DOMINGO I
del manual de la Adoración Nocturna Española

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I Vísperas

INVOCACIÓN INICIAL

De pie

Presidente:
Dios mío, ven en mi auxilio.
Todos:
Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre por los siglos de los siglos. Amén. (Aleluya).

HIMNO

Los pueblos que marchan y luchan
con firme tesón
aclamen al Dios de la vida.
Cantemos hosanna que viene el Señor.

Agiten laureles y olivos,
es Pascua de Dios,
mayores y niños repitan:
"Cantemos hosanna que viene el Señor".

Jesús victorioso y presente
ofrece su don
a todos los justos del mundo.
Cantemos hosanna que viene el Señor.

Resuenen en todo camino
de paz y de amor
alegres canciones que digan:
"Cantemos hosanna que viene el Señor".

Que Dios, Padre nuestro amoroso,
el Hijo y su Don
a todos protejan y acojan.
Cantemos hosanna que viene el Señor.
Amén.

SALMODIA
Sentados

Antífona 1

Todos:
Suba mi oración, Señor, como incienso en tu presencia.

      Domingo I de Adviento: Anunciad a los pueblos y decidles: “Mirad, viene Dios, nuestro Salvador”.
      Domingo I de Cuaresma: Acepta, Señor, nuestro corazón contrito, y nuestro espíritu humilde; que éste sea hoy nuestro sacrificio, y que te sea agradable, Señor, Dios nuestro.
      Domingo V de Cuaresma: Meteré mi ley en sus corazones; yo seré su Dios, y ellos serán mi pueblo.
      Domingo V de Pascua: El alzar de mis manos suba a ti, Señor, como ofrenda de la tarde. Aleluya.

Salmo 140, 1-9

ORACIÓN ANTE EL PELIGRO
Por manos del ángel subió a la presencia de Dios el humo de los perfumes, junto con las oraciones de los santos. (Ap 8,4)

Recitado a dos coros

Señor, te estoy llamando, ven deprisa,
escucha mi voz cuando te llamo.
Suba mi oración como incienso en tu presencia,
el alzar de mis manos como ofrenda de la tarde.

Coloca, Señor, una guardia en mi boca,
un centinela a la puerta de mis labios;
no dejes inclinarse mi corazón a la maldad,
a cometer crímenes y delitos;
ni que con los hombres malvados
participe en banquetes.

Que el justo me golpee, que el bueno me reprenda,
pero que el ungüento del impío no perfume mi cabeza;
yo seguiré rezando en sus desgracias.

Sus jefes cayeron despeñados,
aunque escucharon mis palabras amables;
como una piedra de molino, rota por tierra,
están esparcidos nuestros huesos a la boca de la tumba.

Señor, mis ojos están vueltos a ti,
en ti me refugio, no me dejes indefenso;
guárdame del lazo que me han tendido,
de la trampa de los malhechores.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Se puede repetir, o no, la Antífona 1
Breve pausa

Antífona 2

Todos:
Tú eres mi refugio y mi lote, Señor, en el país de la vida.

      Domingo 1 de Adviento: Mirad: El Señor vendrá, y todos sus santos vendrán con él; en aquel día, habrá una gran luz. Aleluya.
      Domingo 1 de Cuaresma: Entonces clamarás al Señor, y te responderá; gritarás, y te dirá: "Aquí estoy".
      Domingo V de Cuaresma: Todo lo estimo pérdida, comparado con la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor.
      Domingo V de Pascua: Me sacaste de la prisión: por eso doy gracias a tu nombre. Aleluya.

Salmo 141

TÚ ERES MI REFUGIO
Todo lo que describe el Salmo se realizó con el Señor durante su Pasión. (San Hilario).

Recitado a dos coros

A voz en grito clamo al Señor,
a voz en grito suplico al Señor;
desahogo ante él mis afanes,
expongo ante él mi angustia,
mientras me va faltando el aliento.

Pero tú conoces mis senderos,
y que en el camino por donde avanzo
me han escondido una trampa.

Mira a la derecha, fíjate:
nadie me hace caso;
no tengo adónde huir,
nadie mira por mi vida.

A ti grito, Señor;
te digo: “Tú eres mi refugio
y mi lote en el país de la vida”.

Atiende a mis clamores,
que estoy agotado;
líbrame de mis perseguidores,
que son más fuertes que yo.

Sácame de la prisión,
y daré gracias a tu nombre:
me rodearán los justos
cuando me devuelvas tu favor.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Se puede repetir, o no, la Antífona 2
Breve pausa

Antífona 3

Todos:
El Señor Jesús se rebajó, y por eso Dios lo levantó por los siglos de los siglos.

      Domingo 1 de Adviento: Vendrá el Señor con gran poder, y lo contemplarán todos los hombres.
      Domingo 1 de Cuaresma: Cristo murió por los pecados, el inocente por los culpables, para conducirnos a Dios. Como era hombre, lo mataron; pero, como poseía el Espíritu, fue devuelto a la vida.
      Domingo V de Cuaresma: Él, a pesar de ser Hijo, aprendió, sufriendo, a obedecer.
      Domingo V de Pascua: El Hijo de Dios aprendió, sufriendo, a obedecer, y se ha convertido para todos los que le obedecen en autor de salvación eterna. Aleluya.

Cántico Flp 2, 6-11

CRISTO, SIERVO DE DIOS, EN SU MISTERIO PASCUAL

Recitado a dos coros

Cristo, a pesar de su condición divina,
no hizo alarde de su categoría de Dios;
al contrario, se despojó de su rango
y tomó la condición de esclavo,
pasando por uno de tantos.

Y así, actuando como un hombre cualquiera,
se rebajó hasta someterse incluso a la muerte,
y una muerte de cruz.

Por eso Dios lo levantó sobre todo
y le concedió el "Nombre-sobre-todo-nombre";
de modo que al nombre de Jesús
toda rodilla se doble
en el cielo, en la tierra, en el abismo,
y toda lengua proclame:
Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Se puede repetir, o no, la Antífona 3
Breve pausa

Si el rezo de Vísperas se une a la celebración de la Eucaristía, después del Cántico, se comienza la Liturgia de la Palabra de la Misa con el Gloria (o si no hay Gloria, con la oración Colecta) suprimiendo todo lo demás de las Vísperas excepto el Magníficat que se canta después de la Comunión. Si las Vísperas no están incorporadas a la Misa, se continúa de la manera siguiente:

LECTURA BREVE Rm 11,33-36

El lector proclama la lectura desde el lugar donde habitualmente se proclama la Palabra en la Misa.

Lector:

¡Qué abismo de generosidad, de sabiduría y de conocimiento, el de Dios! ¡Qué insondables sus decisiones y qué irrastreables sus caminos! ¿Quién conoció la mente del Señor? ¿Quién fue su consejero? ¿Quién le ha dado primero, para que él le devuelva? Él es el origen, guía y meta del universo. A él la gloria por los siglos. Amén.

Se hace una breve pausa para reflexionar.

RESPONSORIO BREVE

Salmista:
Cuántas son tus obras, Señor.
Todos:
Cuántas son tus obras, Señor.
Salmista:
Y todas las hiciste con sabiduría.
Todos:
Tus obras, Señor.
Salmista:
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Todos:
Cuántas son tus obras, Señor.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Antífona
Es conveniente recitar la Antífona propia del día, que pude buscarse en la Liturgia de las Horas; si esto no fuera posible se dice:

Todos:
¡Qué bueno es, Señor, tu espíritu! Para demostrar a tus hijos tu ternura, les has dado un pan delicioso bajado del cielo, que colma de bienes a los hambrientos, y deja vacíos a los ricos hastiados.

Magníficat    Lc 1, 46-55

ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR

Recitado a dos coros o conjuntamente por todos

De pie. Todos. + Se hace la señal de la cruz mientras se comienza a recitar

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi Salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí,
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de la misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abrahán y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Todos:

¡Qué bueno es, Señor, tu espíritu! Para demostrar a tus hijos tu ternura, les has dado un pan delicioso bajado del cielo, que colma de bienes a los hambrientos, y deja vacíos a los ricos hastiados.

Breve pausa

PRECES

Presidente:

Glorifiquemos a Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo, y supliquémosle diciendo: Escucha a tu pueblo, Señor.

Todos:

Escucha a tu pueblo, Señor.

Esta respuesta puede repetirse después de cada una de las peticiones, o bien usar como respuesta la segunda parte de la petición.

Padre todopoderoso, haz que florezca en la tierra la justicia
- y que tu pueblo se alegre en la paz.

Que todos los pueblos entren a formar parte de tu reino,
- y obtengan así la salvación.

Que los esposos cumplan tu voluntad, vivan en concordia
- y sean siempre fieles a su mutuo amor.

Recompensa, Señor, a nuestros bienhechores
- y concédeles la vida eterna.

Acoge con amor a los que han muerto víctimas del odio, de la violencia o de la guerra,
- y dales el descanso eterno.

Presidente:

Movidos por el Espíritu Santo, dirijamos al Padre la oración que nos enseñó el Señor.

Todos:

Padre nuestro.

El Presidente dice a continuación la Oración propia del día o, si no es posible, la siguiente:

Oración

Oh Dios, que en este sacramento admirable nos dejaste el memorial de tu Pasión; te pedimos nos concedas venerar de tal modo los sagrados misterios de tu Cuerpo y de tu Sangre, que experimentemos constantemente en nosotros el fruto de tu redención. Tú, que vives y reinas con el Padre, en la unidad del Espíritu Santo, y eres Dios por los siglos de los siglos. Amén.

CONCLUSIÓN
Cuando preside la celebración el Obispo, un presbítero o diácono

Presidente:

El Señor esté con vosotros.

Todos:

Y con tu espíritu.

Presidente:

La bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre vosotros.

Todos:
Amén.

Si dirige la oración un laico

Presidente:

El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.

Todos:

Amén.

Terminadas las Vísperas, se celebra la Eucaristía; después de la Comunión, el sacerdote expone el Santísimo; terminada la oración de después de la Comunión, se inciensa el sacramento en la forma acostumbrada. Si las Vísperas se han unido a la Misa, después de la Comunión, el sacerdote expone el Santísimo; luego se dice el Magníficat con su Antífona. Durante el Magníficat, el sacerdote inciensa el Sacramento, el altar y la asamblea. A continuación, dice la oración de después de la Comunión.
Ante el Santísimo expuesto, los adoradores oran un rato en silencio. Luego se recita la presentación de adoradores y, después, de un espacio de adoración en común, se inicia la vigilia nocturna de la Liturgia de las Horas.
Concluido el Invitatorio y antes de comenzar el Himno se retiran todos los adoradores, excepto los que han de hacer el primer turno. A lo largo de la noche, cada nuevo turno hará la vigilia nocturna de la Liturgia de las Horas seguida de media hora de silencio para la oración personal.

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ORACIÓN DE PRESENTACIÓN DE ADORADORES

Sobre el Salmo 133
ORACIÓN VESPERTINA EN EL TEMPLO

De rodillas

Y ahora,
cuando los hombres descansan del trabajo,
cuando los templos se cierran,
cuando se apagan las luces y las voces,
bendecid al Señor,
los siervos del Señor,
los que pasáis la noche
en la casa del Señor.

Que no se extinga ni suprima la alabanza, ni una noche, ni una hora.

Levantad las manos hacia el santuario
- manos orantes dirigidas a Tabernáculo Santo de la presencia permanente del Señor-

y bendecid al Señor.
El Señor te bendiga desde Sion,

desde Sión, la Iglesia, y desde esta célula de Iglesia que es nuestro turno (grupo, comunidad…), bendiga el Señor a los hombres todos, a los que descansan y a los que velan, a los cercanos y a los alejados, a los creyentes y a los incrédulos, a los que buscan…
Desde Sión –su Iglesia- nos bendiga el Señor,
el que hizo el cielo y la tierra.

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VIGILIA NOCTURNA

Invitatorio
De pie

Presidente:

Señor, ábreme los labios.

Todos:

Y mi boca proclamará tu alabanza.

Antífona

Salmista:

Venid, aclamemos al Señor, demos vítores a la Roca que nos salva. Aleluya.

Todos:

Venid, aclamemos al Señor, demos vítores a la Roca que nos salva. Aleluya.

      Tiempo de Adviento (hasta el 16 de diciembre): Al Rey que viene, al Señor que se acerca, venid, adorémosle.
      Tiempo de Adviento (desde el día 17 al 23 de diciembre): El Señor está cerca, venid, adorémosle.
      Tiempo de Navidad: A Cristo, que por nosotros ha nacido, venid adorémosle.
      Tiempo de Cuaresma: Venid, adoremos a Cristo, el Señor, que por nosotros fue tentado y por nosotros murió.
      Tiempo de Pascua: Verdaderamente ha resucitado el Señor. Aleluya.

Salmo 94

INVITACIÓN A LA ALABANZA DIVINA
Animáos los unos a los otros, día tras día mientras dure este “hoy” (Hb 3,13).

Salmista:

Venid aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos.

Repiten todos la Antífona.
Salmista

Porque el Señor es un Dios grande,
soberano de todos los dioses;
tiene en su mano las simas de la tierra,
son suyas las cumbres de los montes;
suyo es el mar, porque él lo hizo,
la tierra firme que modelaron sus manos.

Repiten todos la Antífona.
Salmista

Entrad, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía.

Repiten todos la Antífona.
Salmista

Ójala escuchéis hoy su voz:
"No endurezcáis el corazón, como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y me tentaron, aunque habían visto mis obras.

Repiten todos la Antífona.
Salmista

Durante cuarenta años
aquella generación me asqueó, y dije:
"Es un pueblo de corazones extraviados,
que no reconoce mi camino;
por eso he jurado en mi cólera
que no entrarán en mi descanso"".

Repiten todos la Antífona.
Salmista

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Repiten todos la Antífona.

TURNO DE VELA

HIMNO

Dios de la luz, presencia ardiente
sin meridiano ni frontera:
vuelves la noche mediodía,
ciegas el sol con tu derecha.

Como columna de la aurora,
iba en la noche tu grandeza;
te vio el desierto, y destellaron
luz de tu gloria las arenas.

Cerró la noche sobre Egipto
como cilicio de tinieblas;
para tu pueblo amanecías
bajo los techos de las tiendas.

Eres la luz, pero en tu rayo
lanzas el día o la tiniebla:
ciegas los ojos del soberbio,
curas al pobre su ceguera.

Cristo Jesús, tú que trajiste
fuego a la entraña de la tierra,
guarda encendida nuestra lámpara
hasta la aurora de tu vuelta. Amén.

SALMODIA
Sentados

Antífona 1

Todos:

El árbol de la vida es tu cruz, oh Señor.

      Domingo I de Adviento: Mirad, viene ya el Rey excelso, con gran poder, para salvar a todos los pueblos. Aleluya.
      Domingo I y V de Cuaresma: El árbol de la vida es tu cruz, oh Señor.
      Octava de Pascua: Soy el que soy, y no sigo el consejo de los impíos, sino que mi gozo es la ley del Señor. Aleluya.
      Domingo V de Pascua: Aleluya. La piedra ha sido removida de la entrada del sepulcro. Aleluya.

Salmo 1

LOS DOS CAMINOS DEL HOMBRE
Felices los que poniendo su esperanza en la cruz, se sumergieron en las aguas del bautismo (autor desconocido del S.II).

Recitado a dos coros

Dichoso el hombre
que no sigue el consejo de los impíos,
ni entra por la senda de los pecadores,
ni se sienta en la reunión de los cínicos;
sino que su gozo es la ley del Señor,
y medita su ley día y noche.

Será como un árbol
plantado al borde de la acequia:
da fruto en su sazón
y no se marchitan sus hojas;
y cuanto emprende tiene buen fin.

No así los impíos, no así;
serán paja que arrebata el viento.
En el juicio los impíos no se levantarán,
ni los pecadores en la asamblea de los justos,
porque el Señor protege el camino de los justos,
pero el camino de los impíos acaba mal.

Gloria al Padre, al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Se puede repetir la Antífona 1. Breve pausa.

Antífona 2

Todos:

Yo mismo he establecido a mi rey en Sión.

      Domingo I de Adviento: Alégrate y goza, hija de Jerusalén; mira a tu Rey que viene; no temas, Sión, tu salvación está cerca.
      Domingo I y V de Cuaresma: Yo mismo he establecido a mi rey en Sión.
      Octava de Pascua: Lo he pedido a mi Padre, y me ha dado en herencia las naciones. Aleluya.
      Domingo V de Pascua: Aleluya. ¿A quién buscas, mujer?, ¿al que vive entre los muertos? Aleluya.

Salmo 2

EL MESÍAS, REY VENCEDOR
Se aliaron contra tu santo siervo Jesús, tu Ungido (Hch 4, 27).

Recitado a dos coros

¿Por qué se amotinan las naciones,
y los pueblos planean un fracaso?

Se alían los reyes de la tierra,
los príncipes conspiran
contra el Señor y contra su Mesías:
“Rompamos sus coyundas,
sacudamos su yugo”.

El que habita en el cielo sonríe,
el Señor se burla de ellos.
Luego les habla con ira,
los espanta con su cólera:
"Yo mismo he establecido a mi rey
en Sión, mi monte santo".

Voy a proclamar el decreto del Señor;
él me ha dicho:
"Tú eres mi Hijo: yo te he engendrado hoy.
Pídemelo: te daré en herencia las naciones,
en posesión, los confines de la tierra:
los gobernarás con cetro de hierro,
los quebrarás como jarro de loza".

Y ahora, reyes, sed sensatos;
escarmentad, los que regís la tierra:
servid al Señor con temor,
rendidle homenaje templando;
no sea que se irrite, y vayáis a la ruina,
porque se inflama de pronto su ira.
¡Dichosos los que se refugian en él!

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Se puede repetir o no la Antífona 2
Breve pausa

Antífona 3

Todos:

Tú, Señor, eres mi escudo, tú mantienes alta mi cabeza.

      Domingo I de Adviento: Salgamos con corazón limpio a recibir al Rey supremo, porque está para venir y no tardará.
      Domingo I y V de Cuaresma: Tú, Señor, eres mi escudo, tú mantienes alta mi cabeza.
      Octava de Pascua: Puedo dormir y despertar: el Señor me sostiene. Aleluya.
      Domingo V de Pascua: Aleluya. No llores, María; ha resucitado el Señor. Aleluya.

Salmo 3

CONFIANZA EN MEDIO DE LA ANGUSTIA
Durmió el Señor el sueño de la muerte y resucitó del sepulcro porque el Padre fue su ayuda (S. Ireneo).

Recitado a dos coros

Señor, cuántos son mis enemigos,
cuántos se levantan contra mí;
cuántos dicen de mí:
"Ya no le protege Dios".

Pero tú, Señor, eres mi escudo y mi gloria,
tú mantienes alta mi cabeza.
Si grito invocando al Señor,
él me escucha desde su monte santo.

Puedo acostarme y dormir y despertar:
el Señor me sostiene.
No temeré al pueblo innumerable
que acampa a mi alrededor.

Levántate, Señor:
sálvame, Dios mío:
tú golpeaste a mis enemigos en la mejilla,
rompiste los dientes de los malvados.

De ti, Señor, viene la salvación
y la bendición sobre tu pueblo.

Gloria al Padre, al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio. Ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Puede repetirse o no la Antífona 3
Breve pausa

LECTURAS

Salmista:

La palabra de Cristo habite entre nosotros en toda su riqueza.

Todos:

Enseñaos unos a otros con toda sabiduría.

Lector Del libro del Éxodo 12, 1-8;11-14

Dijo el Señor a Moisés y a Aarón en tierra de Egipto:

Este mes será para vosotros el principal de los meses; será para vosotros el primer mes del año. Decid a toda la asamblea de Israel:

El diez de este mes cada uno procurará un animal para su familia, uno por casa. Si la familia es demasiado pequeña para comérselo, que se junte con el vecino de casa, hasta completar el número de personas; y cada uno comerá su parte hasta terminarlo. Será un animal sin defecto, macho, de un año, cordero o cabrito.

Lo guardaréis hasta el día catorce del mes, y toda la asamblea de Israel lo matará al atardecer. Tomaréis la sangre y rociaréis las dos jambas y el dintel de la casa donde lo hayáis comido. Esa noche comeréis la carne, asada a fuego, comeréis panes sin fermentar y verduras amargas.

Y lo comeréis así: la cintura ceñida, las sandalias en los pies, un bastón en la mano; y os lo comeréis a toda prisa, porque es la Pascua, el paso del Señor.

Esta noche pasaré por todo el país de Egipto, dando muerte a todos sus primogénitos, de hombres y de animales; y haré justicia de todos los dioses de Egipto. Yo soy el Señor. La sangre será vuestra señal en las casas donde estéis: cuando vea la sangre, pasaré de largo; no os tocará la plaga exterminadora, cuando yo pase hiriendo a Egipto. Ese día será para vosotros memorable, en él celebraréis la fiesta al Señor, ley perpetua para todas las generaciones.

Se hace una breve pausa para reflexionar
RESPONSORIO

Todos:

La multitud de los hijos de Israel, en la víspera de la Pascua, inmolará un cabrito. Y comerán carnes y panes ázimos.

Salmista:

Nuestro Cordero pascual, Jesucristo, ha sido inmolado; comámosle con los ázimos de la sinceridad y de la verdad.

Todos:

Y comerán carnes y panes ázimos.

SEGUNDA LECTURA

Desde un lugar apropiado (a poder ser, diferente del que se usa para proclamar las lecturas bíblicas), el lector proclama la lectura escogida especialmente para la vigilia, o la lectura y responsorio siguientes:

Lector:

De la encíclica “Mysterium Fidei” del papa Pablo VI.

Si la Sagrada Liturgia ocupa el primer puesto en la vida de la Iglesia, el Misterio eucarístico es como el corazón y el centro de la Sagrada Liturgia en cuanto es la fuente de la vida que nos purifica y nos fortalece de modo que vivamos, no ya para nosotros, sino para Dios y nos unamos entre nosotros mismos con estrechísima caridad.

Y para que se haga evidente la íntima conexión entre la fe y la piedad, los Padres del Concilio, confirmando la doctrina que la Iglesia siempre ha sostenido y enseñado y el Concilio de Trento definió solemnemente, juzgaron que era oportuno anteponer al tratar del Sacrosanto Misterio de la Eucaristía esta síntesis de verdades: "Nuestro Salvador, en la última Cena, la noche de su traición, instituyó el Sacrificio Eucarístico de su Cuerpo y Sangre para perpetuar así el Sacrificio de la Cruz a lo largo de los siglos hasta su vuelta, confiando de este modo a su amada Esposa, la Iglesia, el memorial de su muerte y resurrección; sacramento de piedad, signo de unidad, vínculo de caridad, banquete pascual, en el cual se come a Cristo, el alma se llena de gracia y se nos da como prenda de la gloria futura".

Con estas palabras se enaltecen a un mismo tiempo el Sacrificio que pertenece a la esencia de la Misa que se celebra cada día, y el Sacramento. Al participar de él los fieles por la Sagrada Comunión, comen la Carne y beben la Sangre de Cristo, recibiendo la gracia, que es una anticipación de la vida eterna y la medicina de la inmortalidad según las palabras del Señor: “El que coma mi Carne y beba mi Sangre tiene la vida eterna y Yo lo resucitaré en el último día” (Jn 6,55).

Así pues, de la restauración de la Sagrada Liturgia, nos esperamos firmemente que brotarán copiosos frutos de piedad eucarística, para que la Santa Iglesia, levantando esta saludable enseña de piedad, avance cada vez más hacia la perfecta unidad, invita a todos cuantos se glorían del nombre cristiano a la unidad de la fe y de la caridad y los atraiga suavemente bajo la acción de la divina gracia.

Se hace una breve pausa para reflexionar

RESPONSORIO

Todos:

Yo soy el pan de la vida. Vuestros padres comieron el maná en el desierto, y murieron. Éste es el pan que baja del cielo, para que el hombre coma de él y no muera.

Salmista:

Yo soy el pan vivo bajado del cielo; quien comiere de este pan vivirá eternamente.

Todos:

Este es el pan que baja del cielo, para que el hombre coma de él y no muera.

A continuación, todos los domingos del año, excepto en tiempo de Cuaresma, se dice el siguiente:

HIMNO FINAL. Te Deum

De pie

A ti, oh Dios, te alabamos,
a ti, Señor, te reconocemos.

A ti, eterno Padre,
te venera toda la creación.

Los ángeles todos, los cielos
y todas las potestades te honran.

Los querubines y serafines
te cantan sin cesar:

Santo, Santo, Santo es el Señor,
Dios del universo.

Los cielos y la tierra
están llenos de la majestad de tu gloria.

A ti te ensalza
el glorioso coro de los apóstoles,
la multitud admirable de los profetas,
el blanco ejército de los mártires.

A ti la Iglesia santa,
extendida por toda la tierra,
te proclama:

Padre de inmensa majestad,
Hijo único y verdadero, digno de adoración,
Espíritu Santo, Paráclito.

Tú eres el Rey de la gloria, Cristo.

Tú eres el Hijo único del Padre.

Tú, para liberar al hombre,
aceptaste la condición humana
sin desdeñar el seno de la Virgen.

Tú, rotas las cadenas de la muerte,
abriste a los creyentes el reino del cielo.

Tú te sientas a la derecha de Dios
en la gloria del Padre.

Creemos que un día
has de venir como juez.

Te rogamos, pues,
que vengas en ayuda de tus siervos,
a quienes redimiste con tu preciosa sangre.

Haz que en la gloria eterna
nos asociemos a tus santos.

Salva a tu pueblo, Señor,
y bendice tu heredad.

Sé su pastor
y ensálzalo eternamente.

Día tras día te bendecimos
y alabamos tu nombre para siempre,
por eternidad de eternidades.

Dígnate, Señor, en este día
guardarnos del pecado.

Ten piedad de nosotros, Señor,
ten piedad de nosotros.

Que tu misericordia, Señor,
venga sobre nosotros,
como lo esperamos de ti.

En ti, Señor, confié,
no me veré defraudado para siempre.

Oración

Presidente:

Oh Dios, que en este sacramento admirable nos dejaste el memorial de tu Pasión; te pedimos nos concedas venerar de tal modo los sagrados misterios de tu cuerpo y de tu sangre, que experimentemos constantemente en nosotros el fruto de tu redención. Tú, que vives y reinas con el Padre en la unidad del Espíritu Santo, y eres Dios por los siglos de los siglos. Amén.

Terminada la Vigilia nocturna, es conveniente que los adoradores permanezcan en silencio para la oración personal.
Antes de acabar la hora de la vela, se rezan en común las preces expiatorias.
Al acabar la vigilia, por la mañana, se reúnen los adoradores para el rezo de Laudes.

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LAUDES

INVOCACIÓN INICIAL

De pie

Presidente:

Dios mío, ven en mi auxilio.

Todos:

Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. (Aleluya).

HIMNO

Es verdad que las luces del alba
del día de hoy
son más puras, radiantes y bellas,
por gracia de Dios.

Es verdad que yo siento en mi vida,
muy dentro de mí,
que la gracia de Dios es mi gracia,
que no merecí.

Es verdad que la gracia del Padre,
en Cristo Jesús,
es la gloria del hombre y del mundo
bañados en luz.

Es verdad que la Pascua de Cristo
es pascua por mí,
que su muerte y victoria me dieron
eterno vivir.

Viviré en alabanzas al Padre,
que al Hijo nos dio
y que el Santo Paráclito inflame
nuestra alma en amor. Amén.

SALMODIA
Sentados

Antífona 1

Todos:

Por ti madrugo, Dios mío, para contemplar tu fuerza y tu gloria. Aleluya.

      Domingo 1 de Adviento: Aquel día, los montes destilarán dulzura y las colinas manarán leche y miel. Aleluya.
      Domingo 1 de Cuaresma: Toda mi vida te bendeciré, Señor, y alzaré las manos invocándote.
      Domingo V de Cuaresma:Tú, Señor, fuiste mi auxilio.
      Octava de Pascua: Cristo ha resucitado y con su claridad ilumina al pueblo rescatado con su sangre. Aleluya.
      Domingo V de Pascua: El que tenga sed, que venga a beber de balde el agua viva. Aleluya.

Salmo 62, 2-9

EL ALMA SEDIENTA DE DIOS
Madruga por Dios todo el que rechaza las obras de las tinieblas

Recitado a dos coros

Oh Dios, tú eres mi Dios, por ti madrugo
mi alma está sedienta de ti;
mi carne tiene ansía de ti,
como tierra reseca, agostada, sin agua.

¡Cómo te contemplaba en el santuario
viendo tu fuerza y tu gloria!
Tu gracia vale más que la vida,
te alabarán mis labios.

Toda mi vida te bendeciré
y alzaré las manos invocándote.
Me saciaré como de enjundia y de manteca,
y mis labios te alabarán jubilosos.

En el lecho me acuerdo de ti
y velando medito en ti,
porque fuiste mi auxilio,
y a la sombra de tus alas canto con júbilo;
mi alma está unida a ti,
y tu diestra me sostiene.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Se puede repetir o no la Antífona Breve pausa

Antífona 2

Todos:

En medio de las llamas, los tres jóvenes, unánimes, cantaban: "Bendito sea el Señor". Aleluya.

      Domingo 1 de Adviento: Los montes y las colinas aclamarán en presencia del Señor, y los árboles del bosque aplaudirán, porque viene el Señor y reinará eternamente. Aleluya.
      Domingo 1 de Cuaresma: Cantad y ensalzad a Dios por los siglos.
      Domingo V de Cuaresma: Líbranos con tu poder maravillosos y sálvanos del poder de la muerte.
      Octava de Pascua: Ha resucitado del sepulcro nuestro Redentor; cantemos un himno al Señor, nuestro Dios. Aleluya.
      Domingo V de Pascua: Rendid homenaje al Señor, que hizo el cielo, la tierra el mar y los manantiales. Aleluya.

Cantico Dn 3, 57-88.56

TODA LA CREACIÓN ALABE AL SEÑOR
Alabad al Señor, sus siervos todos (Ap 19,51).

Salmista:

Criaturas todas del Señor, bendecir al Señor,
ensalzadlo con himnos por los siglos.

Todos:

Ensalzadlo con himnos por los siglos.

Salmista:

Ángeles del Señor, bendecid al Señor;
cielos, bendecid al Señor.

Todos:

Ensalzadlo con himnos por los siglos.

Salmista:

Aguas del espacio, bendecid al Señor;
ejércitos del Señor, bendecid al Señor.
Sol y luna, bendecid al Señor;
astros del cielo, bendecid al Señor.
Lluvia y rocío, bendecid al Señor;
vientos todos, bendecid al Señor.

Todos:

Ensalzadlo con himnos por los siglos.

Salmista:

Fuego y calor, bendecid al Señor;
fríos y heladas, bendecid al Señor.
Rocíos y nevadas, bendecid al Señor;
témpanos y hielos, bendecid al Señor.

Todos:

Ensalzadlo con himnos por los siglos.

Salmista:

Escarchas y nieves, bendecid al Señor;
noche y día, bendecid al Señor.
Luz y tinieblas, bendecid al Señor
rayos y nubes, bendecid al Señor.

Todos:

Ensalzadlo con himnos por los siglos.

Salmista:

Bendiga la tierra al Señor,
ensálcelo con himnos por lo siglos.
Montes y cumbres, bendecid al Señor;
cuanto germina en la tierra, bendiga al Señor.

Todos:

Ensalzadlo con himnos por los siglos.

Salmista:

Manantiales, bendecid al Señor;
mares y ríos, bendecid al Señor.
Cetáceos y peces, bendecid al Señor;
aves del cielo, bendecid al Señor.

Todos:

Ensalzadlo con himnos por los siglos.

Salmista:

Fieras y ganados, bendecid al Señor;
ensalzadlo con himnos por los siglos.

Todos:

Ensalzadlo con himnos por los siglos.

Salmista:

Hijos de los hombres, bendecid al Señor;
bendiga Israel al Señor.

Todos:

Ensalzadlo con himnos por los siglos.

Salmista:

Sacerdotes del Señor, bendecid al Señor;
siervos del Señor, bendecid al Señor.
Almas y espíritus justos, bendecid al Señor;
santos y humildes de corazón, bendecid al Señor.

Todos:

Ensalzadlo con himnos por los siglos.

Salmista:

Ananías, Azanías y Misael, bendecid al Señor,
ensalzadlo con himnos por los siglos.

Todos:

Ensalzadlo con himnos por los siglos.

Salmista:

Bendigamos al Padre y al Hijo con el Espíritu Santo,
ensalcémoslo con himnos por los siglos.
Bendito el Señor en la bóveda del cielo,
alabado y glorioso y ensalzado por los siglos.

Todos:

Ensalzadlo con himnos por los siglos.

Se puede repetir o no la Antífona
Breve pausa

Antífona 3

Todos:

Que los hijos de Sión se alegren por su Rey. Aleluya.

      Domingo I de Adviento: Vendrá el gran profeta y renovará a Jerusalén. Aleluya.
      Domingo I de Cuaresma: El Señor ama a su pueblo y adorna con la victoria a los humildes.
      Domingo V de Cuaresma: Ha llegado la hora de que sea glorificado el Hijo del hombre.
      Octava de Pascua: Aleluya. Ha resucitado el Señor, tal como lo había anunciado.
      Domingo V de Pascua: Los fieles festejan la gloria del Señor. Aleluya.

Salmo 149

ALEGRÍA DE LOS SANTOS
Los hijos de la Iglesia, nuevo pueblo de Dios, se alegran en su Rey, Cristo, el Señor (Hesiquio).

Recitado a dos coros

Cantad al Señor un cántico nuevo,
resuene su alabanza en la asamblea de los fieles;
que se alegre Israel por su Creador,
los hijos de Sión por su Rey.

Alabad su nombre con danzas,
cantadle con tambores y cítaras;
porque el Señor ama a su pueblo
y adorna con la victoria a los humildes.

Que los fieles festejen su gloria
y canten jubilosos en filas:
con vítores a Dios en la boca
y espadas de dos filos en las manos;

para tomar venganza de los pueblos
y aplicar el castigo a las naciones,
sujetando a los reyes con argollas,
a los nobles con esposas de hierro.

Ejecutar la sentencia dictada
es un honor para todos sus fieles.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Se puede repetir o no la Antífona 3
Breve pausa

LECTURA BREVE Ap 7, 10.12

El lector proclama la lectura desde el lugar donde habitualmente se proclama la Palabra en la Misa

Lector

¡La victoria es de nuestro Dios, que está sentado en el trono, y del Cordero! La alabanza y la gloria y la sabiduría y la acción de gracias y el honor y el poder y la fuerza son de nuestro Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

Se hace una breve pausa para reflexionar

RESPONSORIO BREVE

Salmista:

Cristo, Hijo de Dios vivo, ten piedad de nosotros.

Todos:

Cristo, Hijo de Dios vivo, ten piedad de nosotros.

Salmista:

Tú que estás sentado a la derecha del Padre,

Todos:

Ten piedad de nosotros.

Salmista:

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Todos:

Cristo, Hijo de Dios vivo, ten piedad de nosotros.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Antífona

Es conveniente recitar la Antífona propia del día que puede buscarse en la Liturgia de las Horas; si eso no es posible, se dice lo siguiente:

Todos:

Yo soy el Pan vivo que ha bajado del cielo: el que coma de este Pan vivirá para siempre.

BENEDICTUS Lc I, 68-79
EL MESÍAS Y SU PRECURSOR
De pie
Recitado a dos coros o conjuntamente por todos.
Durante el Benedictus, si preside un presbítero o diácono, este inciensa el Sacramento, el altar y la asamblea.

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo,
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por boca de sus santos profetas.

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
realizando la misericordia
que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abrahán.

Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tinieblas
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. (todos):

Yo soy el pan bajado del cielo, el que como de este pan vivirá para siempre.

Breve pausa

PRECES

Presidente:

Glorifiquemos al Señor Jesús, luz que alumbra a todo hombre y Sol de justicia que no conoce el ocaso, y digámosle: ¡Oh Señor, vida y salvación nuestra!

Todos:

¡Oh Señor, vida y salvación nuestra!

Esta respuesta puede repetirse después de cada una de las peticiones, o bien usar como respuesta la segunda parte de la petición.

Creador del universo, al darte gracias por el nuevo día que ahora empieza,
- te pedimos que el recuerdo de tu santa resurrección sea nuestro gozo durante este día.

Que tu Espíritu Santo nos enseñe a cumplir con tu voluntad,
- y que tu sabiduría dirija hoy nuestras acciones.

Que, al celebrar la Eucaristía de este día, tu palabra nos llene de gozo,
- y la participación en tu banquete haga crecer nuestra esperanza.

Que sepamos contemplar las maravillas que tu generosidad nos concede,
- y vivamos durante todo el día en acción de gracias.

Presidente:

Digamos, ahora, todos juntos, la oración que nos enseñó el mismo Señor.

Todos:

Padre nuestro.

El Presidente dice a continuación la Oración propia del día o, si no es posible, la siguiente:

Oración

Oh Dios, que redimiste a todos los hombres con el misterio pascual de Cristo, conserva en nosotros la obra de tu misericordia, para que, venerando constantemente el misterio de nuestra salvación, merezcamos conseguir su fruto. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.

CONCLUSIÓN

Si ha presidido la celebración el Obispo, un presbítero o diácono, da la bendición y reserva en la forma acostumbrada. Si dirige un laico, hombre o mujer, terminada la oración dice:

El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna. Amén.

Hecha genuflexión simple, retira e viril y lo encierra en el sagrario. Entre tanto se canta alguna aclamación eucarística como

Adoremus in aeternum
Sanctissimum Sacramentum.

Se termina con un canto o antífona

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» Manual de la ANE » Domingo I

La Vigilia de la Adoración Nocturna es esencialmente una Vigilia de oración y adoración centrada en la Eucaristía, en nombre de toda la Iglesia. Nunca podrán faltar en nuestras vigilias: la oración personal y la oración litúrgica comunitaria que nos vincula a la Iglesia.

La Liturgia de las Horas es la oración que la Iglesia, en unión con Jesucristo, su Cabeza, y por medio de Él, ofrece a Dios. Se llama de las horas porque se efectúa en los principales momentos de cada día, que así es santificado junto con la actividad de los hombres (Laudes al comenzar el día; Vísperas al caer la tarde, Completas al acostarse...).
El Oficio de Lectura, desde los primeros siglos de la Iglesia, era la oración nocturna de los monjes mientras los hombres descansan; la alabanza y la oración del Señor no debe interrumpirse ni durante la noche.