que él guía, venid, adorémosle. Aleluya.

Salmista

¿Quién es el rey de la gloria?
El Señor, Dios de los ejércitos.
&Ellevan de acute;l es el Rey de la gloria.

Todos:

Pueblo de Dios, rebaño que él guía, venid, adorémosle. Aleluya.

Salmista

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Todos:

Pueblo de Dios, rebaño que él guía, venid, adorémosle. Aleluya.

TURNO DE VELA

HIMNO

   La noche no interrumpe
   tu historia con el hombre;
   La noche es tiempo de salvación.

De noche descendía tu escala misteriosa
hasta la misma piedra donde Jacob dormía.

De noche celebrabas la Pascua con tu pueblo,
mientras en las tinieblas volaba el exterminio.

Abrahán contaba tribus de estrellas cada noche;
de noche prolongabas la voz de la promesa.

De noche, por tres veces, oyó Samuel su nombre;
de noche eran los sueños tu lengua más profunda.

De noche, en un pesebre, nacía tu Palabra;
de noche lo anunciaron el ángel y la estrella.

La noche fue testigo de Cristo en el sepulcro;
la noche vio la gloria de la resurrección.

De noche esperaremos tu vuelta repentina,
y encontrarás a punto la luz de nuestra lámpara.

   La noche es tiempo de salvación.

SALMODIA
Sentados

Antífona 1

Todos:

Señor, Dios mío, te vistes de belleza y majestad, la luz te envuelve como un manto. Aleluya.

      Domingo II de Adviento: Mirad, viene ya el Rey excelso, con gran poder, para salvar a todos los pueblos. Aleluya.
      Domingo II después de Navidad: Señor, Dios mío, te vistes de belleza y majestad, la luz te envuelve como un manto. Aleluya.
      Domingo II de Cuaresma y de Ramos: Señor, Dios mío, te vistes de belleza y majestad, la luz te envuelve como un manto.
      Domingo VI de Pascua: Aleluya. La piedra ha sido removida de la entrada del sepulcro. Aleluya.

Salmo 103
HIMNO AL DIOS CREADOR
El que es de Cristo es una criatura nueva; lo antiguo ha pasado, lo nuevo ha comenzado (2Co 5, 17).

Recitado a dos coros

Bendice, alma mía, al Señor:
¡Dios mío, qué grande eres!
Te vistes de belleza y majestad,
la luz te envuelve como un manto.

Extiendes los cielos como una tienda,
construyes tu morada sobre las aguas;
las nubes te sirven de carroza,
avanzas en las alas del viento;
los vientos te sirven de mensajeros;
el fuego llameante, de ministro.

Asentaste la tierra sobre sus cimientos,
y no vacilará jamás;
la cubriste con el manto del océano,
y las aguas se posaron sobre las montañas.

Pero a tu bramido huyeron
al fragor de tu trueno se precipitaron,
mientras subían los montes y bajaban los valles:
cada cual al puesto asignado.
Trazaste una frontera que no traspasarán,
y no volverán a cubrir la tierra.

De los manantiales sacas los ríos,
para que fluyan entre los montes;
en ellos beben las fieras de los campos,
el asno salvaje apaga su sed;
junto a ellos habitan las aves del cielo,
y entre las frondas se oye su canto.

Gloria al Padre, al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Se puede repetir la Antífona 1.
Breve pausa.

Antífona 2

Todos:

El Señor saca pan de los campos, y vino para alegrar el corazón del hombre. Aleluya.

      Domingo II de Adviento: Alégrate y goza, hija de Jerusalén: mira a tu Rey que viene; no temas, Sión, tu salvación está cerca.
      Domingo II después de Navidad: El Señor saca pan de los campos, y vino para alegrar el corazón del hombre. Aleluya.
       Domingo II de Cuaresma y de Ramos: El Señor saca pan de los campos, y vino para alegrar el corazón del hombre.
      Domingo VI de Pascua: Aleluya. ¿A quién buscas, mujer?, ¿Al que vive entre los muertos? Aleluya.

II

Recitado a dos coros

Desde tu morada riegas los montes,
y la tierra se sacia de tu acción fecunda;
haces brotar hierba para los ganados,
y forraje para los que sirven al hombre.

Él saca pan de los campos,
y vino que le alegra el corazón;
y aceite que da brillo a su rostro,
y alimento que le da fuerzas.

Se llenan de savia los árboles del Señor,
los cedros del Líbano que él plantó:
allí anidan los pájaros,
en su cima pone casa la cigüeña.
Los riscos son para las cabras,
las peñas son madriguera de erizos.

Hiciste la luna con sus fases,
el sol conoce su ocaso.
Pones las tinieblas y viene la noche,
y rondan las fieras de la selva;
los cachorros rugen por la presa,
reclamando a Dios su comida.

Cuando brilla el sol, se retiran,
y se tumban en sus guaridas;
el hombre sale a sus faenas,
a su labranza hasta el atardecer.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Se puede repetir o no la Antífona 2
Breve pausa

Antífona 3

Todos:

Vio Dios todo lo que había hecho, y era muy bueno. Aleluya.

      Domingo II de Adviento: Salgamos con corazón limpio a recibir al Rey supremo, porque está para venir y no tardará.
      Domingo II después de Navidad: Vio Dios todo lo que había hecho y era muy bueno. Aleluya.
      Domingo II de Cuaresma y de Ramos: Vio Dios todo lo que había hecho, y era muy bueno.
      Domingo VI de Pascua: Aleluya. No llores, María; ha resucitado el Señor. Aleluya.

III

Recitado a dos coros

Cuántas son tus obras, Señor,
y todas las hiciste con sabiduría;
la tierra está llena de tus criaturas.

Ahí está el mar: ancho y dilatado
en él bullen, sin número,
animales pequeños y grandes;
lo surcan las naves y el Leviatán
que modelaste para que retoce.

Todos ellos aguardan
a que les eches comida a su tiempo:
se la echas, y la atrapan;
abres tu mano, y se sacian de bienes;

escondes tu rostro, y se espantan;
les retiras el aliento, y expiran
y vuelven a ser polvo;
envías tu aliento, y los creas,
y repueblas la faz de la tierra.

Gloria a Dios para siempre,
goce el Señor con sus obras.
Cuando él mira la tierra, ella tiembla;
cuando toca los montes, humean.

Cantaré al Señor mientras viva,
tocaré para mi Dios mientras exista:
que le sea agradable mi poema,
y yo me alegraré con el Señor.

Que se acaben los pecadores en la tierra,
que los malvados no existan más.
¡Bendice alma mía, al Señor!

Gloria al Padre, al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio. Ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Puede repetirse o no la Antífona 3
Breve pausa

LECTURAS

Salmista:

Dichosos vuestros ojos, porque ven

Todos:

Y vuestros oídos, porque oyen.

Lector

Del libro del Éxodo

(16, 1-3; 11-16)

Toda la comunidad de Israel partió de Elim y llegó al desierto de Sin, entre Elím y Sinaí, el día quince del segundo mes después de salir de Egipto.

La comunidad de los israelitas protestó contra Moisés y Aarón en el desierto, diciendo:

"¡Ojala hubiéramos muerto a manos del Señor en Egipto, cuando nos sentábamos junto a la olla de carne y comíamos pan hasta hartarnos! Nos habéis sacado a este desierto para matar de hambre a toda esta comunidad".

El Señor dijo a Moisés:

"He oído las murmuraciones de los israelitas. Diles: "Hacia el crepúsculo comeréis carne, por la mañana os saciareis de pan; para que sepáis que yo soy el Señor, vuestro Dios".

Por la tarde, una bandada de codornices cubrió todo el campamento; por la mañana, había una capa de rocío alrededor del campamento. Cuando se evaporó la capa de rocío, apareció en la superficie del desierto un polvo fino, parecido a la escarcha. Al verlo, los israelitas se dijeron:

"¿Qué es esto?".

Pues no sabían lo que era. Moisés les dijo: "Es el pan que el Señor os da de comer. Estas son las órdenes del Señor: que cada uno recoja lo que puede comer: un celemín por cabeza para todas las personas que viven en una tienda".

Se hace una breve pausa para reflexionar

RESPONSORIO

Todos:

Comeréis carne y os saciaréis de pan. Este es el pan que el Señor os dio de comer.

Salmista:

Moisés no os dio pan del cielo; pero mi Padre os da el verdadero pan del cielo.

Todos:

Este es el pan que el Señor os dio de comer.

SEGUNDA LECTURA

Desde un lugar apropiado (a poder ser, diferente del que se usa para proclamar las lecturas bíblicas), el lector proclama la lectura escogida especialmente para la vigilia, o la lectura y responsorio siguientes:
Lector:

De la encíclica “Mysterium Fidei” del papa Pablo VI.

Ante todo, queremos recordar una verdad de vosotros sabida, pero muy necesaria para eliminar todo veneno de racionalismo, verdad que muchos católicos han sellado con su propia sangre, y que célebres Padres y Doctores de la Iglesia han profesado y enseñado constantemente, esto es: que la Eucaristía es un altísimo misterio, más aún: hablando con propiedad, como dice la Sagrada Liturgia, el "misterio de fe". "Efectivamente, en sólo él, como muy sabiamente dice nuestro predecesor León XIII, de feliz memoria, se contiene con singular riqueza y variedad de milagros, todas las realidades sobrenaturales".

Es, pues, necesario, que nos acerquemos, particularmente a este misterio, con humilde reverencia, no buscando razones humanas, que deben callar, sino adhiriéndose firmemente a la revelación divina.

San Juan Crisóstomo, quien, como sabéis, trató con palabra tan elevada y con tanta penetración de piedad el Misterio Eucarístico, instruyendo en una ocasión a sus fieles acerca de esta verdad, se expresó en estos apropiados términos: "Inclinémonos ante Dios; y no lo contradigamos, aun cuando lo que él dice puede parecer contrario a nuestra razón y a nuestra inteligencia, sino que su palabra prevalezca sobre nuestra razón e inteligencia. Observemos esta misma conducta respeto al Misterio Eucarístico, no considerando solamente lo que cae bajo los sentidos, sino atendiendo a sus palabras. Porque su palabra no puede engañar".

Idénticas afirmaciones han hecho con frecuencia los Doctores Escolásticos.

Haciendo eco al Doctor Angélico, el pueblo cristiano canta frecuentemente: "En ti se engaña la vista, el olfato, el tacto, el gusto; solamente se cree al oído con certeza. Creo que lo ha dicho el Hijo de Dios, pues no hay nada más verdadero que la Palabra de la verdad".

Más aún: san Buenaventura afirma: "Que Cristo esté en el sacramento como signo, no ofrece ninguna dificultad; pero que esté verdaderamente en el sacramento como en el cielo, he aquí la grandísima dificultad: creer, pues, esto, es muy meritorio".

Por lo demás, esto mismo insinúa el Evangelio cuando cuenta que muchos de los discípulos de Cristo, después de haber oído que habían de comer su carne y beber su sangre, volvieron las espaldas al Señor diciendo: "Duro es este lenguaje, ¿quién puede escucharlo?". Pero Pedro, por el contrario, al preguntarle Jesús si también los doce se querían marchar, afirmó pronta y firmemente su fe y la de sus apóstoles, dando esta admirable respuesta: "Señor, ¿a quién vamos a ir? Tú tienes palabras de vida eterna".

Se hace una breve pausa para reflexionar

RESPONSORIO

Todos:

Envióme mi Padre, Dios viviente, y yo vivo por el Padre. Y el que me comiere vivirá por mí.

Salmista:

Alimentóles el Señor con el pan de vida y de entendimiento.

Todos:

Y el que me comiere vivirá por mí.

A continuación, todos los domingos del año, excepto en tiempo de Cuaresma, se dice el siguiente:

HIMNO FINAL. Te Deum

De pie

A ti, oh Dios, te alabamos,
a ti, Señor, te reconocemos.

A ti, eterno Padre,
te venera toda la creación.

Los ángeles todos, los cielos
y todas las potestades te honran.

Los querubines y serafines
te cantan sin cesar:

Santo, Santo, Santo es el Señor,
Dios del universo.

Los cielos y la tierra
están llenos de la majestad de tu gloria.

A ti te ensalza
el glorioso coro de los apóstoles,
la multitud admirable de los profetas,
el blanco ejército de los mártires.

A ti la Iglesia santa,
extendida por toda la tierra,
te proclama:

Padre de inmensa majestad,
Hijo único y verdadero, digno de adoración,
Espíritu Santo, Paráclito.

Tú eres el Rey de la gloria, Cristo.

Tú eres el Hijo único del Padre.

Tú, para liberar al hombre,
aceptaste la condición humana
sin desdeñar el seno de la Virgen.

Tú, rotas las cadenas de la muerte,
abriste a los creyentes el reino del cielo.

Tú te sientas a la derecha de Dios
en la gloria del Padre.

Creemos que un día
has de venir como juez.

Te rogamos, pues,
que vengas en ayuda de tus siervos,
a quienes redimiste con tu preciosa sangre.

Haz que en la gloria eterna
nos asociemos a tus santos.

Salva a tu pueblo, Señor,
y bendice tu heredad.

Sé su pastor
y ensálzalo eternamente.

Día tras día te bendecimos
y alabamos tu nombre para siempre,
por eternidad de eternidades.

Dígnate, Señor, en este día
guardarnos del pecado.

Ten piedad de nosotros, Señor,
ten piedad de nosotros.

Que tu misericordia, Señor,
venga sobre nosotros,
como lo esperamos de ti.

En ti, Señor, confié,
no me veré defraudado para siempre.

Oración

Presidente:

Oh Dios, que en este sacramento admirable nos dejaste el memorial de tu Pasión; te pedimos nos concedas venerar de tal modo los sagrados misterios de tu cuerpo y de tu sangre, que experimentemos constantemente en nosotros el fruto de tu redención. Tú, que vives y reinas con el Padre en la unidad del Espíritu Santo, y eres Dios por los siglos de los siglos. Amén.

Terminada la Vigilia nocturna, es conveniente que los adoradores permanezcan en silencio para la oración personal.
Antes de acabar la hora de la vela, se rezan en común las preces expiatorias.
Al acabar la vigilia, por la mañana, se reúnen los adoradores para el rezo de Laudes.

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Laudes

INVOCACIÓN INICIAL

De pie

Presidente:

Dios mío, ven en mi auxilio.

Todos:

Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. (Aleluya).

HIMNO

Es domingo, una luz nueva
resucita la mañana
con su mirada inocente,
llena de gozo y de gracia.

Es domingo, la alegría
del mensaje de la Pascua
es la noticia que llega
siempre y que nunca se gasta.

Es domingo, la pureza
no sólo la tierra baña
que ha penetrado en la vida
por las ventanas del alma.

Es domingo, la presencia
de Cristo llena la casa;
la Iglesia, misterio y fiesta;
por él y en él convocada.

Es domingo; “este es el día
que hizo el Señor”, es la Pascua,
día de la creación
nueva y siempre renovada.

Es domingo; de su hoguera
brilla toda la semana
y vence oscuras tinieblas
en jornadas de esperanza.

Es domingo; un canto nuevo
toda la tierra le canta
al Padre, al Hijo, al Espíritu
único Dios que nos salva. Amén.

SALMODIA
Sentados

Antífona 1

Todos:

Bendito el que viene en nombre del Señor. Aleluya.

      Domingo II de Adviento: Tenemos en Sión una ciudad fuerte: el Salvador ha puesto en ella murallas y baluartes; abrid las puertas, que con nosotros está Dios. Aleluya.
      Domingo II después de la Navidad: En las tinieblas brilla una luz, porque ha nacido el Salvador de todos los hombres. Aleluya.
      Domingo II de Cuaresma: La diestra del Señor es poderosa, la diestra del Señor es excelsa.
      Domingo de Ramos: Una gran multitud de gente, que había ido a la fiesta, aclamaba al Señor: "Bendito el que viene en nombre del Señor. Hosanna en el cielo".
      Domingo VI de Pascua: Este es el día en que actuó el Señor. Aleluya.

Salmo 117

HIMNOS EN ACCIÓN DE GRACIAS DESPUÉS DE LA VICTORIA
Jesús es la piedra que desechasteis vosotros, los arquitectos, y que se ha convertido en piedra angular (Hch 4, 11).

Recitado a dos coros

Dad gracias al Señor porque es bueno,
porque es eterna su misericordia.

Diga la casa de Israel:
eterna es su misericordia.

Diga la casa de Aarón:
eterna es su misericordia.

Digan los fieles del Señor:
eterna es su misericordia.

En el peligro grité al Señor,
y me escuchó, poniéndome a salvo.

El Señor está conmigo: no temo;
¿Qué podrá hacerme el hombre?
El Señor está conmigo y me auxilia,
veré la derrota de mis adversarios.

Mejor es refugiarse en el Señor
que fiarse de los hombres,
mejor es refugiarse en el Señor
que fiarse de los jefes.

Todos los pueblos me rodeaban,
en el nombre del Señor los rechacé;
me rodeaban cerrando el cerco,
en el nombre del Señor los rechacé;
me rodeaban como avispas,
ardiendo como fuego en las zarzas,
en el nombre del Señor los rechacé.

Empujaban y empujaban para derribarme,
pero el Señor me ayudó;
el Señor es mi fuerza y mi energía,
Él es mi salvación.

Escuchad: hay cantos de victoria
en las tiendas de los justos:
"La diestra del Señor es poderosa,
la diestra del Señor es excelsa,
la diestra del Señor es poderosa".

No he de morir, viviré
para contar las hazañas del Señor.
Me castigó, me castigó el Señor,
pero no me entregó a la muerte.

Abridme las puertas del triunfo,
y entraré para dar gracias al Señor.

Esta es la puerta del Señor:
los vencedores entrarán por ella.

Te doy gracias porque me escuchaste
y fuiste mi salvación.

La piedra que desecharon los arquitectos
es ahora la piedra angular.

Es el Señor quien lo ha hecho,
ha sido un milagro patente.

Este es el día en que actuó el Señor:
sea nuestra alegría y nuestro gozo
Señor, danos la salvación;
Señor, danos prosperidad.

Bendito el que viene en nombre del Señor,
os bendecimos desde la casa del Señor;
el Señor es Dios, Él nos ilumina.

Ordenad una procesión con ramos
hasta los ángulos del altar.

Tú eres mi Dios, te doy gracias;
Dios mío, yo te ensalzo.

Dad gracias al Señor porque es bueno,
porque es eterna su misericordia.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Se puede repetir o no la antífona.
Breve pausa

Antífona 2

Todos:

Cantemos un himno al Señor, nuestro Dios. Aleluya.

      Domingo II de Adviento: Sedientos todos, acudid por agua; buscad al Señor mientras se le encuentre. Aleluya.
      Domingo II después de Navidad: Ensalcemos con himnos al Señor, nuestro Dios. Aleluya.
      Domingo II de Cuaresma: Cantemos al himno de los tres jóvenes, que cantaban en el horno bendiciendo al Señor.
      Domingo de Ramos: Con los ángeles y los niños cantemos al triunfador de la muerte: "Hosanna en el cielo".
      Domingo VI de Pascua: Bendito eres en la bóveda del cielo: a ti, Señor, alabanza por los siglos. Aleluya.

Cantico Dn 3, 52-57
QUE LA CREACIÓN ENTERA ALABE AL SEÑOR
¡Bendito el Creador por siempre! (Rm 1, 25).

Salmista:

Bendito eres, Señor, Dios de nuestros padres:

Todos:

A ti gloria y alabanza por los siglos

Salmista:

Bendito tu nombre, santo y glorioso:

Todos:

A ti gloria y alabanza por los siglos

Salmista:

Bendito eres en el templo de tu santa gloria:

Todos:

A ti gloria y alabanza por los siglos

Salmista:

Bendito eres sobre el trono de tu reino:

Todos:

A ti gloria y alabanza por los siglos

Salmista:

Bendito eres tú, sentado sobre querubines
sondeas los abismos:

Todos:

A ti gloria y alabanza por los siglos

Salmista:

Bendito eres en la bóveda del cielo:

Todos:

A ti gloria y alabanza por los siglos

Salmista:

Criaturas toda del Señor, bendecid al Señor,

Todos:

Ensalzadlo con himnos por los siglos

Salmista:

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Se puede repetir o no la Antífona
Breve pausa

Antífona 3

Todos:

Alabad al Señor por su inmensa grandeza. Aleluya.

      Domingo II de Adviento: Mirad: el Señor vendrá con poder para iluminar los ojos de sus siervos. Aleluya.
      Domingo II después de Navidad: El pueblo que caminaba en tinieblas vio una luz grande.
      Domingo II de Cuaresma: Alabad al Señor en su fuerte firmamento.
      Domingo de Ramos: ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! Paz en el cielo y gloria en lo alto.
      Domingo VI de Pascua: Rendid homenaje a Dios, que está sentado en el trono, diciendo: "Amén. Aleluya".

Salmo 150
ALABAD AL SEÑOR
Salmodiad con el espíritu, salmodiad con toda vuestra mente, es decir, glorificad a Dios con el cuerpo y con el alma (Hesiquio).

Recitado a dos coros

Alabad al Señor en su templo,
alabadlo en su fuerte firmamento.

Alabadlo por sus obras magníficas,
alabadlo por su inmensa grandeza.

Alabadlo tocando trompetas,
alabadlo con arpas y cítaras,

Alabadlo con tambores y danzas,
alabadlo con trompas y flautas.

Alabadlo con platillos sonoros,
alabadlo con platillos vibrantes.

Todo ser que alienta, alaba al Señor.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Se puede repetir o no la Antífona 3
Breve pausa

LECTURA BREVE Ap 7, 10.12

El lector proclama la lectura desde el lugar donde habitualmente se proclama la Palabra en la Misa

Lector

Derramaré sobre vosotros un agua pura que os purificará: de todas vuestras inmundicias e idolatrías os he de purificar; y os daré un corazón nuevo, y os infundiré un espíritu nuevo; arrancaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne. Os infundiré mi espíritu, y haré que caminéis según mis preceptos, y que guardéis y cumpláis mis mandatos.

Se hace una breve pausa para reflexionar

RESPONSORIO BREVE

Salmista:

Te damos gracias, oh Dios, invocando tu nombre.

Todos:

Te damos gracias, oh Dios, invocando tu nombre.

Salmista:

Contando tus maravillas.

Todos:

Invocando su nombre.

Salmista:

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Todos:

Te damos gracias, oh Dios, invocando tu nombre.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Antífona
Es conveniente recitar la Antífona propia del día que puede buscarse en la Liturgia de las Horas; si eso no es posible, se dice lo siguiente:

Todos:

Yo soy el Pan vivo bajado del cielo: el que coma de este Pan vivirá para siempre.

BENEDICTUS    Lc I, 68-79

EL MESÍAS Y SU PRECURSOR

De pie
Recitado a dos coros o conjuntamente por todos.
Durante el Benedictus, si preside un presbítero o diácono, este inciensa el Sacramento, el altar y la asamblea.

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo,
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por boca de sus santos profetas.

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
realizando la misericordia
que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abrahán.

Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tinieblas
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. (todos):

Yo soy el Pan bajado del cielo, el que como de este pan vivirá para siempre.

Breve pausa

PRECES

Presidente:

Demos gracias a nuestro Salvador, que ha venido al mundo para ser "Dios-con-nosotros", y digámosle confiadamente: Cristo, Rey de la gloria, sé nuestra luz y nuestro gozo.

Todos:

Cristo, Rey de la gloria, sé nuestra luz y nuestro gozo.

Esta respuesta puede repetirse después de cada una de las peticiones, o bien usar como respuesta la segunda parte de la petición.

Señor Jesús, Sol que nace de lo alto y primicia de la resurrección futura,
- haz que, siguiéndote a ti, no vivamos nunca en sombra de muerte, sino que tengamos siempre la luz de la vida.

Que sepamos descubrir, Señor, cómo todas las criaturas están llenas de tus perfecciones,
- para que así, en todas ellas, sepamos contemplarte a ti.

No permitas, Señor, que hoy nos dejemos vencer por el mal,
- antes danos tu fuerza para que venzamos al mal a fuerza de bien.

Tú que, al ser bautizado en el Jordán, fuiste ungido con el Espíritu Santo,
- asístenos, durante este día, para que actuemos movidos por este mismo Espíritu de santidad.

Presidente:

Por Jesús nos llamamos y somos hijos de Dios; por ello, nos atrevemos a decir:

Todos:

Padre nuestro.

El Presidente dice a continuación la Oración propia del día o, si no es posible, la siguiente:

Oración

Concédenos, Señor y Dios nuestro, a los que creemos y proclamamos que Jesucristo nació por nosotros de la Virgen María, murió también por nosotros en la cruz y está presente en el Sacramento, beber de esta divina fuente el don de la salvación eterna. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.

CONCLUSIÓN

Si ha presidido la celebración el Obispo, un presbítero o diácono, da la bendición y reserva en la forma acostumbrada. Si dirige un laico, hombre o mujer, terminada la oración dice:

El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna. Amén.

Hecha genuflexión simple, retira e viril y lo encierra en el sagrario. Entre tanto se canta alguna aclamación eucarística como

Adoremus in aeternum
Sanctissimum Sacramentum.

Se termina con un canto o antífona

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La Vigilia de la Adoración Nocturna es esencialmente una Vigilia de oración y adoración centrada en la Eucaristía, en nombre de toda la Iglesia. Nunca podrán faltar en nuestras vigilias: la oración personal y la oración litúrgica comunitaria que nos vincula a la Iglesia.


La Liturgia de las Horas es la oración que la Iglesia, en unión con Jesucristo, su Cabeza, y por medio de Él, ofrece a Dios. Se llama de las horas porque se efectúa en los principales momentos de cada día, que así es santificado junto con la actividad de los hombres (Laudes al comenzar el día; Vísperas al caer la tarde, Completas al acostarse...).
El Oficio de Lectura, desde los primeros siglos de la Iglesia, era la oración nocturna de los monjes mientras los hombres descansan; la alabanza y la oración del Señor no debe interrumpirse ni durante la noche.